«Una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh»

«Una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh»

29 de octubre de 2021 0 Por admin

El anhelo de los Santos: «Que El les muestre su rostro y les done su paz» 


Mensaje, 25 de julio de 2008

“¡Queridos hijos! En este tiempo, en que piensan en el descanso del cuerpo, yo los llamo a la conversión. Oren y trabajen de modo que su corazón anhele a Dios Creador, quien es el verdadero descanso de su alma y de su cuerpo. Que El les muestre su rostro y les done su paz. Yo estoy con ustedes e intercedo ante Dios por cada uno de ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”


Salmo 27: «Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?» 


La afirmación del salmista viene de una constatación: “Es Señor es mi luz”. Es la certeza de quienes han medido el abismo de la oscuridad, quienes reconociendo las tinieblas, abrumados, casi sin respirar, cuando el fango al parecer no tiene término, elevan los brazos, con mayor prontitud que la de intentar nadar a solas. Ya reconocen esta tentación: intentar mantenerse a flote por las propias fuerzas o metodologías. Estrategias que parecían justas y eficaces, como la astucia del fariseo, que solo logró hundirse más en su propio lodo, en sus conjeturas, intrigas y mentiras, en las vanidades y rivalidades de su herido corazón…, impulsos que son los peores enemigos, un ejercito que es más poderoso que los ataques que vienen desde afuera de la morada, ya que este tenebroso malhechor que busca devorar,  irrumpe solapadamente, con apariencia de oveja, en la mente y el corazón, y no permite reconocer el rostro del Señor. 

 Pero como el justo ya reconoce sus engaños, el adversario tropieza y cae, porque el afligido levantó sus brazos implorando el auxilio del Señor, que desde una perspectiva humana, se puede interpretar como arriesgarse para perder. Pero en la veracidad pascual, el que pierde y entrega la vida, es el que la gana: se ha abandonado como niño en brazos de su padre, se ha confiado del Señor, ha puesto en sus manos Divinas toda su vida, entendiendo que los designios de Dios solo tienen como principio y fin el verdadero y eterno amor del Señor. 

Por eso no solo es luz, sino que salvación. Así puede vivir y ver,  según los impulsos del Corazón de Jesús que le ha salvado, ha rescatado su alma y  en quién ha encontrado su plenitud, su lugar, refugio y hogar:  «Una cosa he pedido a Yahveh, una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Yahveh y cuidar de su Templo. Que él me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha; me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.» (v. 4-5)

«La vida del creyente con frecuencia se encuentra sometida a  tensiones y contestaciones; a veces también a un rechazo e incluso a la persecución. El comportamiento del justo molesta, porque los prepotentes y los perversos lo sienten como un reproche. Lo reconocen claramente  los  malvados descritos en el libro de la Sabiduría:  el justo “es un reproche de nuestros criterios; su  sola  presencia  nos es insufrible; lleva una vida distinta de todos y sus caminos son extraños” (Sb 2, 14-15).

 «El fiel es consciente de que la coherencia crea aislamiento y provoca incluso desprecio y hostilidad en una sociedad que a menudo busca a toda costa el beneficio personal, el éxito exterior, la riqueza o el goce desenfrenado. Sin embargo, no está solo y su corazón conserva una sorprendente paz interior, porque, como dice la espléndida “antífona” inicial del salmo, “el Señor es mi luz y mi salvación».» (San Juan Pablo II, 21 de abril de 2004) 

  Esta es la plenitud y el descanso de los santos: «Oren y trabajen de modo que su corazón anhele a Dios Creador, quien es el verdadero descanso de su alma y de su cuerpo…» dice la Reina de la Paz y agrega: «Que El les muestre su rostro y les done su paz…»

 «La búsqueda del rostro de Dios -dice Benedicto XVI- recibe un viraje inimaginable, porque este rostro ahora se puede ver: es el rostro de Jesús, del Hijo de Dios que se hace hombre. En Él halla cumplimiento el camino de revelación de Dios iniciado con la llamada de Abrahám, Él es la plenitud de esta revelación porque es el Hijo de Dios, es a la vez «mediador y plenitud de toda la Revelación» (Dei Verbum, 2), en Él el contenido de la Revelación y el Revelador coinciden. Jesús nos muestra el rostro de Dios y nos da a conocer el nombre de Dios.» 

 (Benedicto XVI, 16 de enero de 2013)

 En los santos vemos la verdadera victoria del amor sobre el egoísmo y sobre la muerte: el triunfo de la vida, de la gracia y de la paz, que es vivir en la morada del Corazón de Cristo, lugar donde nos llama e invita nuestra Madre Santísima: en su escuela de santidad y amor materno. Donde aprendemos que la búsqueda decidida de la santidad y la vida eterna, «da sentido al presente, a cada instante que pasa, porque lo llena de amor, de esperanza. Sólo la fe en la vida eterna nos hace amar verdaderamente la historia y el presente, pero sin ataduras, en la libertad del peregrino, que ama la tierra porque tiene el corazón en el Cielo». (Benedicto XVI, 13 de Abril 2011)


Salmo 27

 1. Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar? 2. Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben. 3. Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella. 4. Una cosa he pedido a Yahveh, una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Yahveh y cuidar de su Templo. 5. Que él me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha; me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará. 6. Y ahora se alza mi cabeza sobre mis enemigos que me hostigan; en su tienda voy a sacrificar. sacrificios de aclamación. Cantaré, salmodiaré a Yahveh.» 


Atentamente

Pbro. Patricio Romero