Tendréis, pues, mucho que sufrir…

Tendréis, pues, mucho que sufrir…

21 de julio de 2022 0 Por admin

El sufrimiento de los videntes y la desacreditación de las Apariciones

Padre Patricio Romero


1.- Fátima

¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que él quiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?

—Sí, queremos.

—Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza.

Es este Sagrado Diálogo de la Madre del Señor y Madre nuestra con los pastorcitos de Fátima, los Beatos Jacinta y Francisco y Sor Lucía, podemos comprender la presencia del misterio de la Cruz, como instrumento que confirma la presencia y la acción sobrenatural de Dios, en nuestra vida y en la vida de la Iglesia.

Durante las apariciones, soportaron con espíritu inalterable y con admirable fortaleza las calumnias, las malas interpretaciones, las injurias, las persecuciones y hasta algunos días de prisión. Durante aquel momento tan angustioso en que fue amenazado de muerte por las autoridades del gobierno si no declaraban falsas las apariciones, Francisco se mantuvo firme por no traicionar a la Virgen, infundiendo este valor a su prima y a su hermana. Cuantas veces les amenazaban con la muerte ellos respondían: «Si nos matan no importa; vamos al cielo.» Por su parte, cuando a Jacinta se la llevaban supuestamente para matarla, con espíritu de mártir, les indicó a sus compañeros, «No se preocupen, no les diré nada; prefiero morir antes que eso.”

En Portugal y en el mundo, ya se declaraba una saña persecutoria contra la Iglesia, llegando al grado prohibir cualquier acto de culto fuera de los templos, se había prohibido el uso de sotanas y hábitos religiosos, ni qué hablar de las procesiones públicas, e incluso no se podían tocar las campanas; por eso, sus capitostes no podían permitir el crecimiento de la ola de fe y piedad popular que despertaron las apariciones en Fátima.

La prensa católica guardaba silencio sobre las apariciones, y la del bando liberal había comenzado con sus clásicas ironías, lo que dio aún más difusión a los sucesos de Fátima. Además, las buenas tres a cinco mil personas que asistieron a la Cova da Iria para la aparición de julio, dieron difusión a la promesa del milagro anunciado por Nuestra Señora para octubre. Por eso la prensa oficial lisboeta motorizó a los poderes en la región: ‘Las autoridades, ciertamente, han escuchado sobre estos hechos, y si aún no saben nada más sobre ellos, nuestra información puede servirles como un grito de alarma.’

Sometidos a interrogatorios del poder civil, ateo y anti católico, feroces ante todo tipo de manifestación pública de piedad. Abusivos y totalitarios. Sumando los interrogatorios eclesiásticos, sin excluir las desacreditaciones que hacían clérigos y religiosas por la precaria formación escolar de los niños, que aunque siendo analfabetos, gozaban de educación en la virtud y la fe, de parte de sus familias.

Para la mayoría, como cuenta el Padre Manuel Nunes Formigão, entusiasta escéptico de las Apariciones, en un principio, la noticia era irresistible curiosidad. Para él mismo, Fátima no era más que una mera superstición. Fue uno de los sacerdotes con mayor dificultad en aceptar tales acontecimientos. Tenía muchos deseos de ir a Fátima pero confesó que sentía cierta «repugnancia» porque temía darle excesiva importancia a una situación que no debía pasar de una superstición. Sin embargo, fue designado por el Patriarca interino de Lisboa, el arzobispo Mons. Juan Evangelista Lima Vidal, para ir a la Cova da Iria y anotar todo lo que allí ocurriera, sin carácter oficial. Impresionado por la piedad, sin embargo, regresó más incrédulo respecto a los videntes, y redactó varios artículos críticos para los periódicos, usando el seudónimo de Visconde de Montelo, en los que describe a los niños como «serranos y analfabetos”.

Pero cuando comenzó con los interrogatorios a los pastorcitos, en los que reconoció una clara coherencia en lo esencial de las declaraciones de los niños, su dura postura se fue debilitando. Ello, unido al asombroso fenómeno ocurrido el 13 de octubre, señalado por muchos como el más extraordinario milagro del sol, se constituyó en el sello divino que certificó, para el reconocido teólogo, la veracidad de las apariciones.

