San Jose, obrero y carpintero

San Jose, obrero y carpintero

15 de marzo de 2021 0 Por admin

Que la santidad esté siempre en primer lugar en vuestros pensamientos, en toda situación, en vuestro trabajo y en vuestras palabras…


CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones. 

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén


Oremos

Oh Padre, que a la luz del Espíritu Santo guía a los creyentes al pleno conocimiento de la verdad, concédenos probar la verdadera sabiduría en tu Espíritu y disfrutar siempre de su consuelo. 

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que es Dios, y vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


 CREDO APOSTÓLICO

Creo en Dios Padre, 

Todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo,

Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó entre los muertos,

subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso.

Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable.

Amén.


 CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ  (pidiendo la penitencia final)

San José Consagro Mi Familia terrenal completa a tu Paternal Protección para que nos mantengáis en resguardo discreto y seguro en estos tiempos. No permitáis, Amado San José, que ni uno sólo se pierda muriendo sin los ritos sacerdotales y sin tu Amable y amante presencia al lado de cada moribundo de nuestra Familia. Te Confiamos a ti esta que es el mayor Bien que El Cielo nos ha prestado para juntos alcanzar la Gloria Celestial. Amén.


Mensaje, 25 de agosto de 2001

“¡Queridos hijos! Hoy, los invito a todos a decidirse por la santidad. Que para ustedes, hijiitos, la santidad esté siempre en primer lugar en vuestros pensamientos, en toda situación, en vuestro trabajo y en vuestras palabras. Así, vosotros también la pondréis en práctica poco a poco; paso a paso la oración y la decisión por la santidad entrarán en vuestra familia. Sean verdaderos con vosotros mismos y no se aten a las cosas materiales, sino a Dios. Y no olviden, hijitos, que vuestra vida es pasajera como una flor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! ”

 San José, el cual Nos despierta, sí, a la esfera espiritual y religiosa que no nos distrae de la realidad de vuestra vida. Pues siempre es así: la religión no es una evasión de la vida real, sino que es más bien una posición a un nivel superior al profano y banal, desde donde podemos conocer y guiar mejor la vida misma y mejor valorar la experiencia, las necesidades, los deberes y los destinos.

 Nuestra mirada, nuestra devoción se detienen (…) en San José, el artesano silencioso y trabajador que dio a Cristo no el nacimiento, sino el estado civil, la condición social, la experiencia profesional, el ambiente familiar, la educación humana. Será preciso observar bien esta relación entre San José y Jesús porque nos puede hacer comprender muchas cosas de los designios de Dios, que viene a este mundo para vivir coma hombre entre los hombres, pero al mismo tiempo como su maestro y su salvador.

 Es cierto, ante todo, es evidente que San José adquiere una gran importancia, pues el Hijo de Dios hecho hombre lo escoge para asumir su filiación de adopción. Jesús era llamado “Hijo del carpintero” (Mt 13, 55) y el carpintero era José. Cristo quiso tomar su calificación humana y social de este obrero, de este trabajador, que era ciertamente un hombre esforzado, pues el Evangelio lo llama “justo” (Mt 1, 19), es decir, bueno, magnífico, intachable, y que consiguientemente aparece ante nosotros con la altura del varón perfecto, del modelo de todas las virtudes, del santo. Pero hay más: la misión que San José ejerce en la escena evangélica no es solamente la de figura personalmente ejemplar e ideal; es una misión que ejerce con o, mejor, sobre Jesús; él será tenido como padre de Jesús (Lc 3, 23), será su protector, su defensor. Por esto la Iglesia, que no es otra cosa que el Cuerpo místico de Cristo, ha declarado a San José su protector y como tal hoy lo venera, y como tal lo presenta a nuestro culto, y meditación.

