¿Qué ES LA MURMURACION?

¿Qué ES LA MURMURACION?

22 de agosto de 2022 0 Por admin

«Hoy les ruego poner fin a las murmuraciones»


Mensaje, 12 de abril de 1984

“¡Queridos hijos! Hoy les ruego poner fin a las murmuraciones y orar por la unidad de la parroquia, porque yo y mi Hijo tenemos un plan especial en relación con esta parroquia. Gracias por haber respondido a mi llamado!

• Traducción castellana usa la palabra “chismoso”. La palabra hebrea significa “difamador, llevador de cuentos”
• Hablar entre dientes manifestando queja o disgusto por alguna cosa.
• Hablar mal de alguien a sus espaldas.
• Conversación en perjuicio de un ausente.

La murmuración es un pecado:

“Hermanos, no murmuréis los unos de los otros” (Santiago 4:11).

“Haced todo sin murmuraciones y contiendas” (Filipenses 2:14).
“…todo hombre sea pronto para oír, tarde para hablar, tardo para airarse…” (Santiago 1:19)

Los creyentes maduros tienen dominio sobre su lengua con la ayuda del Espíritu Santo, “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5).

El derecho a la buena fama es natural en el hombre.
Todo ser humano tiene derecho a su buena fama, pues nadie ha d ser tenido por malo hasta que sea evidente que lo es. Por eso la injusta difamación de una persona es un pecado contra la estricta justicia, y obliga, en conciencia, a restituir.

En materia de murmuración es posible llegar a pecado grave si se quita la fama, aunque las cosas que se dicen sean verdaderas, si son graves y no son públicas; a no ser que haya causa que lo justifique, como sería evitar un daño.

Además, muchas veces, después, no se puede restituir bien la fama que se ha quitado.

Pasa como cuando se derrama un cubo de agua, que nunca se puede recoger de nuevo toda el agua.

Quien con sus preguntas, interés, etc., induce eficazmente a otro para que difame injustamente al prójimo, peca, grave o levemente, contra la justicia, según la gravedad de lo que se diga.

Quien al oírlo se alegra, peca contra la caridad.

Quien pudiendo impedirlo, no lo hace, peca si es un superior: por ejemplo, el padre en la familia.

Un igual generalmente no tiene obligación de impedirlo, al menos obligación de pecado grave.

Y si prevé que su intervención sólo ha de servir para empeorar la cosa, es mejor no decir nada; pero desde luego, tampoco puede dar muestras de aprobación a la falta.

Se puede mostrar desagrado guardando silencio, no prestando atención, e incluso defendiendo o excusando al prójimo, si esto no es contraproducente.

Dice San Bernardo: «La lengua es una lanza que de un solo golpe atraviesa tres personas: la que murmura, la que escucha y aquella de quien se murmura».

Hay personas que tienen el mal gusto de estar siempre revolviendo los defectos de los demás: se parecen a los escarabajos peloteros.

En cambio, en una ocasión oí este elogio de cierta persona: «Siempre habla bien de todo el mundo». ¿Verdad que esto segundo es mucho más bonito?

Siempre que puedas, elogia lo digno de elogio.

A todo el mundo le gusta verse estimado.
Y, además, todos tienen derecho a que se les reconozcan sus méritos. Hay que saber ver el lado bueno de las cosas.

No deberíamos hablar mal de nadie. A no ser con causa justificada, como sería al aconsejar a otro, prevenirle, etc. No es falta de caridad atacar al lobo, sino caridad con las ovejas.

Eso de «piensa mal y acertarás», aunque a veces dé resultado, es muy poco cristiano.

Es mil veces mejor esto otro: «piensa bien de todos mientras no tengas razones claras que justifiquen el pensar mal».

Aparte de que «la experiencia nos enseña que el hombre más mentiroso dice mayor número de verdades que de mentiras, y que el más malvado hace muchas más acciones buenas o indiferentes que malas»60 .

Por eso dijo Jesucristo: «No juzguéis y no seréis juzgados»61.

Se trata naturalmente de un juicio ligero.

«No se han de juzgar sin motivo desfavorablemente las acciones de los demás o las intenciones de ellas»62 .

Es muy difícil juzgar con justicia a los demás.

Las apariencias, a veces, engañan.

La verdad queda oculta en el corazón.

Y sólo Dios conoce el corazón de los hombres.