“Ustedes se han perdido, hijos míos…”

“Ustedes se han perdido, hijos míos…”

15 de febrero de 2021 0 Por admin

La soberbia significa en sí misma: » Quién eres tú para decirme esto?


Mensaje, 2 de marzo de 2009 

“¡Queridos hijos, estoy aquí en medio de ustedes. Veo en sus corazones heridos e inquietos. Ustedes se han perdido, hijos míos. Sus heridas del pecado se están volviendo cada vez mayores y los están alejando siempre más de la auténtica verdad. Buscan la esperanza y la consolación en los lugares equivocados, mientras yo les estoy ofreciendo la sincera devoción que se nutre de amor, sacrificio y verdad. Les doy a mi Hijo.”


Del siguiente al último renglón de Su mensaje, Nuestra Señora nos dice que abandonemos el pecado. El pecado es la realidad que está causando nuestro aislamiento o desconexión de Dios. Es bueno recordar que, en el idioma alemán, la palabra que se usa para «pecado» es «Sünde». Proviene de la palabra «absondern», que significa «aislar». Podemos reconocer el pecado justamente de acuerdo a este aislamiento. Cuando decimos algo malo a alguien, sucede que ya no podemos mirar a los ojos a dicha persona, no podemos darle la mano, evitamos a esa persona–nos hemos «aislado». Para salir de este aislamiento debemos perdonar y ser perdonados. Si aceptamos la responsabilidad del pecado, entonces caemos en la cuenta de qué es lo que nos aisla, que nos desconecta de Dios. El primer pecado que nos aisla de Dios es la soberbia. La soberbia significa en sí misma: » Quién eres tú para decirme esto?» La soberbia causó el primer pecado, el pecado original. Dios dijo a Adán y Eva, «No toquen ese árbol.» Al final, ellos se preguntaron: » Quién es Dios para prohibirnos comer del árbol?» Eso fue lo que Satanás les dijo. Ellos aceptaron ese cuestionamiento de Satanás y comieron del árbol. Este es el significado más profundo de cuándo comenzó la soberbia. Nosotros seguimos esas mismas líneas, cuando preguntamos: » Quién eres tú, Dios, para pedirme que ore, que ayune, que perdone o que ame?» Esta es la expresión más profunda de la soberbia. Ese cuestionamiento a Dios está causando las heridas más hondas en el corazón de cada uno de nosotros. Eso mismo sucede con los padres, cuando los hijos les preguntan: » Quién eres tú para decirme que haga esto o aquello?» Es así como cada madre y cada padre puede entender lo que está causando el pecado de soberbia. Cuando estamos llenos de soberbia, cuestionando a Dios: » Quién eres tú para decirme esto o aquello?», nos hacemos como dioses y aceptamos únicamente que nos digan algo aquellos a quienes vemos como iguales. De este modo, cambiamos al Creador por la criatura. Escuchando a la criatura, rechazamos al Creador. En ese momento, comienza la destrucción de nuestra vida, de nuestras familias y del mundo. Debemos recordar lo que nos dicen los Diez Mandamientos. Uno de ellos nos pide que respetemos a nuestros padres; sin embargo, cuando los hijos cuestionan: » Quién eres tú Dios, para decirme esto respecto a mis padres?», es una forma de soberbia. Otro ejemplo más podemos verlo cuando se nos dice «No matarás» y nosotros atestiguamos el asesinato de no nacidos, vemos que otros se matan a sí mismos a través de las drogas y el alcohol o leemos acerca de la violencia cometida contra los demás–con ello, alguien está cuestionando: » Quién eres tú Dios, para decirnos «no matarás»?» Los que se inician en la vida sexual, están preguntando a Dios: » Quién eres tú Dios, para darnos esta orden?» El elemento principal que nos aisla de Dios es nuestra soberbia y de ahí surgen otros pecados–envidia, celos, dependencia a las drogas y al alcohol y al materialismo. Caemos entonces en un desorden total y absoluto.