En el Estudio apologético sobre los videntes, el padre Formigão escribe: «No se puede dudar de la sinceridad de los niños. ¿Cómo podían representar una comedia tres niños simples e ignorantes, una de diez años de edad, otro de nueve y la otra de siete? ¿Cómo podían mantener sus afirmaciones, a pesar de las amenazas que les hacían, de las persecuciones de las que fueron objeto y de la prisión que sufrieron?».

Y continúa: «No pretendieron aprovecharse de sus visiones, ni siquiera para satisfacer su vanidad. Ellos no hablaban de ese asunto sino cuando eran interrogados. Hasta es un hecho constatado por muchas personas que ellos huían y se escondían no raras veces, cuando eran buscados para ser sometidos a interrogatorios. […]

El Padre Formigão se transformó en amigo espiritual de los videntes y particularmente testigo de la Santidad de la pequeña Jacinta.

Entre las más dolorosas cruces, en la vida cristiana, hay algunas que son casi insoportables. Son aquellas que se enclavan en lo más apreciado: La familia.

No solo la afirmación del párroco de que aquello era obra del Demonio fueron fue signo de contradicción en el corazón de Lucía. También la incredulidad de su Madre (según algunos investigadores, incredulidad persistente probablemente hasta el fin de sus días).

Todos en casa sintieron las privaciones y las pruebas que ese acontecimiento les acarreó, pero Lucía era señalada como la principal culpable. ¡Lo que más le dolía era que la tuviesen por mentirosa! A esto se añadió el sufrimiento de la separación de la familia y de la casa paterna. La Madre pensó que, al alejarse la hija del hogar, «aquello» terminaría por lo que estaba dispuesta a dejarla ir para la casa de las señoras que se lo pedían. El padre la dejaba ir sólo por unos días pero no definitivamente. Al fallecer el padre, la madre permitió el traslado de Lucia, procurando su educación, seguridad, pero también el arribo de la tranquilidad y estabilidad temporal para su familia.

Lucía, sin embargo, nunca cuestionó la actitud de su mamá. Siempre la comprendió, justificó e imploró por ella, para que acogiera al Inmaculado Corazón de María en su corazón.


2.- Lourdes

En Bernardita se cumplió aquello que dijo San Pablo: «Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo». Bernardita a los 14 años no sabía leer ni escribir ni había hecho la Primera Comunión porque no había logrado aprenderse el catecismo.

La niña tuvo siempre muy débil salud a causa de la falta de alimentación suficiente, y del estado lamentablemente pobre de la habitación donde moraba. En los primeros años sufrió la enfermedad de cólera que la dejó sumamente debilitada. A causa también del clima terriblemente frío en invierno, en aquella región, Bernardita adquirió desde los diez años la enfermedad del asma, que al comprimir los bronquios produce continuos ahogos y falta de respiración.

Esta enfermedad la acompañará y atormentará toda su vida. Al final de su existencia sufrirá también de tuberculosis. En ella se cumplieron aquellas palabras de Jesús: «Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos» (Jn. 15).

Nuestra Señora le dijo: «No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra». Y así sucedió . La vida de la jovencita, después de las apariciones estuvo llena de enfermedades, penalidades y humillaciones, pero con todo esto fue adquiriendo un grado de santidad tan grande que se ganó enorme premio para el cielo. Le costaba mucho salir a recibir visitas porque todos le preguntaban siempre lo mismo y hasta algunos declaraban que no creían en lo que ella había visto. Cuando la mamá la llamaba a atender alguna visita, ella se estremecía y a veces se echaba a llorar. «Vaya», le decía la señora, ¡tenga valor! Y la jovencita se secaba las lágrimas y salía a atender a los visitantes demostrando alegría y mucha paciencia, como si aquello no le costara ningún sacrificio.

Para burlarse de ella porque la Virgen le había dicho que masticara unas hierbas amargas, como sacrificio, el sr. alcalde le dijo:”¿Es que la confundieron con una ternera?” Y la niña le respondió: “¿Señor alcalde, a usted le sirven lechugas en el almuerzo?” «Claro que sí», “¿Y es que lo confunden con un ternero?”. Todos rieron y se dieron cuenta de que era humilde pero no era tonta.

Bernardita pidió ser admitida en la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers. En la comunidad hizo de enfermera y de sacristana, y después por nueve años estuvo sufriendo una muy dolorosa enfermedad. Uno de los medios que Dios tiene para que las personas santas lleguen a un altísimo grado de perfección, consiste en permitir que les llegue la incomprensión, y muchas veces de parte de personas que están en altos puestos y que al hacerles la persecución piensan que con esto están haciendo una obra buena.

