Santa Teresita de los Andes: “Habla a la Santísima Virgen de corazón a corazón”

Santa Teresita de los Andes: “Habla a la Santísima Virgen de corazón a corazón”

11 de julio de 2022 0 Por admin

“Honra mucho a María. Es tu madre tan buena y cariñosa, que jamás dejará de velar por ti”


Confiesa Santa Teresita de los Andes su gran amor a la Santísima Virgen María, dice que ha sido su compañera inseparable. La Virgen ha sido la confidente íntima desde los más tiernos años de su vida. Ella le ha escuchado la relación de sus alegrías y tristezas. Ella ha confortado su corazón tantas veces abatido por el dolor. Teresa, como toda carmelita, es profundamente mariana, ella le confiesa a su padre: “Desde chica amé mucho a la Santísima Virgen, a quien confiaba todos mis asuntos.” Es así como cuando se refiere a la Santísima Virgen escribe: 

“Confíe todo a la Santísima. Récele siempre el rosario para que Ella le guarde no sólo su alma, sino también sus asuntos.” 

A su hermano Ignacio, el menor de sus hermanos, le pide que rece el rosario: 

Juanita, desde muy pequeña vio a su abuelo, Don Eulogio Solar, rezar el rosario. También nos relata ella que: “todos los días Lucho me convidaba a rezar el rosario, e hicimos juntos la promesa de rezarlo toda la vida”. Y ella le pide ahora a su hermano menor: 

“Honra mucho a María. Es tu madre tan buena y cariñosa, que jamás dejará de velar por ti. Récele a la Santísima. Virgen el Rosario todos los días, pero muy bien rezado. Cuando me vuelva a escribir me dirá si lo ha hecho.”

En Chile, como en muchos países hispanos, la devoción mariana está muy arraigada, es así como la figura de la Virgen María es espejo de muchos y también de Teresa de Jesús, ella misma lo dice: 

“Mi espejo ha de ser María. Puesto que soy su hija, debo parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús.”

“La Santísima Virgen es el modelo más perfecto… ¿No vivió Ella siempre en una continua oración, en el silencio, en el olvido de lo de la tierra?” … “Pídele a la Santísima Virgen que sea tu guía; que sea la estrella, el faro que luzca en medio de las tinieblas de tu vida.” 

“Siempre esperé y confié en que moriría con todos los sacramentos, porque no abandonó jamás su escapulario del Carmen.”

Le escribe a su hermano Luis (Lucho) 

Para Juanita, María, es la Madre del universo entero. Ella ve en María un corazón lleno de dulzura. También ella nos dice, que jamás me has desoído los ruegos que le ha dirigido, como una hija le pide a su madre. Y con esa confianza le escribe a su querido hermano Lucho: 

“Habla a la Santísima Virgen de corazón a corazón. Cuando te sientas solo, mírala y verás que sonriendo te dice: «Tu madre jamás te deja solo». Cuando, triste y desolado, no halles con quién desahogarte, corre a su presencia y la mirada llorosa de tu Madre diciéndote «no hay dolor semejante a mi dolor» te confortará, poniendo en tu alma la gota de consuelo que cae de su dolorido corazón.”


ORACIÓN DE JUANITA A LA VIRGEN MARÍA

En febrero de 1917, Juanita hizo con su madre una peregrinación al santuario de la gruta de Lourdes en Santiago. Al volverse, ella escribió en su Diario la oración siguiente a la Virgen María.

Anteayer y ayer fuimos a Lourdes. ¡Lourdes! Esta sola palabra hace vibrar las cuerdas más sensibles del cristiano, del católico. ¡Lourdes! ¡Quién no se siente conmovido al pronunciarla! Significa un Cielo en el destierro. Lleva envuelto en su manto de misterio todo lo grande de lo que es capaz de sentir el corazón católico. Su nombre hace remover los recuerdos pasados y conmueve las sensaciones íntimas de nuestra alma. Ella encierra alegría, paz sobrehumana, donde el peregrino, fatigado del camino pesaroso de la vida, puede descansar; puede sin cuidado dejar su bagaje, que son las miserias humanas, [y] abrir su seno para recibir el agua del consuelo, del alivio. Es donde las lágrimas del pobre con el rico se confunden, donde sólo encuentra una Madre que los mira y los sonríe Y en esa mirada y sonrisa celestiales hacen brotar de ambos pechos sollozos que el corazón, de felicidad, no puede dejar de escapar y que lo hace esperar, amar lo imperecedero y lo divino.

Sí, Tú eres, Madre, la celestial Madonna que nos guío. Tú dejaste caer de entre tus manos maternales rayos de cielo. No creí que existiera la felicidad en la tierra; pero ayer, mi corazón sediento de ella, la encontró. Mi alma, extasiada a tus plantas virginales te escuchaba. Eras Tú la que hablabas y tu lenguaje de Madre era tan tierno… Era de cielo, casi divino.

