Sean fuertes y oren

Sean fuertes y oren

21 de abril de 2021 0 Por admin

Que cada día sea para ustedes un testimonio gozoso del amor de Dios


Mensaje, 25 de junio de 1999 

“¡Queridos hijos! Hoy les agradezco porque viven y testimonian con su vida mis mensajes. Hijitos, sean fuertes y oren para que la oración les de fuerza y gozo. Sólo así cada uno de ustedes será mío y yo lo guiaré por el camino de la salvación. Hijitos, oren y testimonien con su vida mi presencia aquí. Que cada día sea para ustedes un testimonio gozoso del amor de Dios. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


HOY LES AGRADEZCO QUE VIVAN Y DEN TESTIMONIO DE MIS MENSAJES CON SU VIDA

Esta expresión de gratitud es para todos nosotros. Se ha vuelto normal que la Virgen nos agradezca porque, como todos sabemos, al final de cada mensaje nos dice: Gracias por haber respondido a mi llamado. En otros mensajes, María nos ha invitado a agradecer sin cesar pero por encima de ello, María también nos agradece a nosotros. ¿A quién va dirigida esta gratitud? De nuevo, me atrevo a decir que a todos nosotros. María no nos agradece que ya seamos perfectos o que estemos haciendo todo lo que Ella nos pide o que lo hagamos todo tal y como Ella desea. María sólo nos mira de un modo positivo y Ella ve siempre hasta el más pequeño bien en nosotros y nos lo agradece. Ver y agradecer es la forma más fácil para poder vivir en paz, alegría y amor con otras personas. También podríamos ver o discutir sólo lo negativo, pero cuando éste es el caso, el corazón de las personas se cierra y esto no origina sino conflictos. Por eso es que María nos agradece a cada uno de nosotros, a la Parroquia y a todos los que organizan las peregrinaciones. Ella agradece a quienes han organizado grupos de oración y Centros de Paz. María agradece a cada uno que haya cambiado algo en su vida. Y yo creo que María agradece muy especialmente a quienes han dedicado más tiempo de su vida a la oración, al ayuno, a la Santa Misa, a la Confesión y a la lectura de la Sagrada Escritura.

SEAN FUERTES

Ser fuertes significa luchar contra lo que está mal y es malo, contra el pecado y los malos hábitos y ser fuertes también para luchar por el bien. Cuando nos cansamos en la lucha contra el mal y lo malo, el mal tiene más oportunidades de crecer. Cuando nos cansamos de hacer el bien, el bien ya no puede crecer, sino que se estanca y finalmente desaparece del todo. Esta es de hecho la tarea más grande para cada uno de nosotros — decidirnos cada día y muy conscientemente a luchar contra el mal y lo que es malo, y al mismo tiempo, empeñarnos en lo que es bueno. Todos hemos experimentado debilidad y es en esa debilidad que hemos cometido el mal y hemos pecado. Pero esto no debe desalentarnos, porque aquí nos ayuda la experiencia de San Pablo cuando dice: … no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero.. ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor! (Rm 7,19,24-25). Todos recibimos la gracia de la fortaleza en nuestra Confirmación. Nuestra fortaleza, por supuesto, radica en el amor de Dios Padre, quien desea transformarlo todo para bien. Con todo, esto depende de lo que nosotros hagamos cuando seamos débiles y demos lugar al mal y al pecado; podemos llegar a desalentarnos y decir que somos incapaces de hacer otra cosa que no sea el mal. Pero si en nuestra debilidad nos volvemos más firmemente a Dios y le pedimos fortaleza, experimentaremos lo mismo que San Pablo — la fortaleza de Dios en nuestra debilidad. Por eso es que los cristianos tenemos razones para tener valor, esperanza y confianza en que Dios Creador siempre nos mostrará y nos dará Su fortaleza creadora y que de ese modo nos salvará. Después María nos dice…