Bernardita tuvo por superiora durante los primeros años de religiosa a una mujer que le tenía una antipatía total y casi todo lo que ella hacía lo juzgaba negativamente. Así, por ejemplo, a causa de un fuerte y continuo dolor que la joven sufría en una rodilla, tenía que cojear un poco. Pues bien, la superiora decía que Bernardita cojeaba para que la gente al ver a las religiosas pudiera distinguir desde lejos cuál era la que había visto a la Virgen. Y así en un sinnúmero de detalles desagradables la hacía sufrir. Y ella jamás se quejaba ni se disgustaba por todo esto. Recordaba muy bien la noticia que le había dado la Madre de Dios: «No te haré feliz en esta vida, pero sí en la otra”.

¿Por qué sus superioras la juzgaban tan mal?, solo se puede encontrar respuesta en que era parte de la Providencia Divina para la santificación de Bernardette. De manera particular la Maestra de Novicias, Madre María Teresa Vauzou, quién fue la causante de muchos sufrimientos espirituales de Bernardette durante los 13 años que vivió en el convento. La Madre María, quien era estimada por su ojo agudo y su penetración psicológica, nunca fue capaz de leer en esta alma límpida su íntima unión con Dios, ni tampoco su total abandono a los deseos de su divina voluntad, la cual formaba su vida interior.

Bernardette, sin haber estudiado sobre las formas de oración, pasaba horas en ella, recitando su rosario con gran fervor. Vivía en unión perpetua con la Virgen Santísima y a través de Ella con Jesucristo. Al llegar a la Comunidad reunieron a las religiosas y le pidieron que les contara cómo habían sido las apariciones de la Virgen. Luego le prohibieron volver a hablar de esto, y en los 15 años de religiosa ya no se le permitió tratar este tema. Son sacrificios que a los santos les preparan altísimo puesto en el cielo.

Durante su noviciado, Bernardette fue tratada más severamente y quizás más cruelmente que las otras novicias. Sus compañeras decían: «No es bueno ser Bernardette». Pero ella lo aceptaba todo y veía en ello la mano de Dios.

Bernardette profesó el 30 de octubre de 1867 con el nombre de Sor María Bernarda. Tenía 23 años. Sin embargo, la felicidad de ese momento fue teñida por una ruda humillación.

Cuando llegó el momento de distribuir a las nuevas profesas los trabajos, la Madre Superiora respondió a la pregunta del Obispo: «¿Y la hermana Marie Bernard?, «Oh, Señor Obispo, no sabemos qué hacer. Ella no es buena para nada». Y prosiguió: «Si desea, Señor Obispo, podemos tratar de usarla ayudando en la enfermería». A lo cual el Obispo consintió. La hermana Marie Bernard recibió el dolor de esta humillación en su corazón, pero no protestó, ni lloró, simplemente aceptó el cáliz.

Sus últimos meses fueron muy difíciles, haciéndole pasar por la noche oscura del alma. Perdió confianza, la paz del corazón y la certeza del cielo. Fue tentada al desánimo y desesperación. Pensaba que era indigna de la salvación. Este fue su cáliz más amargo y su sufrimiento mayor.

También sufría mucho físicamente. La cama le causó tener la espalda repleta de llagas. Su pierna tuberculosa se le reventó. Desarrolló abscesos en los oídos, los que la hicieron prácticamente sorda por un tiempo. Si no hubieran sido tan evidentes sus síntomas, nadie hubiese sospechado que estaba enferma. Su actitud tan serena y gozosa no manifestaba el profundo sufrimiento que padecía. No perdió su fortaleza y su aceptación.

A una hermana le dijo que iba a orar para que el Señor le mandara consolación, ella le respondió: «No, no, no consolación, solo fortaleza y paciencia» .

3.- “…para que el mundo cambie, para que el mundo se salve…” (2 de Marzo, 2017)

El Padre Antonio Royo Marín al explicar las gracias “gratis dada” (Teología de la Perfección Cristiana IV, I, n.751), describe, entre las consecuencias, de que la “causa instrumental”, de la que Dios se vale -sujeto, vidente, estigmatizado- para producir determinados hechos milagrosos, no necesita estar unida sobrenaturalmente con Él, por la caridad, ni mucho menos ser un santo. Estas gracias no santifican de suyo al que las recibe, sino que se ordenan al provecho de otros para edificación de la Iglesia.