Creemos que el mundo del trabajo tiene necesidad y tiene derecho a ser penetrado, a ser regenerado por el espíritu cristiano. Este es un punto fundamental que merecería un largo discurso; pero vosotros, habiendo venido aquí, estáis ya persuadidos de ello; por lo demás, un juicio desapasionado y sincero sobre el proceso evolutivo del mundo moderno lo dice y lo confirma, o el mundo se deja penetrar por el espíritu de Cristo o será atormentado por su mismo progreso hasta las peores consecuencias, de conflictos, de locuras, de tiranías y de ruinas. Cristo es hoy más necesario que nunca; primer punto. Segundo punto, ¿quién devolverá, o mejor, quién llevará (tan profunda es la diversidad del mundo del trabajo de hoy con relación al de ayer) quien llevará a Cristo al mundo del trabajo…  (San Pablo VI)

“La Sagrada Escritura dice que José era artesano. Varios Padres añaden que fue carpintero. San Justino, hablando de la vida de trabajo de Jesús, afirma que hacía arados y yugos [127] ; quizá, basándose en esas palabras, San Isidoro de Sevilla concluye que José era herrero. En todo caso, un obrero que trabajaba en servicio de sus conciudadanos, que tenía una habilidad manual, fruto de años de esfuerzo y de sudor.

  De las narraciones evangélicas se desprende la gran personalidad humana de José: en ningún momento se nos aparece como un hombre apocado o asustado ante la vida; al contrario, sabe enfrentarse con los problemas, salir adelante en las situaciones difíciles, asumir con responsabilidad e iniciativa las tareas que se le encomiendan.

   No estoy de acuerdo con la forma clásica de representar a San José como un hombre anciano, aunque se haya hecho con la buena intención de destacar la perpetua virginidad de María. Yo me lo imagino joven, fuerte, quizá con algunos años más que Nuestra Señora, pero en la plenitud de la edad y de la energía humana…” (San José Mª Escrivá)

San José fue el hombre justo que Dios quiso poner al frente de su casa. Del ejemplo fuerte y paterno de san José Jesús aprendió las virtudes de la piedad varonil, la fidelidad a la palabra dada, la integridad y el trabajo duro. En el carpintero de Nazaret vio cómo la autoridad puesta al servicio del amor es infinitamente más fecunda que el poder que busca dominar. ¡Cuánta necesidad tiene nuestro mundo del ejemplo, de la guía y de la fuerza serena de hombres como san José!  (Benedicto XVI, 14 de mayo de 2009)

“Su grandeza, como la de María, resalta aún más porque cumplió su misión de forma humilde y oculta en la casa de Nazaret. Por lo demás, Dios mismo, en la Persona de su Hijo encarnado, eligió este camino y este estilo —la humildad y el ocultamiento— en su existencia terrena.

El ejemplo de san José es una fuerte invitación para todos nosotros a realizar con fidelidad, sencillez y modestia la tarea que la Providencia nos ha asignado. Pienso, ante todo, en los padres y en las madres de familia, y ruego para que aprecien siempre la belleza de una vida sencilla y laboriosa, cultivando con solicitud la relación conyugal y cumpliendo con entusiasmo la grande y difícil misión educativa.”  (Benedicto XVI, 19-03-2006)

 “La Tradición, en particular, ha visto en él al trabajador. «¿No es éste el hijo del carpintero?» (Mt 13, 55), exclaman los habitantes de Nazaret ante los prodigios que realiza Jesús. Para ellos es, sobre todo, el carpintero de la aldea, aquel que con el trabajo se expresa a sí mismo, realizándose ante Dios mediante el servicio a los hermanos. También la comunidad cristiana ha considerado ejemplar la historia de san José para todos los que están comprometidos en el amplio y complejo mundo del trabajo. Precisamente por eso, la Iglesia ha querido encomendar a los trabajadores a su protección celestial, proclamándolo su patrono.”

