SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE PACIENCIA

SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE PACIENCIA

4 de junio de 2022 0 Por admin

Al Corazón del Divino Niño Jesús por el Materno Corazón de María Reina de la Paz

 





DÍA CUATRO


EL SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE PACIENCIA



¿Deseas, corazón mío, conocer a fondo la inagotable paciencia del Corazón de Jesús? Mírale cómo se dignó manifestarse a su devota Santa Margarita, herido por la lanza, coronado de espinas, clavado en el centro de la cruz. He aquí las insignias del Sagrado Corazón, he aquí su escudo de armas.
Se diría que para eso sólo vino al mundo, para padecer.
¿Y qué padece? Dolores crudelísimos así en el cuerpo como en el alma. En el cuerpo pobreza, persecución, azotes, bofetadas, espinas, cruz. En el alma perfidias, ingratitud, tristezas, agonías, abandono de los suyos. Tal es la amarga historia de su vida pasible y mortal.
¿Y cómo padece? Callando, sin soltar la menor queja, sin mostrar iracundo el rostro, sin manifestarse cansado por tanto sufrir. Aun hoy en este Santísimo Sacramento, si pudiera padecer, no sería el sagrario para Él un trono de gloria, sino un Calvario de nuevos e ignorados dolores.
Mira si no cómo le tratan los hombres. ¡Con qué odios le blasfeman unos! ¡Con qué desprecio le miran otros! ¡Con qué frialdad y negligencia la mayoría! ¡Con qué tibieza los mismos que se dicen amigos suyos! ¡Cuán pocos con verdadero amor!
¡Pobre Jesús mío, tan sufrido y tan paciente! Enséñale a mi enfermo corazón el secreto de esta heroica paciencia.



Mensaje, 25 de octubre de 1988

“¡Queridos hijos! Los invito a vivir diariamente los mensajes que Yo les doy, especialmente, queridos hijos, porque deseo acercarlos más al Corazón de Jesús. Queridos hijos, hoy los invito a la oración dirigida a mi queridos Hijo Jesús, a fin de que cada uno de sus corazones sean de El y además los invito a consagrarse a mi Corazón Inmaculado. Deseo que ustedes se consagren personalmente, como familias y como parroquias, de tal modo que todos ustedes le pertenezcan a Dios a través de mis manos. Por tanto, queridos hijitos, oren para que ustedes puedan comprender la grandeza de este mensaje que les doy. Yo no quiero nada para mí, sino todo por la salvación de sus almas. Satanás es fuerte y, por tanto, queridos hijitos, ustedes, por medio de la oración constante, apriétense fuertemente a mi corazón maternal. Gracias por haber respondido a mi llamado!”



San Claudio de la Colombiare:

   

SERÁ CONDUCIDO COMO UNA OVEJA, QUE LLEVAN AL MATADERO: Y NO HABLARÁ MAS, QUE LO QUE HABLA UN CORDERO EN PRESENCIA DE AQUEL, QUE LE ESQUILA, QUE NO DESPEGA SUS LABIOS.


Entre todas las virtudes, que Jesucristo practicó en su Pasión dolorosa, la que mas se manifestó fue su paciencia; y podemos decir, que de todas ellas, el ejemplo de esta nos fue el más necesario. Estamos obligados a padecer, desde el punto en que nacimos, hasta la muerte: todas las edades, todos los estados, y todas las complexiones tienen sus males.

Tenemos que sufrir de las criaturas, aún de las más insensibles; de todos los hombres, sean superiores, iguales, o inferiores; de nuestros enemigos, de nuestros amigos, y de nosotros mismos. Y quien podrá mantenerse firme, y constante en medio de tanta tormenta? Nada es más oportuno, y eficaz para alcanzar esta dichosa disposición, que el ejemplo de Jesucristo.

Se manifiesta la impaciencia por la lengua: se conoce por la inmutación del rostro, y se demuestra por los movimientos del corazón. La paciencia modera los desaciertos de estas tres partes: doma la lengua, con el silencio: compone el rostro, con la serenidad: y calma el corazón, con la mansedumbre.

Mirad a Jesús en cualquiera de los lances de su Pasión, desde su prendimiento, hasta el punto en que expiró, y le veréis hecho un modelo de paciencia: en todas partes es como un Cordero inocente, y una humilde Oveja: siempre le hallaréis mudo, pacífico, y lleno de mansedumbre.

Jesús se vio en su Pasión dolorosa en unas circunstancias, en que es muy difícil guardar el silencio. Le calumnian de injusticias notorias: deponen contra él las más denigrativas, y falsas acusaciones: le hacen padecer las más crueles, e inhumanas indignidades: y es, sin duda, un prodigio grande, que las pueda sufrir, sin proferir una sola palabra.

Padece, además de esto, tan excesivas crueldades, que su violento dolor debiera obligarle a romper el más heroico silencio; pero no se le oye una voz, ni una queja. Mil testigos claman, gritan, y se levantan contra él: le acusan sin pruebas, sin razón, ni apariencia de ella: los testimonios se contradicen, y se destruyen unos a otros: Jesús autem tacebat, ego autem non contradico: teniendo los mayores motivos para responder, callaba Jesús, y nada oponía en su defensa. Había venido al mundo, para promover, y procurar la gloria de su Padre: para sostener su doctrina, para evitar el escándalo, y la injusticia; y con todo, se expone a perder con el silencio el fruto de sus trabajos. Los Sacerdotes le mandan, Pilatos le examina, Herodes le pregunta: Jesús autem tacebat; pero a todo callaba. No hubiera pecado levemente en responder con edificación; pero su silencio vale infinitamente mas, que hubiera valido en aquella ocasión su defensa.

O admirable silencio, cuan bien practicado estáis, y qué bellas lecciones me estáis ofreciendo! Enmudecéis, Señor, Vos, que sois el Verbo del Eterno Padre? En medio de tantas injurias, y en una ocasión tan importante? Qué pretextos podré alegar en adelante, para defender mis murmuraciones, mis quejas? ¿Cómo las podré justificar?

Un Alma, que desea imitar a Jesucristo se defiende, fortalecida de su gracia: lo primero, con la humildad, porque cree que merece todo desprecio: lo segundo, con el deseo, que tiene de padecer; porque entonces, los mayores trabajos, le parecen ligerísimos, y casi no hace aprecio de ellos: lo tercero, con el respeto, que tiene a la voluntad de Dios: y lo cuarto, al fin, con el temor de perder su tesoro. O cuan preciosa es una Cruz oculta, y toda interior!