Ella toca de nuevo el problema más profundo de nuestra relación con Dios. Dios se da a Sí mismo, El lo dio todo, incluso a Su propio Hijo Jesús para salvarnos. El es rico en paz, en amor, en perdón, en misericordia. El problema es– Lo buscamos o no Lo buscamos? Para nosotros, es importante preguntarnos una vez más, Qué es lo que nos impide buscar a Dios? La respuesta puede ser muy simple–nuestras falsas esperanzas nos impiden buscar a Dios. El hecho de que estemos escuchando a falsos profetas nos impide buscar a Dios. Al escuchar a tales profetas, nuestras pasiones, nuestras ataduras al materialismo, nuestros malos hábitos y nuestros pecados se convierten en los muchos obstáculos que ciegan nuestros ojos cada día, impidiéndonos buscar a Dios. La gracia más grande que Dios da a las personas que vienen a Medjugorje es la de comenzar a buscarLo. Todo aquel que comienza a orar, ayunar, ir a Misa, acudir a los sacramentos, ha sido movido a buscar a Dios. Todos los que Lo buscan, Lo encontrarán. Debemos ser pacientes en buscar y encontrar a Dios. Corremos el peligro constante de ser como el niño que quiere todo lo que pide inmediatamente. También podemos ser tan malcriados, como para ser incapaces de esperar el tiempo de Dios. Cuando nos volvemos impacientes y no estamos dispuestos a esperar el tiempo de Dios, podemos comenzar a tener problemas con nuestra oración. Si Dios no responde en nuestro momento y cuando pensamos que debe respondernos, dejamos de orar. La gracia más grande que podemos recibir y la cual debemos pedir, es la de buscarLo en los tiempos buenos y también cuando sintamos o no el amor de Dios o Su presencia.  (Abril 28 de 1997)

Lo único que puede hacer nuestra vida más hermosa es el amor. Si en nuestro corazón hay amor por la gente, nos sentimos bien, nos sentimos seguros, nos sentimos seguros, tenemos paz, pero todos sabemos también que si no tenemos ese amor todo lo demás se vuelve más complicado. Todo nos pesa y es que si en nuestra casa y en el espacio que nos rodea no hay amor, simplemente se vuelven demaciado estrechos. Entonces surgen los miedos y la desconfianza. Piensen tan solo en cuán fácilmente podemos resolver situaciones con las personas que amamos y cuán complicado resulta cuando se supone que debemos resolver algo con alguien que no amamos. Pero también es bueno pensar en que a veces, también nos cuesta trabajo con aquellos que nos aman pero que nosotros no amamos, porque especialmente entonces resulta muy evidente cuán distantes estamos aún del amor de Dios. María dice que nuestra vida también será…

El amor libera nuestro corazón y lo hace capaz de actuar sin ataduras, de pensar sin rivalidades, de no tener miedo de que otro nos vayan a traicionar o de que otros vayan a recibir más. El amor libera el corazón de los celos y generalmente de cualquier otro sentimiento negativo. El amor hace al hgombre capaz de alegrarse con el bien de los demás y de entristecerse cuando les va mal. El amor hace la vida y todas las relaciones humanas en la vida simplemente más hermosa. Esta es también la condición para que…  (Septiembre 28 de 1997)

Si pensamos en las muchas palabras de Jesús en el Evangelio, nos resultará muy sencillo entender lo que esto significa. Jesús dijo, «Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan… porque si amais a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?» Así pues, el amor humano tiene su propia lógica para corresponder al bien con bien, pero también al mal con mal. Visto humanamente, cuando alguien nos hace mal o se comporta injustamente con nosotros, o nos traiciona, surge el deseo en nuestro corazón de pagar a esa persona de igual modo. El amor humano no entiende por qué hay que amar a quien no nos aman y perdonar a quien nos ha herido. Allí donde termina la lógica del amor humano es donde comienza la lógica del amor de Dios. Jesús dijo que el amor del Padre hacia nosotros es tan misericordioso, que deja que el sol brille para buenos y malos. El perdona al hijo pródigo, lo acoge con amor, mientras que el hermano de éste reacciona de manera humana y por eso no puede comprender el gozo del padre o por qué el hijo pródigo ha encontrado abiertas las puertas de la casa. María quiere que amemos con el amor de Dios. Esto significa que debemos de vencer en nosotros la lógica humana, que debemos abrir nuestro corazón a la lógica del amor de Dios y convivir unos con otros de este modo. 

El amor libera nuestro corazón y lo hace capaz de actuar sin ataduras, de pensar sin rivalidades, de no tener miedo de que otro nos vayan a traicionar o de que otros vayan a recibir más. El amor libera el corazón de los celos y generalmente de cualquier otro sentimiento negativo. El amor hace al hombre capaz de alegrarse con el bien de los demás y de entristecerse cuando les va mal. El amor hace la vida y todas las relaciones humanas en la vida simplemente más hermosa. Esta es también la condición para que…

El amor de Dios por nosotros es un amor incondicional. Es por eso que Dios nos perdona, es misericordioso y de ahí que podamos acudir a El cualquier momento. El no es complicado, El es muy simple. Por eso, no debemos tener miedo de Dios. Ningún miedo a Dios puede tener fundamento ni justificación. El amor a Dios nos ha abierto un camino sencillo para que nos acerquemos a El. Dios se hizo pan por nosotros y cualquiera puede acercarse a un pan. El pan es simple, Dios se hizo palabra y cualquiera puede escuchar la palabra así como aceptarla. Este es el camino de Dios para nosotros y (…) es el amor con el que El nos ama. De ahí que sea tan importante que oremos verdaderamente pidiendo la gracia de ser capaces de amar.  (Septiembre 28 de 1997)