PIDAMOS AL SAGRADO CORAZÓN POR EL ROMANO PONTÍFICE

PIDAMOS AL SAGRADO CORAZÓN POR EL ROMANO PONTÍFICE

20 de junio de 2022 0 Por admin

Al Corazón del Divino Niño Jesús por el Materno Corazón de María Reina de la Paz


Hemos llegado ya a la última novena de este Mes del Sagrado Corazón. Ya es hora que pensemos en dirigirnos a Él con nuestro fervor, para rogarle en estos últimos días por las necesidades más urgentes de la sociedad humana. Por las nuestras particulares hemos rogado cada día y podemos seguir haciéndolo en el fondo de nuestro corazón. Por estas otras nuestra oración debe ser pública y común, como son ellas públicas y comunes. Dediquemos, pues, el día de hoy a rogar al Sagrado Corazón por el Pontificado Romano. Y ¿por qué otro podríamos ofrecer con preferencia nuestra más eficaz oración? Es el Pontificado Romano el centro de toda la vida católica sobre la faz de la tierra, base de su edificio, cabeza visible del cuerpo espiritual del cual Cristo es cabeza invisible.
Es, por lo mismo, el objetivo privilegiado de las más violentas iras del infierno. Alrededor de su trono rugen con furor sin igual todas las tempestades de la impiedad. Muchos, despechados, le dirigen brutales amenazas; otros, pérfidos y capciosos, le tienden astutas amenazas.
¿Podrá un hijo fiel de la Iglesia dejar sola la Sede de San Pedro en esos duros combates? ¿Podremos no acudir al Sagrado Corazón por esta primera y más urgente necesidad de nuestros días?
¡Oh Sagrado Corazón de Jesús! Cubre con tu escudo de protección al Pontificado Romano, a quien has constituido en la tierra como la Sede que ha de guardar nuestras almas en lugar de Ti. Asístele, defiéndele, hazlo vencedor en todas sus luchas.

De todos los deberes del buen católico, el deber de rogar por el Pontificado Romano es, sin duda, el primero y principal. ¿Qué familia hay en la cual los hijos no se crean obligados a prestar toda clase de auxilios al padre de ella? Aquí la gran familia es el Catolicismo, y el Pontificado Romano hace las veces de padre. Nosotros somos sus hijos, y los auxilios principales que necesita son los de nuestra fervorosa y constante adhesión.
Es cierto que quizá nos hemos portado como extraños o indiferentes. ¿Estamos seguros de haber cumplido siempre la obligación de buenos hijos? No sea que esta dejadez nuestra sea motivo de acusación en el tribunal de Dios. No permanezcamos más en esta frialdad y olvido.
¡Oh Sagrado Corazón de Jesús! Esta quiero que sea mi petición constante en tu presencia: ¡Salva el Pontificado Romano! Concede autoridad y fuerza a sus palabras; haz que este mundo indócil respete la voz de su Magisterio Infalible; haznos sobre todo a nosotros obedientes y sumisos a sus enseñanzas de Cátedra de la Verdad. Que sean confundidos y disipados los quieren el mal; que vuelvan en sí los que se han extraviado con doctrinas extrañas; que vuelvan jubilosas al amoroso Redil las ovejas que se han apartado de su rebaño.
¡Oh Sagrado Corazón de Jesús! Por los méritos de tu Cruz, por el valor infinito de tu Sangre, por los azotes y las espinas de tu Pasión, dale a tu Pontificado sobre la tierra lo que por él te pedimos en el día de hoy.


Mensaje, 2 de mayo de 2013

“¡Queridos hijos!, de nuevo os invito a amar y a no juzgar. Mi Hijo, por voluntad del Padre Celestial, estuvo entre vosotros para mostraros el camino de la salvación, para salvaros y no para juzgaros. Si vosotros deseáis seguir a mi Hijo, no juzguéis, sino amad como el Padre Celestial os ama. Cuando os sintáis muy mal, cuando caigáis bajo el peso de la cruz, no os desesperéis, no juzguéis, sino recordad que sois amados y alabad al Padre Celestial por Su amor. Hijos míos, no os desviéis del camino por el que os guío, no corráis imprudentemente hacia la perdición. Que la oración y el ayuno os fortalezcan para que podáis vivir como el Padre Celestial desea, para que seáis mis apóstoles de la fe y del amor, para que vuestra vida bendiga a quienes encontráis, para que seáis uno con el Padre Celestial y mi Hijo. Hijos míos, esta es la única verdad. La verdad que lleva a vuestra conversión, y luego a la conversión de todos los que vosotros encontráis, que no han conocido a mi Hijo, de todos los que no saben qué significa amar. Hijos míos, mi Hijo os ha dado pastores, ¡cuidadlos, orad por ellos! Os doy las gracias. ”


Muchas veces el juicio temerario se transforma en un verdadero virus, que parece no ser preocupante, por que no se trata necesariamente de un pecado mortal, pero la gravedad se alcanza, cuando termina tan ciego el corazón del que siempre juzga, que no puede reconocer la verdad del prójimo, la propia verdad y termina desconociendo a quien es Camino, Verdad y Vida.
¿No fue este el modo en que muchos de los sacerdotes hebreos terminaron despreciando a Jesús?
Necesitamos de tu auxilio, Madre nuestra, para purificar nuestra memoria, mente y corazón. La tendencia de juzgar mal o estar prejuicios solo acusa la ausencia de vida interior, la falta de verdadera conversión, la baja autoestima y una dosis de envidia.
Librados de la tentación de vivir juzgando. Es la ceguera que más nos ataca en los momentos difíciles, y nos deja sin fervor y sin fuerzas.
Orando con el corazón venceremos estas tinieblas. Amén.