Y OREN PARA QUE LA ORACION LES DE FORTALEZA Y GOZO

Es la oración lo que requerimos para tener esa fortaleza, pero para eso necesitamos urgentemente una decisión diaria y tener además el tiempo para estar con Dios. Y es que es El quien nos da vida y fortaleza y es El quien nos da confianza y amor. Así que si seguimos experimentando debilidad y por tanto nos desalentamos o nos dejamos vencer por el pecado, y no somos capaces de luchar contra lo que es malo, sólo nosotros tenemos la culpa de ello. Y es que Dios está siempre dispuesto a darnos Su fortaleza, pero sólo podremos alcanzarla si oramos y ayunamos, si nos confesamos, si asistimos a Misa y nos encontramos con Jesús en la Eucaristía. El gozo del que habla María aquí es el mismo que nos viene después de haber ganado y haber presentado las ofrendas por las que hemos luchado. Esto no se refiere al gozo fácil que produce el pecado y la vida mundana, sino al gozo que nadie puede arrebatarnos porque nos ha sido dado por Dios. Esta es la alegría que Dios quiere darnos. El hecho de que hoy en día haya tantas personas tristes y que han perdido el sentido de la vida, es porque aún no han conocido este gozo de Dios. La razón de que tantas personas — en lo individual y también en las familias — hayan perdido la alegría de estar unas con otras y por tanto tengan que soportar terribles sufrimientos, es porque todavía no han recibido este gozo de Dios. A esto se debe que haya tantos divorcios y que ocurran otros problemas en las familias. Sólo Dios puede darnos gozo y alegría en todo tiempo y este gozo nos da también la fortaleza para convivir unos con otros y crear una hermosa vida en común. Esto es lo que María quiere para nosotros — que seamos fuertes y gozosos para poder ser personas de paz.

SOLO DE ESTE MODO CADA UNO DE USTEDES SERA MIO Y YO LOS CONDUCIRE POR EL CAMINO DE LA SALVACION

Sólo viviendo de este modo, María podrá llevarnos a la salvación. María es nuestra Madre incondicional. Somos nosotros quienes ponemos condiciones. Si no aceptamos lo que Ella nos dice, nuestra vida no mostrará que le pertenecemos y nadie reconocerá que somos sus hijos. El camino de la salvación es el camino de la paz, el camino de la fe y el camino de la confianza. Lo opuesto es el camino de la destrucción, del pecado y de los malos hábitos. Por tanto, necesitamos fortaleza, fe y confianza para abandonar el camino de la destrucción e ir con María por el camino de la salvación. Pero todos sabemos que el mal es muy activo y que no deja escapar tan fácilmente a sus presas. Con todo, siempre es posible abandonar el camino del pecado y la destrucción cuando Dios nos da Su fortaleza.

OREN Y CON SU VIDA DEN TESTIMONIO DE MI PRESENCIA AQUI

No debemos olvidar que el único mensaje nuevo de Medjugorje es esa especial presencia diaria de la Virgen con nosotros. Sólo a través de la especial presencia de María con nosotros podemos llegar a entender lo que está sucediendo aquí y por qué Medjugorje ha sobrevivido a todas las grandes dificultades a lo largo de estos 18 años. Sólo porque María está aquí y ora con nosotros, podemos entender todas las gracias y las curaciones que han tenido lugar aquí. Esta es la gracia — una gracia extraordinaria que es el fundamento de todas las demás gracias y movimientos en favor de la Iglesia que han nacido debido a Medjugorje. Es esta gracia especial de la que María dijo en un mensaje que nunca antes había sido concedida en ningún otro lugar del mundo. Aquí todos debemos pensar muy conscientemente y estar agradecidos por la perseverancia de los videntes que, durante estos largos 18 años, se han dado a sí mismos diariamente a fin de compartir con nosotros todo lo que han visto y oído. Su testimonio ciertamente ha ayudado a un gran número de personas a encontrar su propio camino hacia Dios. Pero debemos agradecer también a todos los que han dedicado su tiempo para traer a los peregrinos aquí, a todos los que se entregan para hacer confortable la estancia de los peregrinos en Medjugorje y a aquellos que en sus casas y en sus lugares de trabajo han dado testimonio de que son hijos de María, por medio de sus palabras y su comportamiento. Todas estas personas, al creer que María se está apareciendo aquí, han ayudado a su modo a Medjugorje a sobrevivir. María termina el mensaje de este mes con…