No es por tanto, la falta de conocimientos, erudición, virtud elevada, dificultad en la expresión, precisión o mal uso del lenguaje, lo que inhabilita un alma para recibir determinadas gracias. Mucho menos, si se trata de la miseria de terceros, sean testigos, parientes, clérigos o promotores de dichos fenómenos sobrenaturales.

Tampoco es argumento para cuestionar estos fenómenos místicos, el que no se tenga claridad del fin de determinadas gracias, o que no exista un mensaje específico, o no sea semejante, en las características narradas, a otros fenómenos de la misma naturaleza. Si se trata de un misterio, la Iglesia siempre se ha aproximado, analizado, investigado cada uno como tal, reconociendo que si es de Dios, no esta limitado a los parámetros meramente humanos, sino a los de la misma Fe, que se funda en la Revelación, Tradición y Magisterio. Ni los santos, ni las advocaciones Marianas, ni los carismas de la Iglesia han sido reconocidos como tales, por una supuesta uniformidad en los modos externos, sino más bien por la coherencia de su contenido con la Fe y la Moral de la Iglesia Católica y por los frutos claramente constatados.

Tan solo por tratarse de un testimonio que pone en evidencia la necesidad de la Salvación, la vida que tiene como centro la Encarnación del Verbo, la Economía de Salvación, la primacía de la Gracia, la plenitud para la humanidad por las Misiones Divinas, la identidad de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo y la súplica por el Reinado del Señor, es más que suficiente contenido, donde no cabe novedad. Tan solo poner por evidente lo que está olvidado o silenciado, es motivo suficiente para valorar tal gracia “gratis dada”.

Toda vida, testimonio, comentario, mensaje y don que se constituya en una convocatoria, para la Conversión personal y la vida sobrenatural, tiene una razón suficiente que lo justifique.

De hacerlo, no se constituye en un magisterio paralelo, sino en un impulso, querido y permitido por el Señor, para procurar una mayor adhesión al anuncio propio de Santa Madre Iglesia.

El mismo R. P. Royo Marin explica que las visiones pertenecen de suyo al género de las gracias “gratis dadas”. (Teología de la Perfección Cristiana IV, I, n.789)

Con todo esto y mucho más, podemos concluir que tanta insistencia en desacreditar un fenómeno místico, presentando argumentaciones fuera del marco teológico, con el que la Iglesia tradicionalmente los estudia, y basándose en hechos inciertos, parciales y centralizados en la singularidad humana, de quienes estarían recibiendo esas gracias “gratis dadas”, no hace más que colaborar con el plan Divino de la propia santificación de esas almas, transformándose toda persecución, ataque y ofensa, padecida por amor al Señor y su Madre Santísima, en causa de méritos grandiosos para el cielo.

4.- Medjugorje

El propio sabio teólogo R.P. Antonio Royo Marín, afirma en el mismo tratado: “En la práctica no hay más que una norma de discernimiento verdaderamente cierta y eficaz: Es la señalada por Cristo en el Evangelio: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,16).

No es la primera vez que los videntes de Medjugorje son objeto de acusaciones, falsos testimonios y cuestionamientos completamente lejos de lo que podría ser un análisis estructurado, serio, teológico y científico. Sin embargo ellos permanecen en el silencio.

Es el silencio la reacción de Cristo, ante los tribunales que lo acusaron injustamente y ante los insultos padecidos en la Cruz. El silencio fue el gesto de la Madre del Señor, que conservaba y meditaba todo en su corazón. Y es la misma Reina de la Paz la que ha cultivado el silencio en el corazón de cada uno de videntes de Medjugorje.

El corazón humilde que es cobijado en las manos de la Madre de la Iglesia, aunque padece las espinas, no puede apartarse del consuelo amoroso, noble y tierno del Corazón Inmaculado que se aferró en el dolor al Corazón de su Hijo y Redentor. Es el contraste con la suficiencia y la arrogancia del mundo y sus siervos, que, como dice el Papa Francisco, no pueden comprender que “Dios, según su estilo, ha ocultado estas cosas a sabios y entendidos, dándolas a conocer a los pequeños, a los humildes, a los sencillos de corazón” (12 de diciembre de 2014).