Pongan al Niño Jesús recién nacido, en el primer lugar de vuestra vida…

Pongan al Niño Jesús recién nacido, en el primer lugar de vuestra vida…

1 de enero de 2022 0 Por admin

El decidirse por Dios es la condición principal para que podamos decidirnos por la paz…


Mensaje, 25 de diciembre de 1999

“¡Queridos hijos! Este es un tiempo de gracia. Queridos hijitos, hoy de una manera especial con el Niño Jesús que llevo en mis brazos les doy la posibilidad de dicidirse por la paz: Por vuestro Sí a la Paz y vuestra decisión por Dios, se abre para vosotros una nueva posibilidad de paz. Solamente así, hijitos, el tiempo de este siglo, será para vosotros un tiempo de paz y de prosperidad. Por eso, pongan al Niño Jesús recién nacido, en el primer lugar de vuestra vida y El les conducirá por el camino de la salvación. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”


ESTE ES UN TIEMPO DE GRACIA

Nunca debemos olvidar lo que esto realmente significa. Desde el punto de vista de Dios cada momento desde el principio hasta el fin de los tiempos es un tiempo de gracia porque Él siempre nos amó infinitamente e incondicionalmente y no puede ser más misericordioso hoy de lo que fue ayer, ni ser más misericordioso mañana de lo que fue hoy. Todas nuestras oraciones, y todo lo que hacemos no contribuyen a que Dios tenga más misericordia o más amor, sino que cuando nosotros oramos, ayunamos y nos confesamos ayudamos a Dios a darnos más gracias y Él desea hacer esto todo el tiempo. Por eso, el tiempo de gracia es cuando las personas responden y comienzan a buscar a Dios. Todo este tiempo desde que comenzaron las apariciones el 24 de junio de 1981, hasta hoy ha sido un tiempo de gracia porque muchas personas han respondido y muchos han encontrado el camino de regreso hacia Dios a través de Medjugorje. Es así que Dios ha abierto para Medjugorje un tiempo de gracia. La enorme cantidad de personas que han abierto sus corazones a Dios constituye en sí mismo la mayor de las gracias. ¿Cuántas personas han comenzado a orar gracias a Medjugorje? ¿Cuántas personas han descubierto la Santa Misa y la Confesión? Y al volver a Dios de esta manera ellos han cambiado sus vidas y sus relaciones con los demás por las gracias que han recibido allí y especialmente dentro de sus familias. Esto también nos da la esperanza necesaria para el Año Nuevo y para cada día del siglo entrante. Pidámosle a Dios muy conscientemente que nos libre de todo lo que obstaculice la búsqueda de la aceptación de Sus gracias. Es por ello, que debemos preguntarnos en primer lugar cuál es nuestra meta. La meta de todos es vivir en paz. La segunda pregunta es, ¿qué utilizamos para alcanzar esa meta? Si tomamos los métodos que utiliza el mundo para alcanzar sus metas, entonces nunca tendremos paz, por eso debemos decidirnos a utilizar los medios de Dios para alcanzar la verdadera paz. Las siguientes líneas del mensaje nos dicen cuales son las principales condiciones para alcanzar la paz.

HOY DE UNA MANERA ESPECIAL CON EL NIÑO JESUS QUE LLEVO EN MIS BRAZOS LES DOY LA POSIBILIDAD DE DECIDIRSE POR LA PAZ

Todos sabemos que Ella primero se presentó como la Reina de la Paz y en muchos mensajes nos llamó a la paz, nos pidió que nos decidiéramos por la paz y nos invitó a que oremos por la paz. Es porque Ella está con nosotros y ora por nosotros que podemos tan fácilmente decidirnos por la paz. Al presentarse como Reina de la Paz tocó los anhelos más profundos de nuestros corazones y del mundo. Medjugorje permanece tan actual precisamente porque solamente concierne a la paz, pero también hay que decir que…

