San Jose, maestro de la humildad y confianza

San Jose, maestro de la humildad y confianza

16 de marzo de 2021 Desactivado Por admin

Todo lo que hagan por los demás háganlo con gran gozo y humildad ante Dios…


CONSAGRACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.

Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones. 

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén


Oremos

Oh Padre, que a la luz del Espíritu Santo guías a los creyentes al pleno conocimiento de la verdad, concédenos probar la verdadera sabiduría en tu Espíritu y disfrutar siempre de su consuelo. 

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que es Dios, y vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


 CREDO APOSTÓLICO

Creo en Dios Padre, 

Todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo,

Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó entre los muertos,

subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso.

Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable.

Amén.


 CONSAGRACIÓN A SAN JOSÉ  (pidiendo la penitencia final)

San José Consagro Mi Familia terrenal completamente a tu Paternal Protección, para que nos mantengáis en resguardo discreto y seguro en estos tiempos. No permitáis, Amado San José, que ni uno sólo se pierda muriendo sin los ritos sacerdotales y sin tu Amable y amante presencia al lado de cada moribundo de nuestra Familia. Te Confiamos a ti esta, que es el mayor Bien que El Cielo nos ha prestado para juntos alcanzar la Gloria Celestial. Amén.


Mensaje, 25 de noviembre de 1990

“¡Queridos hijos! Hoy los invito a hacer obras de misericordia con amor y por amor a Mí y a sus hermanos y hermanas que también son mis hijos. Queridos hijos, todo lo que hagan por los demás háganlo con gran gozo y humildad ante Dios. Yo estoy con ustedes y día a día ofrezco sus sacrificios y oraciones a Dios por la salvación del mundo. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


 “San José, fue un humilde santo, un humilde trabajador, que fue considerado digno de ser Custodio del Redentor. San Mateo, define a San José con una palabra: “Era un justo” … “’justo’ es el hombre que está inmerso en la palabra de Dios, que vive en la Palabra de Dios, que vive la Ley no como un ‘yugo’ sino como ‘alegría’,vive -podemos decir- la Ley como ‘Evangelio’”.

San José, prosiguió el Santo Padre, “estaba inmerso en la Palabra de Dios, escrita, transmitida en la sabiduría de su pueblo” y de esta manera “estaba preparado y llamado a conocer al Verbo Encarnado”.

“Nos confiamos en este momento -concluyó- a su custodia, recemos para que nos ayude en nuestro humilde servicio. Vayamos adelante con valentía bajo esta protección. Agradecidos por los santos humildes, recemos al Señor para que nos haga a nosotros humildes en nuestro servicio y de esta manera santos en la compañía de los Santos”.  (Benedicto XVI, 20-03-2011)

«José, fiándose de Dios, consiente y coopera al plan de la salvación» y explicó que «ciertamente, la intervención divina en su vida no podía por menos que turbar su corazón. Confiarse a Dios no significa llevar a cabo todo siguiendo nuestro criterio, no significa realizar lo que habíamos proyectado; confiarse a Dios quiere decir vaciarse de sí mismo, renunciar a sí mismo porque solo quien acepta perderse por Dios puede ser ‘justo’ como San José, puede conformar su voluntad a la de Dios y así realizarse».

“El Evangelio no ha conservado ninguna palabra de José, cuya actividad transcurre en silencio. Es el estilo que lo caracteriza durante toda su existencia, sea antes de encontrarse frente al misterio de la acción de Dios en su esposa, sea cuando consciente de este misterio está al lado de María en la Natividad».  (Benedicto XVI, 5 de julio de 2010)

San José confía en Dios cuando escucha al mensajero, al Ángel, que le dice: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo» (Mt 1,20). En la historia, José es el hombre que ha dado a Dios la mayor prueba de confianza, incluso ante un anuncio tan sorprendente.

Sólo Dios podía dar a José la fuerza para confiar en el Ángel. Sólo Dios os dará, queridos hermanos y hermanas que estáis casados, la fuerza para educar a vuestra familia como Él quiere. Pedídselo. A Dios le gusta que se le pida lo que quiere dar. Pedidle la gracia de un amor verdadero y cada vez más fiel, a imagen de su propio amor. Como dice maravillosamente el salmo: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad» (Sal 88,3).

“Si os asalta el desánimo, pensad en la fe de José; si os invade la inquietud, pensad en la esperanza de José, descendiente de Abrahán, que esperaba contra toda esperanza; si la desgana o el odio os embarga, pensad en el amor de José, que fue el primer hombre que descubrió el rostro humano de Dios en la persona del Niño, concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María. Bendigamos a Cristo por haberse hecho tan cercano a nosotros y démosle gracias por habernos dado a José como ejemplo y modelo de amor a Él.”

