Testamento de santa Bernardita Soubirous

Testamento de santa Bernardita Soubirous

8 de febrero de 2022 2 Por admin

La vidente de Nuestra Señora de Lourdes.


“Por la pobreza en la que vivieron papá y mamá, por los fracasos que tuvimos, porque se arruinó el molino, por haber tenido que cuidar niños, vigilar huertos frutales y ovejas; y por mi constante cansancio… te doy gracias, Jesús.

Te doy las gracias, Dios mío, por el fiscal y por el comisario, por los gendarmes y por las duras palabras del padre Peyremale…

No sabré cómo agradecerte, si no es en el paraíso, por los días en que viniste, María, y también por aquellos en los que no viniste. Por la bofetada recibida, y por las burlas y ofensas sufridas; por aquellos que me tenían por loca, y por aquellos que veían en mí a una impostora; por alguien que trataba de hacer un negocio…, te doy las gracias, Madre.

Por la ortografía que jamás aprendí, por la mala memoria que siempre tuve, por mi ignorancia y por mi estupidez, te doy las gracias.

Te doy las gracias porque, si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido, tú lo hubieses elegido…

Porque mi madre haya muerto lejos. Por el dolor que sentí cuando mi padre, en vez de abrazar a su pequeña Bernardita, me llamó «hermana María Bernarda»…, te doy las gracias.

Te doy las gracias por el corazón que me has dado, tan delicado y sensible, y que me colmaste de amargura…

Porque la madre Josefa anunciase que no sirvo para nada, te doy las gracias. Por el sarcasmo de la madre maestra, por su dura voz, por sus injusticias, por su ironía y por el pan de la humillación… te doy gracias.

Gracias por haber sido como soy, porque la madre Teresa pudiese decir de mí: » Jamás le cedáis lo suficiente»…

Doy las gracias por haber sido una privilegiada en la indicación de mis defectos, y que otras hermanas pudieran decir: «Qué suerte que no soy Bernardita»…

Agradezco haber sido la Bernardita a la que amenazaron con llevarla a la cárcel porque te vi a ti, Madre… Agradezco que fui una Bernardita tan pobre y tan miserable que, cuando me veían, la gente decía: «¿Esa cosa es ella?» la Bernardita que la gente miraba como si fuese el animal más exótico…

Por el cuerpo que me diste, digno de compasión y putrefacto… por mi enfermedad, que arde como el fuego y quema como el humo, por mis huesos podridos, por mis sudores y fiebre, por los dolores agudos y sordos que siento… te doy las gracias, Dios mío.

Y por el alma que me diste, por el desierto de mi sequedad interior, por tus noches y por tus relámpagos, por tus rayos… por todo. Por ti mismo, cuando estuviste presente y cuando faltaste… te doy las gracias, Jesús.”


Santa Bernardita (Bernadette) nació el 7 de enero de 1844 en Lourdes, departamento de los Altos Pirineos. Francia.

Hija de Luisa Castérot y Francisco Soubirous.

Cuando contaba pocos meses de vida, su madre, que aguardaba otro hijo, sufrió graves quemaduras en el fuego del hogar. Bernadette es entonces llevada a Bartrés, a casa de María Laguës que acababa de perder a su hijo de tan solo dieciocho días.

Durante el otoño de 1855 sufre la epidemia de cólera. En septiembre de 1857, trabaja para María Lagues en las labores de la casa, en las faenas del campo y en el cuidado del rebaño de ovejas. No sabe leer ni escribir pero quiere recibir la Primera Cornunión. Por la noche repite de memoria las fórmulas de catecismo. En enero de 1858 regresa a Lourdes.

Cierto día, en la casa se ha terminado la leña y sale a recogerla, allá abajo, hacia el torrente Gave, con su hermana Toinette y Juana Abadie, a quien llaman Baloum. Las tres niñas descienden hasta el lugar denominado Masse-Vieille (hoy llamado Massabielle): una fuerte roca que cubre una gruta alargada, de unos ocho metros de ancho. Allí las tres niñas divisan un haz de leña que la corriente del Gave había arrastrado, para alcanzarlo es necesario atravesar el torrente, mientras las otras cruzan el torrente, ella se retrasa para quitarse las medias. Narró después que en ese instante oyó un fuerte rumor de viento, pero al volverse vio que todo estaba tranquilo y que los árboles no se habían movido. Otra vez oyó el mismo rumor pero entonces vio a una Señora en el interior de la gruta.

La describió vestida de blanco, con un velo blanco que le cubría la cabeza, un lazo celeste, dos rosas sobre cada pie y un rosario de cuentas blancas. La Señora comenzó a recitar el rosario seguida pronto por la niña. De golpe, y después de haberle sonreído, desapareció. Es ésta la primera de una larga serie de visiones, dieciocho, que se sucedieron desde aquel 11 de febrero de 1858 hasta el 16 de Julio.

Durante las apariciones de la Señora, entra en éxtasis, reza, sonríe y habla con aquella aparición que ella, y sólo ella, puede contemplar en toda su belleza. El martes 2 de marzo La Señora pide dos cosas a Bernadette: que se hagan procesiones a la gruta y se construya ahí mismo una capilla en su honor; la Inmaculada Concepción.

En julio de 1860, invitada por las religiosas se dirigen el Hospicio de Nevers y permanece enferma dos años entre ellas. En agosto de 1864 solicita ser admitida en la congregación de las hermanas de Nevers y así, el 3 de junio de 1866, abandona para siempre su pequeña ciudad y, sobre todo, deja su gruta. El 30 de octubre de 1867, en Nevers, Bernadette pronunció sus votos temporarios y, finalmente, con los votos a perpetuidad, se transforma en Sor María Bernarda.

Bernadette Soubirous falleció el 15 de abril de 1879 en Nevers.