POR VUESTRO SÍ A LA PAZ Y VUESTRA DECISIÓN POR DIOS, SE ABRE PARA VOSOTROS UNA NUEVA POSIBILIDAD DE PAZ

Decir «si» a la paz significa decir «si» al amor incondicional, al perdón incondicional, a la reconciliación incondicional, y a pedir perdón incondicional y aceptar el perdón incondicional. Ese es nuestro «si» a la paz. El anhelo de paz es una constante y es así porque nos es dado, pero siempre debemos luchar por la decisión por la paz. Decidirse por la paz implica decidirse por el amor incondicional, por la justicia incondicional, y por ser incondicionalmente bueno. Por ello, es decidirse por un nuevo corazón que siente por las personas como son y luego se acerca a las personas con el Amor de Dios y con la Luz de Dios. El decidirse por Dios es la condición principal para que podamos decidirnos por la paz. Porque aquellos que no se deciden por Dios y por lo que Él dice y desea enseñarnos terminarán en un vacío, no tendrán un propósito y una base y así nunca podrán alcanzar la paz. El decidirse por Dios significa conocer Su Palabra, creer en Su Palabra, creer en Su amor y siempre creer que Él realmente entra en nuestras vidas, y está activo en nuestras vidas. Por eso, es muy importante que nosotros busquemos aquellos que aún está presente en nuestras vidas que impide que nos decidamos más por Dios. Siempre encontramos la misma respuesta para esto, nuestro egoísmo, nuestro orgullo y nuestra actitud hacia el mundo, y al actuar de este modo comenzamos a buscar la paz por el camino equivocado y utilizando los medios equivocados. El mundo es muy seductor con todo lo que ofrece. Cuando nos ofrece paz, en realidad nos ofrece diversión y la diversión siempre es a costa de otros, y así nos destruye y finalmente destruye a los demás. Basta con pensar en un alcohólico, un drogadicto o alguien que a tomado algún otro mal hábito, siempre concierne la misma búsqueda de paz. Y esto es lo que también seduce. Aquel que no se decide por el camino difícil de la paz nunca la alcanzará, y por los tanto nunca se decide por Dios. A través de la oración, el ayuno, la Confesión y la asistencia a la Santa Misa e inclusive el tiempo dedicado a la Adoración, nuestros corazones se mantendrán firmes en Dios y firmes en la paz, y así podremos resistir las tentaciones de este mundo. Luego María dice…

SOLAMENTE ASÍ, HIJITOS, EL TIEMPO DE ESTE SIGLO SERÁ PARA VOSOTROS UN TIEMPO DE PAZ Y DE PROSPERIDAD

No debemos cansarnos de pensar que lo que suceda en este tiempo nuevo realmente depende de nosotros. Todos nosotros queremos la paz y por lo tanto esperamos tiempos mejores. Este último siglo estuvo marcado por una enorme cantidad de guerras, una enorme cantidad de injusticias por la que millones y millones de personas murieron por causa de estas guerras. Hubo millones y millones de refugiados e innumerables persecuciones solamente por causa del apoyo a sistemas totalitarios, y todas estas heridas han permanecido y son un verdadero peligro para el individuo y para todas las naciones y para el mundo entero. La prosperidad material de occidente también ha generado un gran distanciamiento entre el hombre y Dios, y esto por ejemplo, ha permitido que se produzcan millones y millones de abortos con las consecuentes heridas en la sociedad. Solamente con la firme decisión por Dios podremos hacer de este tiempo un tiempo de paz y prosperidad. Simplemente no seremos víctimas de las muchas tentaciones de este mundo y esperaremos que alguien nos traiga la verdadera paz, algo que todos realmente esperamos. Para alcanzar la verdadera paz, debemos escuchar a María, Reina de la Paz, y hacer lo que nos pide. No debemos esperar que los demás hagan algo, sino que nosotros mismos debemos comenzar a hacer todo lo que podemos para alcanzar esta paz que María nos ha prometido si la escuchamos. Si esperamos que la paz venga a través de los demás, siempre estaremos desilusionados, pero si nos decidimos y actuamos por nuestra propia paz y por el amor en nuestros corazones, entonces tendremos cada vez más trabajo que hacer en nombre de la paz porque toda la humanidad necesita paz. Al final del mensaje María dice…

POR ESO, PONGAN AL NIÑO JESUS RECIÉN NACIDO, EN EL PRIMER LUGAR DE VUESTRA VIDA Y ÉL LES CONDUCIRÁ POR EL CAMINO DE LA SALVACIÓN

Frecuentemente María nos ha invitado a que pongamos a Dios en primer lugar en nuestras vidas o que dejemos que Dios tome el primer lugar en nuestras vidas. Cuando nos dice que pongamos al Niño Jesús en el primer lugar de nuestra vida, María nos dice algo que realmente debemos comprender. Jesús vino a nosotros como un niño y es, más que nada, al niño a quien debemos poner en primer lugar en nuestras vidas. Si pensamos en un niño y su madre, sabemos que la madre siempre está pendiente de ese niño día y noche y que nunca deja al niño solo. Un niño nunca podría sobrevivir sin la ayuda de su madre, y en nuestra vida espiritual ocurre lo mismo. Nuestros corazones, en donde Jesús vive como un niño, siempre necesitan de nuestro cuidado y de nuestra actividad. Debemos alimentar nuestros corazones con buena comida que significa comida espiritual que recibimos en la oración, en el ayuno, en la Confesión, en la Santa Misa y en la Adoración. Debemos limpiar nuestro corazón permanentemente para que el Niño Jesús pueda vivir dentro de nosotros. El Niño Jesús no podrá vivir y sobrevivir en aquellos corazones que no se deciden a trabajar lo espiritual diariamente. Es por ello que debemos tener en cuente algunos consejos de María cuando nos dijo que debemos trabajar en nuestros corazones igual que trabajamos el campo. Cualquiera que haya trabajado en un jardín sabe que el trabajo allí o en el campo es un trabajo de tipo radical. Hay que sacar las raíces malas y los yuyos que sofocan a las plantas buenas, hay que limpiar la tierra para que las plantas buenas puedan crecer y florecer y dar sus frutos.

