¿Qué significa que María diga que está ‘contemplando y viviendo la Pasión’ de su Hijo?

¿Qué significa que María diga que está ‘contemplando y viviendo la Pasión’ de su Hijo?

7 de abril de 2022 0 Por admin

De los comentarios del Padre Slavko Barbaric.


Mensaje, 25 de febrero de 1999

“¡Queridos hijos! También hoy estoy con ustedes, de una manera especial, meditando y viviendo en mi corazón la Pasión de Jesús. Hijitos, abran sus corazones y denme todo lo que tienen dentro: las alegrías, las tristezas, cada dolor, hasta el más pequeño, para poder ofrecerlos a Jesús, a fin de que El, con su infinito amor, queme y transforme sus tristezas en el gozo de Su Resurrección. Por eso, hijitos, los invito ahora de manera especial para que sus corazones se abran a la oración, de modo que a través de la oración, lleguen a ser amigos de Jesús. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”


Cuando Ella vive la Pasión de Jesús, significa que está sufriendo; pero, por otro lado, sabemos que en el Cielo no hay sufrimientos. Está escrito que en el Cielo no hay luto, ni llanto, ni dolor, ni siquiera la más leve traza de dolor – sólo el gozo eterno y la paz eterna. Entonces, ¿cómo hemos de entender sus palabras? Si queremos encontrar una respuesta a esta pregunta, debemos recordar que en diversas ocasiones y también en Medjugorje, los videntes han dicho que María estaba triste, o que al tercer día de sus apariciones, el 26 de junio de 1981, cuando se apareció con una cruz (lo que seguramente todos sabemos), Ella lloró y dijo «paz, paz, paz y sólo paz – tiene que haber paz entre Dios y el hombre…». Tiempo después, nos invitó a orar y a ayunar, porque a través del ayuno y de la oración incluso la guerra y los desastres naturales pueden detenerse. También recordamos las lágrimas de María en Siracusa y en varias otras apariciones así como las experiencias de varios místicos, que vieron sufrir a Jesús etc. Puede que sea difícil elaborar una clara respuesta teológica a esta pregunta, pero hay otra dimensión en la que podemos entender todo. La Iglesia es una comunidad integrada por la Iglesia gloriosa, purgante y peregrina; la gloriosa está en el Cielo, la purgante en el Purgatorio y la peregrina aquí en la tierra. Hay una correlación entre ellas, en el sentido de que la Iglesia gloriosa, está por supuesto íntimamente ligada con la Iglesia peregrina y la Iglesia peregrina, es decir, nosotros en la tierra, podemos ayudar a la Iglesia purgante por medio de nuestras oraciones y sacrificios. Estas tres realidades no están separadas unas de otras, sino que simplemente están interconectadas en el amor y a través del amor. Y cuando hay amor, uno siente compasión y, como dice San Pablo, cuando sufre alguno de los miembros de la Iglesia, la Iglesia entera sufre o cuando alguno de los miembros del cuerpo sufre, el cuerpo entero sufre. Así pues, María, a través de su contemplación y su vivencia de la Pasión de su Hijo Jesús, es de hecho un ejemplo para que nosotros hagamos lo mismo. Ella está con nosotros, como nuestra Madre y Maestra y quiere enseñarnos cómo debemos vivir la Cuaresma y lo que este tiempo debe significar para nosotros. Cuando decidimos contemplar y vivir la Pasión de Jesús, nos acercamos a María y a Jesús mismo. De este modo, este tiempo de Cuaresma será más significativo para nosotros y éste es realmente el camino hacia la Resurrección. María continúa su mensaje…

Nuestra decisión por orar es un paso importante, pero no lo es todo. En la oración debemos abrirnos, como dice María. No podemos abrir nuestro corazón así como así, no existe una llave para ello; pero sí podemos crear las condiciones para que esto sea posible. La primera y más importante condición para abrir nuestro corazón es tomarnos el tiempo, a fin de crear las condiciones necesarias para la oración: preparar un lugar en nuestra casa, con una cruz, una imagen, una Biblia y un rosario donde podamos orar sin ser molestados por el mundo exterior. Y luego, hay que apartar regularmente un tiempo diariamente para hacer oración. Esto es lo que nosotros podemos hacer. Ciertamente, no podemos mantener un control absoluto sobre nuestros pensamientos y sentimientos, sobre lo que recibimos o no recibimos y, por tanto, no debemos preocuparnos por esos momentos en los que nuestra mente parezca ausente, cuando nos sentimos vacíos, cuando no sentimos nada – eso no depende de nosotros. Esto simplemente sucede cuando oramos regularmente. María invitó también a las familias a renovar la oración. En esta época de Cuaresma, debemos escuchar realmente este mensaje, porque si la familia no ora, sus miembros no tendrán una educación religiosa.

