TRABAJAR PARA DIOS Y SU REINO

TRABAJAR PARA DIOS Y SU REINO

16 de mayo de 2021 0 Por admin

Esclavitud de amor a María Santísima Reina de la Paz 

Ofrecemos nuestra Consagración a nuestra Madre Santísima en los 40 años de Medjugorje


 CONOCIMIENTO DE MARÍA

CAMINO SEGURO Y VERDADERO A CRISTO


San Lucas 1, 39-45

En aquellos días se puso María en camino y con presteza fue a la montaña, a una ciudad de Judá, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Así que Isabel oyó el saludo de María, exultó el niño en su seno, e Isabel se llenó del Espíritu Santo, y clamó con fuerte voz: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!

 ¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque así que sonó la voz de tu salutación en mis oídos, exultó de gozo el niño en mi seno. Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le dijo de parte del Señor.


Mensaje, 25 de agosto de 2000

“¡Queridos hijos! Deseo compartir con ustedes mi gozo. En mi Corazón Inmaculado siento que son muchos los que se me han acercado y que llevan de una manera especial en sus corazones la victoria de mi Corazón Inmaculado, al orar y convertirse. Deseo agradecerles y alentarlos, para que con el amor y la fuerza del Espíritu Santo trabajen aún más para Dios y Su reino. Yo estoy con ustedes y los bendigo con mi bendición maternal. Gracias por haber respondido a mi llamado!”


“Es un camino fácil: Es un camino que Jesús ha recorrido viniendo a nosotros, y en que no se encuentra ningún tropiezo para llegar a Él. Es verdad que es posible llegar a la unión con Dios por otros caminos, pero será pasando por muchas más cruces y extraños desfallecimientos, y a través de muchas más dificultades, penosísimas de vencer…”  (Tratado de la V. D. 152- 164)


“Ella nos invita a que no olvidemos que nuestro camino aquí en la tierra es verdaderamente el camino hacia la eternidad. En otras palabras, no quiere que olvidemos que todos somos peregrinos en la tierra. De esa forma, las personas saben de dónde vienen, es decir del amor de Dios, y saben hacia dónde van, es decir a la Gloria eterna. Dios dio a nuestros corazones ese anhelo por la vida eterna, y quiere que mantengamos ese anhelo para que algún día podamos estar con Él en esa vida eterna. María nos enseña cómo debemos comportarnos en ese camino. Debemos dejar que el amor de Dios nos guíe, es por ello que Ella dice que debemos estar abiertos a ese amor. Pero la segunda condición es que debemos dejar atrás todo egoísmo y pecado. Las personas egoístas y que viven en pecado son aquellas que se han puesto en primer lugar en sus vidas, o a otras personas, o al mundo material o a otro dios, y lo siguen. Una persona es egoísta cuando se pone a sí misma en primer lugar en su vida, ora para sí, se adora a sí misma. Por su egoísmo, la persona quiere ser la vara con que mide todo. Quiere decidir lo que está bien y lo que está mal y espera que Dios y las demás personas le sirvan. Si una persona no le sirve como él quiere, se enoja, se altera, es infeliz y se entristece. Esa persona no está siguiendo el camino del peregrino, sino que se queda en el camino de este mundo y queda atrapado en el mal. Sólo el amor de Dios, cuando nos toca, puede darnos la fuerza para superar todas las tentaciones, egoísmos y pecados, y permanecer así en el camino correcto. Por ello, María también nos dice que debemos descubrir a Dios con alegría en nuestra oración cotidiana, para que Él sea nuestra verdadera alegría.”   (P. Slavko Barbaric)


“La dificultad está, pues, en saber hallar de veras a la divina María, para dar con la abundancia de todas las gracias. Dueño absoluto, Dios puede por sí mismo comunicar lo que ordinariamente no comunica sino por medio de María; y negar que alguna vez así lo haga, sería temerario; pero según el orden establecido por la Divina Sabiduría, como dice Santo Tomás, no se comunica Dios ordinariamente a los hombres, en el orden de la gracia, sino por María. Para subir y unirse a Él, preciso es valerse del mismo medio de que Él se valió para descender a nosotros, para hacerse hombre y para comunicarnos sus gracias; y ese medio es una verdadera devoción a la Santísima Virgen.” (El Secreto de María 23)


“¡Oh clementísima Virgen María, Madre de Dios, Reina del cielo, Señora del mundo, júbilo de los santos, consuelo de los pecadores! Atiende los gemidos de los arrepentidos; calma los deseos de los devotos; socorre las necesidades de los enfermos; conforta los corazones de los atribulados; asiste a los agonizantes; protege contra los ataques de los demonios a tus siervos que te imploran; guía a los que te aman al premio de la eterna bienaventuranza, en donde con tu amantísimo hijo Jesucristo reinas felizmente por toda la eternidad. Amén”. (Imitación de Cristo, Kempis)