QUE CADA DIA SEA PARA USTEDES UN TESTIMONIO GOZOSO DEL AMOR DE DIOS

María nos muestra nuevamente aquí su deseo y nuestra tarea. Y todo lo que Ella hace por nosotros tiene siempre un propósito — que encontremos a Dios, que experimentemos Su amor y demos testimonio de Su amor por nosotros en unión con Ella. Lo que el mundo necesita hoy es justamente eso — personas que han experimentado el amor de Dios y que, a través de esa experiencia, han recibido la fortaleza para testimoniar gozosamente el amor de Dios a todos los demás que aún no lo han experimentado. Sólo de este modo el mundo podrá salvarse, cuando una nueva luz y una nueva vida entren en él. Por tanto, todos los que hemos conocido a María aquí de algún modo somos especialmente privilegiados y agraciados. De ahí surge nuestra tarea de mostrar al resto del mundo que existe un Padre amoroso, un Dios que nos conoce y nos ama a cada uno y que desea también salvarnos a cada uno. Si al final de esta reflexión fuéramos a preguntarnos qué va a suceder con Medjugorje, la respuesta realmente es muy simple: en los mensajes se nos ha dicho muy claramente quién es Dios. El es paz para todas las personas y es Su voluntad que todos nos llenemos de Su amor y que demos testimonio de él a todas las personas cada día. Depende en realidad de lo que nosotros hagamos con ello. También resulta claro que María no desea hacer de nosotros cristianos malcriados. Ella no desea sólo dar, dar y dar, sino que quiere que nosotros seamos activos con lo que nos ha sido dado y que demos testimonio de ello. Un cristiano auténtico sólo quiere la paz y busca ser reconocido únicamente porque se reconcilia, porque perdona, porque ora, porque ayuna y porque ama ante cualquier circunstancia que enfrente. Un cristiano malcriado quiere la paz, pero no está dispuesto a amar a los demás. Un cristiano malcriado quiere tener gozo, pero no está dispuesto a obtener este gozo de su encuentro con Dios en la oración. Seguramente, nosotros no queremos seguir siendo cristianos malcriados y debemos aceptar este XIX año de las apariciones y de la presencia de María aquí como otro gran don de Dios, reconociendo también a través de todos estos grandes dones nuestra tarea específica y llevarla a cabo con gozo. Les deseo, pues, a todos el gozo y la fortaleza de Dios, especialmente a aquellos que quizá se han cansado o que aún no han visto los frutos de sus esfuerzos y por eso estan tristes o desalentados. Y por esto vamos a orar…

Dios, Padre nuestro, al principio del XIX año de la presencia de María con nosotros como Reina de la Paz, deseamos agradecerte muy conscientemente por Tu amor y por enviarnos a María que nos acompaña diariamente y que desea llevarnos por el camino de la salvación. Te damos gracias, querido Padre, por Tu amor infinito y porque en vez de rechazarnos por nuestros pecados nos has acercado más a Tu Corazón. Con María y en nombre de Tu Hijo, Jesucristo, Te pedimos, oh Padre, que nos des Tu Espíritu de fortaleza a fin de que, con Tu gracia, podamos luchar contra todo pecado y los malos hábitos. Que salgamos triunfantes, que incansablemente luchemos contra todo lo que es negativo e incansablemente nos empeñemos por todo lo bueno que, nos rodea. Danos la fortaleza de Tu Espíritu para ser capaces de dar testimonio de Tu amor ante cualquier situación. Padre, Te damos gracias por todas esas personas que, por la fe y la confianza en Ti, han emprendido el camino de la paz. Te damos gracias por todos aquellos que han recibido de Ti el gozo y la fortaleza en el Sacramento de la Reconciliación y en la Eucaristía, convirtiéndose por tanto en testigos de Tu amor. Líbralos de cualquier tentación y hazlos descubrir que Tú puedes transformarlo todo para bien. Te presentamos todos esos momentos en los que nos hemos cansado y hemos perdido el valor para luchar contra el pecado y el mal. Te presentamos a todos los que se han cansado de la oración y del ayuno y que quizá han sido vencidos nuevamente por sus antiguos hábitos. Bendícelos a todos con Tu gracia y permíteles experimentar de nuevo Tu amor, a fin de que puedan ser purificados por Tu amor y una vez más deseen recorrer el camino de la salvación con María. Bendice a nuestra Parroquia, bendice a los videntes, bendice a todos los grupos de oración, bendice a todos los que organizan peregrinaciones y bendice a todos los peregrinos, de tal modo que las palabras que María nos ha dado al inicio del XIX año de su presencia aquí pueda tocar y conmoverlos a todos. Danos la gracia de permanecer fieles a María y de recibir Tu fortaleza, Tu gozo y Tu amor, para que cada día Te pertenezcamos más y más y de ese modo podamos ayudarte a cumplir los planes que Tú le has confiado a María. Esto, a fin de que el mundo entero llegue a vivir en Tu paz y que todos nosotros entremos un día a Tu Paz y Tu Gozo infinitos. Amén.

Fra. Slavko, Medjugorje, Junio 28, 1999