Sustento nuevo para nuestras familias

Sustento nuevo para nuestras familias

22 de diciembre de 2021 Desactivado Por admin

Viviendo según un corazón recto y transformado, completamente colmado del amor de Dios


Mensaje, 25 de octubre de 2004

“¡Queridos hijos! Este es un tiempo de gracia para la familia y por eso los invito a renovar la oración. Que Jesús esté en el corazón de vuestra familia. Aprendan, en la oración, a amar todo lo que es santo. Imiten la vida de los santos, que ellos sean para ustedes un incentivo y maestros en el camino de la santidad. Que cada familia se convierta en testigo del amor en este mundo sin oración ni paz. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! 

En España, por ejemplo,  de un 30% del total de los matrimonios de la Iglesia, la mitad acaban en divorcio. Es decir, hoy, el panorama de la familia en nuestra sociedad esta tremendamente amedrentado.. No nos damos cuenta pero, ¿qué puede ocurrir dentro de 20 ó 40 años en una sociedad en la que la mayor parte de las familias están rotas o recompuestas? Todavía no lo sabemos.


Lo que ocurre es que la familia, por unas serie de razones, está perdiendo no sólo su capacidad de evangelización sino, más profundamente, su capacidad de educación. Los padres están muy poco tiempo con los hijos. Hablan poco con los hijos. Educar es una cuestión de amor y de confianza. No se trata de amedrentar. Se trata de convencer, se trata de que el niño, la niña, el joven vaya asimilando y vaya haciendo suyos los mejores criterios de comportamiento que la vida cristiana le puede ofrecer. Para eso hace falta ganarse la confianza con amor, con generosidad.


Falta tiempo, falta comunicación y, además, se utiliza un método falso que es la complacencia. Educar no es  abandonar la misión y dar a otro la responsabilidad. Educar es ayudar a crecer. Si no miras hacia arriba, con todas las perspectivas de tu vida, el horizonte de la fe en tu realidad familiar  no crece. Somos muy inconsecuentes  y  nuestra falta de coherencia en la vida cotidiana nos quita autoridad para educar. Y eso es, en buena parte, perder la capacidad educativa. Por tanto, no es que solamente las familias no tengan ejemplaridad religiosa, es que no tienen capacidad de vida de Dios en sus corazones. Y aveces, volcarnos en una tarea evangelizadora puertas afuera es el refugio para escapar de la secularización que hemos permitido puertas adentro.


 ¿Cómo se hace? Viviendo como creyentes, más que como estrategas diligentes. Viviendo según un corazón recto y transformado, completamente colmado del amor de Dios, amando  la vida de gracia y dejando todo lo que sea contradictoria con ese amor. No hay otro sistema que el de la propia  conversión, en lo grande, público y visible para con el resto de la cofradía, como en lo pequeño, en aquello que solo ven los hijos, el conjugue, el trabajador o vecino.  Si la oración, el ayuno y los sacramentos no te hacen mirar con humildad, confianza y compasión a quien comparte el espacio de tu vida en cada segundo, y no hace que tus gestos, tendencias y decisiones, sean manifestación de una recta intención y transparencia, es probable que nada de lo que estas haciendo sea con el corazón, y por lo tanto, están dando la cátedra como una campana vacía por dentro. Haces ruido pero no es creíble el contenido de la campanada.  Si los padres no actúan, no hablan y no deciden desde el corazón transformado por Jesús, tampoco están rezando con el corazón.  Y no es solo un tema de empatía sensible con lo espiritual, sino de una conducta cristiana constante y coherente, también ante lo que no nos simpatiza. 

De lo contrario, hijos aprenderán una serie de estrategias, conductas y respuestas condicionadas a lo que les conviene y no según la verdad trascendente, el bien objetivo, o la virtud cristiana.

Nadie como la Virgen Santísima tiene tanta experiencia y virtudes en relación a la vida familiar. Vivió la comunión con Dios Uno y Trino, en plenitud y de un modo sublime, por medio de la Maternidad con el Verbo de Dios Encarnado, que la llevó a vivir la pascua con Cristo resucitado, que finalmente la llamó a reinar. Comenzó sirviendo humildemente y terminó reinando en el Cielo.

 «Por eso las palabras de María son claras y simples y se refieren a nuestra vida cotidiana, a nuestras relaciones en la familia, en que nace y se educa la vida del hombre. Por eso para María como madre, la familia es de de grave importancia. “Nadie está más cerca de los padres que sus hijos. Su amor hacia los hijos los impulsa a cumplir la primera y más grande responsabilidad de los progenitores – la educación de sus hijos. Esa responsabilidad es más grande que todas las tareas profesionales y oficiales, que todas las tentativas de hacer carrera en la sociedad. San Pablo decía: “El que no se ocupa de los suyos, sobre todo si conviven con él, ha renegado de su fe y es peor que un infiel.” (1 Tim 5,8) María es para nosotros un ejemplo de educación y un modelo de vida familiar. María lleva en su corazón un tesoro que desea entregar también a nosotros. Los Evangelios testimonian: “Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.” (Lc 2,19) El mismo evangelio destaca: “Su madre conservaba estas cosas en su corazón.” (Lc 2,51) En María tenemos ese tesoro maravilloso de la sabiduría de Dios que Ella nos desea dar a nosotros y a nuestras familias. El modo de educar de María en el ámbito de los hechos humanos fue, mirado desde fuera, tan común que nadie en Nazaret pudo vislumbrar al Mesías y a Dios en el Hijo de María. María era exteriormente tan común como lo son sus mensajes en los cuales se esconde la vida de Dios para nosotros. Mirado desde dentro, el modo de educar de María fue inusual en su simplicidad, perfecto en todos los aspectos y procedimientos, puesto que estaba consciente de que estaba educando humanamente al Santo de los Santos. Para tal educación necesitaba tener un corazón perfecto y un alma en armonía, y de eso no carecía la Inmaculada y la Llena de gracia.» (Padre Ljubo Kurtovic, 26.10.2004)

Por eso, es de vital importancia renovar nuestra oración, desde el corazón, de modo que sea una nueva oración, que nos de fruto de una continua renuncia, para ir tomando decisiones y dando pasos que nos aproximen al Corazón de Jesús, al testimonio de María y el ejemplo de rectitud de San José.

Solo desde una vida temporal y espiritual vividas desde un corazón renovado seremos educadores con sabia nueva para la vida plena de nuestros hijos y de nuestras familias.