Volver a la Oración Personal

Volver a la Oración Personal

23 de marzo de 2022 0 Por admin

«…Estad vigilantes en la oración y decididos en el bien…»

Comentario Mensaje 25 de Enero del 2022

Pbro. Patricio Romero


Mensaje de la Reina de la Paz, en Medjugorje del 25 de enero de 2022

«¡Queridos niños! Hoy te invito a volver a la oración personal. Hijos, no olvidéis que Satanás es fuerte y quiere atraer tantas almas como sea posible. Por lo tanto, estad vigilantes en la oración y decididos en el bien. Estoy con ustedes y los bendigo a todos con mi bendición maternal. Gracias por responder a mi llamada».


¿Existirá alguna manera adecuada para enfrentar el mal, la injusticia, la necedad de los corazones, la crueldad de eliminar la vida humana en el vientre materno, en la fragilidad de la enfermedad, en el olvido de los asilos, la violencia de la guerra o el terrorismo…?

«…no olvidéis que Satanás es fuerte…»

La experiencia del dolor sorprende toda existencia, y en el caminar humano se nos ofrece la esperanza de la ruta de la Cruz, en la que es inevitable evidenciar no solo la fragilidad e incapacidad de la condición de creaturas,sino que por sobre todo, él poder misericordioso de Dios que se hace cercano y próximo, buscando abrazar, por el misterio de la Encarnación, nuestros dolores y enfermedades, en la medida en que abriendo nuestros corazones, impulsados por su Espíritu, repetimos con Él los Salmos de la Bienaventuranzas, en un solo ritmo, en una sola entonación y en una sola intensidad del Corazón: esta es la ruta de la oración.
Es un camino marcado por un madero arrastrado, sobre la tierra y el polvo de la historia humana, pero que en su interior irradia caridad, luz y paz, como en el Monte de la Transfiguración, en el que Moises y Elías , junto con testimoniar que Jesús es el Mesías y en Él está la cumbre de la Ley, también convocan a los Apóstoles a entrar en un vínculo profundo de unión cordial, con el Cordero de Dios que resplandece no solo la gloria en el Monte Tabor, sino que resplandecerá Misericordia, la Agonía de Getsemaní y derramará Vida y Gracia, en Sangre y Agua, desde su Corazón, en el Monte de la Calavera, en la Cruz.

«…volver a la oración personal…»

«La oración alcanza su culmen, y por tanto se convierte en fuente de luz interior, cuando el espíritu del hombre se adhiere al de Dios y sus voluntades se funden como formando una sola cosa. Cuando Jesús subió al monte, se sumergió en la contemplación del designio de amor del Padre, que lo había mandado al mundo para salvar a la humanidad…»- explica Benedicto XVI, (8-5-2016). Es necesaro subir al Monte de la Oración Personal, donde el silencio, se hace el espacio y el lugar importante en que se acogen los momentos más auténticos de la comunicación entre los que se aman, en una forma de expresión particularmente intensa.

Siempre, donde los ruidos, las tentaciones y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial.

“La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes”(San Juan Damasceno, Expositio fidei, 68 [De fide orthodoxa 3, 24]). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde “lo más profundo” (Sal 130, 1) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf Lc 18, 9-14). La humildad es la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26). (Catecismo 2559)

«En la nueva Alianza, la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. La gracia del Reino es “la unión de la Santísima Trinidad toda entera con el espíritu todo entero” (San Gregorio Nacianceno, Oratio 16, 9). Así, la vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con Él. Esta comunión de vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo (cf Rm 6, 5). La oración es cristiana en tanto en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo. Sus dimensiones son las del Amor de Cristo (cf Ef 3, 18-21).» (Catecismo 2565)

«Vigilantes en la Oración…»

En un principio, al subir este Monte, lel corazón humano va aprendiendo el lenguaje sobrenatural de la alabanza, de la petición, la acción de gracias y la intercesión, pero en la medida que las disposiciones de la gracia se incrementan y las potencias humanas comienzan a ceder a las fuerzas gloriosas del cielo, la llamada a la entrega total de la propia voluntad por ser consumida por el amor de Jesús, van afinando y uniendo los anhelos justos del propio corazón a los anhelos del Señor. Se constituye en una contemplación incanzable de la infinutud de Amor del Corazón de Jesús. Se busca al amado del alma (Cantar 1, 7; Ct 3, 1-4). «Esto es, a Jesús y en Él, al Padre. Es buscado porque desearlo es siempre el comienzo del amor, y es buscado en la fe pura, esta fe que nos hace nacer de Él y vivir en Él.» (Catecismo 2709)

«…decididos en el bien…»

Esta es la oración contemplativa, base y sustento de la oración personal y la meditación cristiana, que se transforma en un permanecer en el Señor, viendo, entendiendo, abrazando y comprendiéndolo todo en Él. Esto significa asumir un «discernimiento», sostenidos en las virtudes teologales, lejos de toda influjo de pecado y mundanidad, para hacer solo la voluntad del Padre, que es salvífica y misericordiosa.

«…es la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con el que es amado y que quiere responder a él amando más todavía (cf Lc 7, 36-50; 19, 1-10). Pero sabe que su amor, a su vez, es el que el Espíritu derrama en su corazón, porque todo es gracia por parte de Dios. La contemplación es la entrega humilde y pobre a la voluntad amorosa del Padre, en unión cada vez más profunda con su Hijo amado.» (Catecismo 2712)

Este camino de a oración personal nos exige que ya no estemos encerrados en el «yo», centrados en la autorrealización como la razón principal de la vida. La oración encedida del fuego del conocimiento y del amor de Dios, nos lleva a la entrega total y libre, por Dios, en Jesucristo, que precede y nos indica el camino. «Se trata de la decisión fundamental de no considerar ya los beneficios y el lucro, la carrera y el éxito como fin último de mi vida, sino de reconocer como criterios auténticos la verdad y el amor. Se trata de la opción entre vivir sólo para mí mismo o entregarme por lo más grande. Y tengamos muy presente que verdad y amor no son valores abstractos; en Jesucristo se han convertido en persona» (Benedicto XVI, 1-4-2007), y perdiéndome, en la oración y la caridad me encuentro.


Pbro. Patricio Romero