LAS ALEGRIAS, LAS TRISTEZAS, CADA DOLOR, HASTA EL MAS PEQUEÑO

La alegría significa en general algo bueno; la tristeza significa también todo lo que nos hace sufrir. Aquí seguramente podemos añadir nuestro egoísmo, nuestro orgullo, todos esos sentimientos negativos que nos causan dolor, pero también nuestros pecados y las consecuencias del pecado. La persona que se abre y es capaz de dárselo todo a María, seguramente será purificada y renovada en su ser interior. Espero que todos hayamos experimentado esto, cuando algo nos pesaba en el corazón y fuimos capaces de compartirlo con otra persona – especialmente con Dios -, sintiéndonos aliviados después, volviendo el gozo y la paz a nuestro corazón.

Aquí debemos ser conscientes también del hecho, de que debemos dar a María lo bueno y también lo malo; esto es, que debemos despojarnos de todo a fin de ser libres para Dios. Esto podemos formularlo así: cuando nos ‘aferramos’ a algo bueno, también esto puede ser un impedimento en nuestro camino con María a Jesús; por ejemplo, si hice algo bueno ayer, si perdoné; pero si hoy he sido herido de nuevo y no quiero perdonar porque ya lo hice ayer, entonces la buena obra de ayer me impide realizar las obras de hoy y eso no está bien. Cuando lo bueno nos impide proseguir nuestro camino, es porque hay en nosotros un espíritu de fariseísmo que ciertamente debemos y tenemos que combatir. Por supuesto que también el mal puede impedirnos seguir adelante. Y es que cuando tenemos problemas, fácilmente perdemos la confianza y la voluntad para continuar, así como el valor para volver a comenzar. El corazón debe estar libre de [cualquier apego a] lo bueno y lo malo y por eso es tan importante, en la espiritualidad de María, que entendamos lo siguiente: el día debe terminar cuando éste termina; esto es, si hubo cosas buenas, demos gracias por ellas, entreguémoslas a Dios y olvidémoslas; si hubo cosas malas, perdonemos, pidamos perdón, entreguémoslas a Dios y a Su misericordia y olvidémoslas. Esto, a fin de ser capaces de comenzar el nuevo día que Dios nos concede con libertad y amor. De igual forma, el día no debe comenzar antes de que de hecho comience; es decir que no debemos vivir el hoy aprisionados por el miedo al mañana, viviendo por tanto en constante ansiedad. Esto en nada nos ayuda y nos hace aún más difícil vivir el hoy. Es justamente lo que Jesús dice, que cada día tiene sus propios afanes y cruces. Por eso, si comenzamos a trabajar entregando cada día a María, como Ella nos invita a hacerlo, seremos libres y por tanto, seremos más sensibles a la voluntad de Dios y veremos y sentiremos también con más claridad a las personas que nos rodean, estando más dispuestas a ayudarlas. María prosigue diciendo en su mensaje lo que Ella hará con aquello que le entreguemos…

QUE SUS CORAZONES SE ABRAN A LA ORACION, DE MODO QUE A TRAVES DE LA ORACION, USTEDES LLEGUEN A SER AMIGOS DE JESUS

Según este mensaje, el propósito último de nuestra oración es llegar a ser amigos de Jesús y no olvidemos que la oración es un encuentro con Jesús. Sin embargo, a fin de llegar a ser amigos de Jesús y permanecer así, debemos desterrar de nuestra oración todo egoísmo y soberbia. El egoísmo y la soberbia son los peores enemigos de cualquier amistad. Si alguien sólo viene a nosotros cuando necesita algo, siendo egoísta y soberbio, difícilmente estaremos dispuestos a establecer una amistad y a vivir en amistad con él. Lo mismo sucede con Jesús y nosotros. Si sólo oramos por razones egoístas cuando necesitamos algo, seguramente no hemos obtenido todo lo que pedíamos y esperábamos. El egoísmo produce enojo, lo cual a su vez produce ira, oposición y desconfianza. Y es que cuando una persona egoísta no obtiene lo que quiere, interiormente se vuelve cada vez más insatisfecha e infeliz. Para ser capaces de vivir esta amistad con Jesús, debemos, por tanto, orar para ser liberados del egoísmo, a fin de ser libres en nuestra oración, de tal modo que después de haberle pedido algo a Jesús, podamos decir con libertad, amor y confianza: «¡Hágase Tu voluntad!». Si realmente tomamos esto en serio y lo hacemos de corazón, nuestra amistad con Jesús crecerá, porque sabremos que El hace lo que es mejor para nosotros, incluso cuando no obtengamos lo que hayamos pedido. Así, al final de este mensaje, María nos enseña también que debemos comenzar una nueva y buena relación con Ella y con Jesús mismo. Ella nos da la esperanza de que todo se transformará entonces verdaderamente en la gloria de la Resurrección, en el gozo y la paz eternas. Oremos, pues, por esta intención…


Fray Slavko, Medjugorje, Febrero 29, 1999

Fuente: Medjugorje.ws