¿Quién no se anima, al verte tan pura, tan tierna, tan compasiva, a descubrir sus íntimos tormentos? ¿Quién no te pide que seas estrella en este borrascoso mar?¿Quién es el que no llora entre tus brazos sin que al punto reciba tus ósculos inmaculados de amor y de consuelo? Si es pecador, tus caricias lo enternecen. Si es tu fiel devoto, tu presencia solamente enciende la llama viva del amor divino. Si es pobre, Tú con tu mano poderosa lo socorres y le muestras la patria verdadera. Si es rico, lo sostienes con tu aliento contra los escollos de su vida agitadísima. Si es afligido, Tú, con tus miradas lagrimosas, le muestras la Cruz y en ella a tu divino Hijo. ¿Y quién no encuentra el bálsamo de sus penas al considerar los tormentos de Jesús y de María? El enfermo, por fin, halla en su seno maternal el agua de salud que deja brotar con su sonrisa encantadora, que lo hace sonreír de amor y de felicidad.

Sí, María, eres la Madre del universo entero. Tu corazón está lleno de dulzura. A tus pies se postran con la misma confianza el sacerdote como la virgen para hallar entre tus brazos al Amor de tus entrañas. El rico como el pobre, para encontrar en tu corazón su cielo. El afligido como el dichoso, para encontrar en tu boca la sonrisa celestial. El enfermo como el sano, para encontrar en tus manos dulces caricias. Y por fin, el pecador como yo encuentra en Ti la Madre protectora que bajo tus plantas inmaculadas tienes quebrantada la cabeza del dragón; mientras que en tus ojos descubre la misericordia, el perdón y faro luminoso para no caer en las cenagosas aguas del pecado.

Madre mía, sí. En Lourdes se encontraba el cielo: estaba Dios en el altar rodeado de ángeles, y Tú, desde la concavidad de la roca, le presentabas los clamores de la multitud arrodillada ante el altar. Y le pedías que oyese las súplicas del pobre desterrado en este valle de lágrimas, mientras que, junto con los cantos, te ofrecían un corazón lleno de amor y gratitud.

(Diario, §19)


De los escritos de Santa Teresita:

1)      Confíe todo a la Ssma. Virgen. Récele siempre el rosario para que Ella le guarde no sólo su alma, sino también sus asuntos.

2)      Honra mucho a María. Es tu madre tan buena y cariñosa, que jamás dejará de velar por ti.

3)      Mi espejo ha de ser María. Puesto que soy su hija, debo parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús.

4)      La Ssma. Virgen es el modelo más perfecto de nuestro sexo. ¿No vivió Ella siempre en una continua  oración, en el silencio, en el olvido de lo de la tierra?

5)      Pídele a la Ssma. Virgen que sea tu guía; que sea la estrella, el faro que luzca en medio de las tinieblas de tu vida.

6)      Siempre esperé y confié en que moriría con todos los sacramentos, porque no abandonó jamás su escapulario del Carmen.

7)      Habla a la Ssma. Virgen de corazón a corazón. Cuando te sientas solo, mírala y verás que sonriendo te dice: «Tu madre jamás te deja solo». Cuando, triste y desolado, no halles con quién desahogarte, corre a su presencia y la mirada llorosa de tu Madre diciéndote «no hay dolor semejante a mi dolor» te confortará,  poniendo en tu alma la gota de consuelo que cae de su dolorido corazón.

8)      La Ssma. Virgen ha sido mi compañera inseparable. Ella ha sido la confidente íntima desde los más tiernos años de mi vida. Ella ha escuchado la relación de mis alegrías y tristezas. Ella ha confortado mi corazón tantas veces abatido por el dolor.

9)      No se atemoricen ante la nueva vida que se les presenta, pues siendo hijas de María, la Virgen las cubrirá con su manto.

10)  Cuando sufra, mire a su Madre Dolorosa con Jesús muerto entre sus brazos. Compare su dolor. Nada hay que se le asemeje. Es su único Hijo, muerto, destrozado por los pecadores. Y a la vista del cuerpo ensangrentado de su Dios, de las lágrimas de su Madre María, aprenda a sufrir resignado, aprenda a consolar a la Ssma. Virgen, llorando sus pecados.

11)  He puesto en defensa de mi causa dos grandes abogados que no pueden ser vencidos: mi Madre Santísima, a quien jamás he invocado en vano y que ha sido mi guía verdadera toda mi vida, desde muy chica, y mi Padre San José -a quien he cobrado gran devoción-, que lo puede todo cerca de su Divino Hijo.

12)  La que puso en mi alma el germen de la vocación fue la Ssma. Virgen. Esta tierna Madre jamás ha sido en vano invocada por sus hijos. Ella me amó y, no encontrando otro tesoro más grande que darme en prueba de su singular protección, me dio el fruto bendito de sus entrañas, su Divino Hijo. ¿Qué más me pudo dar?

13)  Rezamos en estos  15 días antes de la Asunción las quince casas del Rosario. Le aseguro que llena el alma de felicidad esa devoción a la Ssma. Virgen.

14)  Por este tiempo (a mis siete años), empieza mi devoción a la Virgen. Mi hermano Lucho me dio esta devoción, con la que he estado y estaré, como lo espero, hasta mi muerte. Todos los días Lucho me convidaba a rezar el Rosario, e hicimos juntos la promesa de rezarlo toda la vida; la que he cumplido hasta ahora. Sólo una vez, cuando estaba más chica, se me olvidó.

15)  Ruega a la Madre de los Dolores para que no me deje jamás bajar la cima del Calvario, donde he de ser en cada momento de mi vida crucificada.