Lo mismo sucede con el Niño Jesús en nuestros corazones. Si queremos que Él habite en nosotros y crezca en nosotros, debemos hacer lo que dice San Pablo, «luchen hasta desangrar contra el pecado» y luchar por el bien sin cesar. Este es un trabajo difícil pero es el único trabajo que trae los frutos buenos. En consecuencia, este tiempo nuevo, en donde podemos tener paz y prosperidad, requiere que nosotros hagamos esto, y muy conscientemente debemos querer tener al Niño Jesús en nuestros corazones y atenderlo como una madre atiende a su hijo. Solamente si hacemos estos estaremos en el camino de la salvación. La salvación, en sentido Bíblico, no solamente significa alcanzar algún día la paz eterna, sino que también significa un bienestar aquí en la tierra si seguimos a Jesús. Si todas las personas siguieran a Jesús, todos estaríamos espiritualmente bien, mental y materialmente también. El significado Bíblico de salvación incluye el bien espiritual, mental y material. Solo de este modo podrá la humanidad alcanzar la salvación. Dios es un Dios que ofrece a cada uno la salvación, y que desea participar en esta salvación. No solo nos ofrece Su ayuda, sino que se ofrece a Si Mismo como ayuda, y cuando las personas rechazan esta ayuda se aíslan de todos los que los rodean y del resto del mundo. Este mensaje es realmente muy importante porque es un mensaje de esperanza, pero a la vez nos dice claramente qué es lo que debemos hacer, que Dios está con nosotros, que desea permanecer con nosotros y que desea trabajar a través de nosotros. Para que todo esto suceda, oremos…

Dios, Padre nuestro, queremos agradecerte por haber enviado al Niño Jesús y porque Él ha decidido permanecer con nosotros. Con María, Su Madre y Humilde Servidora, te pedimos, al comenzar este tiempo nuevo, que nos envíes el Espíritu Santo para que nos libre de todo aquello que impide que el Niño Jesús permanezca en nuestros corazones. Líbranos de todo egoísmo, de nuestro orgullo y de nuestra envidia. Líbranos de nuestra pereza y de nuestro temor de trabajar con Tu Hijo cada día. Limpia nuestros corazones, oh Padre, para que podamos convertirnos en moradas buenas para Tu Hijo. Padre, danos la gracia de poder decir «si» a la paz y de poder decidirnos solo por Ti. En Tu Nombre, al comenzar este tiempo nuevo, rechazamos todo pecado, todo lo que está mal y todas las tentaciones que provienen del mundo y de Satanás. Protégenos, oh Padre, y danos la gracia de dejarnos proteger, y Padre, junto con María, también te pedimos que protejas a todas las familias, a todos los padres, a todas las madres y todos los hijos para que durante este tiempo nuevo todos se decidan por la paz y en consecuencia por Ti, oh Padre, y que el Niño Jesús recién nacido pueda permanecer en todos ellos. Ayuda a nuestras familias a superar todo el mal. Mantén unidas y en paz a las familias a través de Tu Hijo Jesús, y sana a todas las familias que han sido divididas, a todas las familias en donde han penetrado la semilla del conflicto, del orgullo, del egoísmo, del alcoholismo, o deslealtad.

Presentamos ante Ti todas las relaciones heridas entre hombres y mujeres, entre padres e hijos, límpialas, sánalas, para que todas nuestras familias realmente se conviertan en familias para este tiempo nuevo, familias de paz, familias en donde sólo se sirve a la vida. Te pedimos por todas las mujeres que han concebido un hijo o que concebirán un hijo durante este tiempo, por todos los Médicos y por todos aquellos a través de cuyos servicios se atiende al niño por nacer, para que cada niño concebido sea aceptado y para que este tiempo nuevo sea conocido especialmente como un tiempo de verdadera paz y de servicio a la vida. Te pedimos, oh Padre, por todos los enfermos y por los ancianos, para que ellos también experimenten la ayuda a través de los jóvenes y saludables, ayuda que Tu deseas dar a todos. Seamos conscientes del hecho de que la paz depende completamente del comportamiento de cada individuo. También Te pedimos en nombre de todos aquellos responsables de la Iglesia y del mundo, que sus corazones se abran a Tu ofrecimiento de verdadera paz, que todo aquel que lleve alguna responsabilidad también se decida por Ti, oh Padre, y que todos nosotros podamos durante este tiempo cooperar conTigo. Te pedimos en nombre de todos los Católicos, de todos los demás Cristianos y de todos aquellos que pertenecen a otras religiones, que nos muestres a todos que podemos vivir en paz uno con otro, y que todos ayudemos por el bienestar de los demás. Oh Padre, bendícenos a todos en este Año Jubilar para que constantemente podamos permanecer activos y para que todos los peregrinos que este año desean viajar a Tierra Santa, a Roma, a Medjugorje o a otro Santuario Mariano puedan recibir un nuevo impulso para sus vidas en Ti. Danos la gracia de vivir este tiempo nuevo en Ti y conTigo. Bendícenos, oh Padre, y haz de nosotros testigos de Tu paz, que así sea.

Que la Paz esté con todos ustedes. Amén

Fray Slavko Barbaric

Medjugorje, 27 de diciembre de 1999

Fuente: Medjugorje ws