 “La Iglesia, se dirige al mundo del trabajo contemplando el taller de Nazaret, santificado por la presencia de Jesús y José. Quiere promover la dignidad del hombre frente a los interrogantes y problemas, los temores y esperanzas relacionados con la actividad laboral, dimensión fundamental de la existencia humana. Sabe que su misión consiste en «recordar siempre la dignidad y los derechos de los hombres del trabajo, denunciar las situaciones en las que se violan dichos derechos y contribuir a orientar estos cambios para que se realice un auténtico progreso del hombre y de la sociedad.” (San Juan Pablo II, Laborem exercens, 1).

Alcánzanos Madre la gracia de reconocer en el trabajo y las responsabilidades, una participación en profunda comunión con la Cruz Redentora de tu Hijo  y Nuestro Señor. Que por los caminos de la oración con el corazón, vayamos haciendo del trabajo un fruto de la Pascua, donde el Espíritu Santo, que hace nuevas todas las cosas, transforma nuestro trabajo en una colaboración en la acción de Divina, en el cuidado de la creación, en la proclamación de su amor redentor y en la búsqueda de la primacía de la gracia en un Pentecostés, que sea acogido en todos los corazones de la humanidad. Amén


 «Enséñanos, José»

Enséñanos, José,

cómo se es «no protagonista»,

cómo se trabaja sin exhibirse,

cómo se avanza sin pisotear,

cómo se colabora sin manejar,

cómo se ama sin reclamar.

Dinos cómo se vive

siendo el «número dos»,

cómo se hacen cosas formidables

desde un segundo plano.

Dinos cómo, mientras la inmensa mayoría

busca ocupar los más importantes puestos,

son los llamados «segundos lugares»,

en los que se encuentra  nuestra

verdadera y oculta grandeza.

Dinos cómo se vive con dignidad

siendo «no importantes».

Convéncenos de que se puede

y debe ser útil, fiel, efectivo,

hasta héroe,

siendo «no importantes».

Explícanos cómo se es «grande» sin exhibirse,

cómo se lucha sin aplausos,

cómo se avanza sin publicidad,

cómo se persevera y se muere

sin que nos hagan

estatuas u homenajes.

Cómo se hace para ser útil, positivo, generoso

sin necesidad de ser «populares» y todavía más difícil,

cómo se hace para darlo todo, sin desear ser «protagonistas»,

y finalmente así, poder sentir por dentro una paz,

una felicidad, un gozo profundo.

¡Enséñanos, José!


Credo (1 vez), Padre Nuestro, Ave María y Gloria (7 veces)


Oración Final

 Dios, nuestro Padre Celestial, en nombre de Tu Hijo Jesús y junto con María, Reina de la Paz, te pedimos que nos des la gracia de nunca olvidar que Tu nos has creado, que nos amas, que eres misericordioso y que eres el Dios de la paz. Danos la gracia de no olvidar que en Jesucristo, nos ofreciste la salvación, la reconciliación, la liberación del pecado y de todo lo malo. Danos la gracia de abrir nuestros corazones a todo lo que Tú nos ofreces. Te pedimos que bendigas a todos aquellos que han perdido la esperanza, para que nunca olviden que Tú eres nuestro Dios de esperanza. Bendice a todos aquellos que no tienen paz, para que nunca olviden que Tú eres el Dios de la paz. Bendice a todos aquellos que tiene odio en sus corazones para que no olviden que Tú eres el Dios del amor. Bendice a todos aquellos que han perdido el propósito de sus vidas, para que nunca olviden que Tú eres el camino, la verdad y la vida. Bendice a todos aquellos que están enfermos, para que nunca olviden que Tú eres el Dios que desea curar. Bendice a todas las personas y a todas las familias, a toda la Iglesia y al mundo entero, para que nunca olvidemos que Tú eres nuestro Dios y nuestro Padre, y para que sigamos el camino de la paz contigo. Perdónanos, Oh Padre, por olvidar tan fácilmente que Tú estas con nosotros, y perdónanos porque nos resulta muy difícil olvidar lo malo, para que podamos servirte con corazones limpios. Te lo pedimos en nombre de Cristo y junto con María. ¡Bendícenos y danos paz! Amen.

(Fray Slavko Barbaric,  28 de Noviembre de 1999)