¡Recuperó el habla!

¡Recuperó el habla!

22 de diciembre de 2020 Desactivado Por admin

Novena litúrgica.

Nueve días para preparar el pesebre en nuestro corazón.

VEN SEÑOR JESÚS 


Día 8   ¡Recuperó el habla!

Dice el libro de Isaias (45, 8): “Envíen los cielos el rocío de lo alto, y las nubes derramen la justicia. Abrase la tierra y brote el Salvador”.   Con confianza te imploramos, Señor, que derrames tu gracia en nuestros corazones, y ya que hemos conocido por el anuncio del Ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo, condúcenos por su Pasión y su Cruz, a la gloria de la resurrección.  Que cuanto más se acerca el alegre día de la salvación, tanto más se acreciente nuestro fervor para celebrar dignamente el misterio del nacimiento de tu Hijo. Amén.


Leamos el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 1, 57-66. 80

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: “No, debe llamarse Juan”.

Ellos le decían: “No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre”.

Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Éste pidió una pizarra y escribió: “Su nombre es Juan”.

Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: “¿Que llegará a ser este niño?” Porque la mano del Señor estaba con él.

El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.


Reflexionemos: El Señor quiso retardar el parto de Isabel para que aumentase la alegría y aquella mujer se hiciese más célebre. Por lo cual sigue: «Y oyeron sus vecinos». Los que habían conocido su esterilidad fueron testigos de la gracia divina. Ninguno se marchaba en silencio después de haber visto al infante, sino que alababan a Dios porque lo había concedido de un modo inesperado. Así como los que se asocian con los reyes son los que están más cerca de ellos, así San Juan, siendo amigo del esposo, fue quien precedió de cerca su venida. Esto es lo que se añade: «Porque irás delante del Señor a preparar sus caminos». Otros profetas anunciaron con mucha anticipación el misterio de Cristo, pero éste lo anunció tan inmediato, que él mismo lo vería y daría a conocer a los demás.  (San Juan Crisóstomo)

Dios, bueno y fácil en perdonar los pecados, no sólo restituye lo quitado, sino que concede además bienes inesperados. Ninguno, pues, desconfíe. Ninguno, recordando sus antiguos delitos, desespere de los premios de Dios. Dios sabe mudar su sentencia si tú sabes enmendar tu pecado. Por ello se dice: «Y Zacarías fue lleno del Espíritu Santo».  (San Ambrosio)


La Reina de la Paz nos llama:

“¡Queridos hijos! Deseo compartir con ustedes mi gozo. En mi Corazón Inmaculado siento que son muchos los que se me han acercado y que llevan de una manera especial en sus corazones la victoria de mi Corazón Inmaculado, al orar y convertirse. Deseo agradecerles y alentarlos, para que con el amor y la fuerza del Espíritu Santo trabajen aún más para Dios y Su reino. Yo estoy con ustedes y los bendigo con mi bendición maternal. (Gracias por haber respondido a mi llamado!”   (Mensaje, 25 de agosto de 2000)


Oremos con el Padre Slavko:

“Jesús habla sobre una alegría que es posible durante el sufrimiento y la persecución porque nuestros nombres ya están escritos en el Cielo, y esto es lo que nos da la verdadera alegría. La alegría en sí misma es algo que uno siempre debe desear compartir con los demás, de hecho debe compartirse. Si una persona esconde su alegría en su corazón, entonces ya la ha perdido. Si alguien se comporta egoístamente con su alegría, entonces esa alegría no es en absoluto la verdadera alegría. María quiere compartir su alegría con nosotros y por eso debemos estar abiertos a esta alegría y también pedir a Dios que esa alegría que María tiene en Su corazón entre también en nuestros corazones.”  (Fray Slavko, Medjugorje)


Credo (1), Padre Nuestro, Ave María y Gloria (7 veces).