“Queridos hermanos y hermanas, de nuevo os digo de corazón: como José, no tengáis reparo en llevaros a María con vosotros, es decir no tengáis reparo en amar a la Iglesia. María, madre de la Iglesia, os enseñará a seguir a sus pastores, a amar a vuestros obispos, a vuestros sacerdotes, a vuestros diáconos y vuestros catequistas, a cumplir lo que os enseñan y a rezar por sus intenciones. Los que estáis casados, mirad el amor de José a María y a Jesús; los que os preparáis al matrimonio, respetad a vuestro futuro cónyuge como hizo José; los que os habéis consagrado a Dios en el celibato, pensad en la enseñanza de la Iglesia nuestra Madre: «La virginidad y el celibato por el Reino de Dios no sólo no contradicen la dignidad del matrimonio, sino que la presuponen y la confirman. El matrimonio y la virginidad son dos modos de expresar y vivir el único misterio de la Alianza de Dios con su pueblo» (Redemptoris custos, 20).”

“Quisiera dirigir una exhortación particular a los padres de familia, puesto que san José es su modelo. San José revela el misterio de la paternidad de Dios sobre Cristo y sobre cada uno de nosotros. Él puede enseñarles el secreto de su propia paternidad, él, que custodió al Hijo del Hombre. También cada padre recibe de Dios a sus hijos, creados a imagen y a semejanza de Él. San José fue el esposo de María. A cada padre de familia se le confía igualmente, mediante su propia esposa, el misterio de la mujer. Como San José, queridos padres de familia, respetad y amad a vuestra esposa, y guiad a vuestros hijos hacia Dios, hacia donde deben ir (cf. Lc 2,49), con amor y con vuestra presencia responsable.” (Benedicto XVI, 19 de marzo de 2009)

«Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños» (Papa Francisco, 19 de Marzo, 2013)

Madre Santísima, acoge nuestra súplica, pata que nuestro corazón, herido y enfermo por la soberbia, aprenda de San José tu virginal esposo y de tu Inmaculado Corazón, el lenguaje y los fundamentos sólidos de la virtud de la humildad. Que no solo sean gestos de modestia exterior sino un estado de vida del interior del corazón. Amén.


 «Enséñanos, José»

Enséñanos, José,

cómo se es «no protagonista»,

cómo se trabaja sin exhibirse,

cómo se avanza sin pisotear,

cómo se colabora sin manejar,

cómo se ama sin reclamar.

Dinos cómo se vive

siendo el «número dos»,

cómo se hacen cosas formidables

desde un segundo plano.

Dinos cómo, mientras la inmensa mayoría

busca ocupar los más importantes puestos,

son los llamados «segundos lugares»,

en los que se encuentra  nuestra

verdadera y oculta grandeza.

Dinos cómo se vive con dignidad

siendo «no importantes».

Convéncenos de que se puede

y debe ser útil, fiel, efectivo,

hasta héroe,

siendo «no importantes».

Explícanos cómo se es «grande» sin exhibirse,

cómo se lucha sin aplausos,

cómo se avanza sin publicidad,

cómo se persevera y se muere

sin que nos hagan

estatuas u homenajes.

Cómo se hace para ser útil, positivo, generoso

sin necesidad de ser «populares» y todavía más difícil,

cómo se hace para darlo todo, sin desear ser «protagonistas»,

y finalmente así, poder sentir por dentro una paz,

una felicidad, un gozo profundo.

¡Enséñanos, José!

Credo (1 vez), Padre Nuestro, Ave María y Gloria (7 veces)


Oración Final

 Dios, nuestro Padre Celestial, en nombre de Tu Hijo Jesús y junto con María, Reina de la Paz, te pedimos que nos des la gracia de nunca olvidar que Tu nos has creado, que nos amas, que eres misericordioso y que eres el Dios de la paz. Danos la gracia de no olvidar que en Jesucristo, nos ofreciste la salvación, la reconciliación, la liberación del pecado y de todo lo malo. Danos la gracia de abrir nuestros corazones a todo lo que Tú nos ofreces. Te pedimos que bendigas a todos aquellos que han perdido la esperanza, para que nunca olviden que Tú eres nuestro Dios de esperanza. Bendice a todos aquellos que no tienen paz, para que nunca olviden que Tú eres el Dios de la paz. Bendice a todos aquellos que tiene odio en sus corazones para que no olviden que Tú eres el Dios del amor. Bendice a todos aquellos que han perdido el propósito de sus vidas, para que nunca olviden que Tú eres el camino, la verdad y la vida. Bendice a todos aquellos que están enfermos, para que nunca olviden que Tú eres el Dios que desea curar. Bendice a todas las personas y a todas las familias, a toda la Iglesia y al mundo entero, para que nunca olvidemos que Tú eres nuestro Dios y nuestro Padre, y para que sigamos el camino de la paz contigo. Perdónanos, Oh Padre, por olvidar tan fácilmente que Tú estas con nosotros, y perdónanos porque nos resulta muy difícil olvidar lo malo, para que podamos servirte con corazones limpios. Te lo pedimos en nombre de Cristo y junto con María. ¡Bendícenos y danos paz! Amen.

(Fray Slavko Barbaric,  28 de Noviembre de 1999)