«Perdona nuestras ofensas asi como…»

«Perdona nuestras ofensas asi como…»

20 de febrero de 2022 0 Por admin

«Oren con el corazón para que sepan perdonar y ser perdonados…»

Homilía Evangelio Domingo VII, a la luz de los Mensajes de la Reina de la Paz.

Padre Patricio Romero


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 27-38

Jesús dijo a sus discípulos:

Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.

Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.

Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los desagradecidos y los malos.

Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.


Mensaje 25 de Junio 1997

“Queridos hijos, oren con el corazón para que sepan perdonar y ser perdonados. Les agradezco por las oraciones y el amor que me donan.”


La omnipotencia de Dios y su Misericordia no solo se manifiestan por que Dios es paciente, como un Padre con sus hijos, sino que también,  el Señor nos recuerda la necedad del pecado y la inconsistencia de la malicia, que solo es carencia y vacío, no es ganancia, ni triunfo, ni bien ni verdad, solo una sensación, una vaguedad a la que tendemos por impresiones superfluas, pero no por la verdad o el bien  del contenido que supuestamente manifiestan.El amor de Dios es el argumento de la creación, la razón por la cual es llamada toda criatura a la existencia y la causa por la cual Dios concede vida espiritual, a su imagen y semejanza, a todo ser humano.Es el mismo Señor que nos enseña con sus gestos el poder de la caridad, que se manifiesta en la disponibilidad a dar el primer paso, a ser el primero en salir al encuentro del otro, a ofrecerle la reconciliación, a asumir el sufrimiento que implica renunciar a tener la razón.

“Si queréis poseer la herencia de vuestro Padre, pagad la deuda de vuestro amor no sólo hacia vuestros amigos sino también hacia vuestros enemigos. No rechacéis dar este amor a nadie; es el tesoro común a todos los hombres de buena voluntad…  El amor es la raíz de todos los bienes, tal como, vemos en san Pablo, la avaricia lo es de todos los males (1Tm 6,10)…

Dice el Padre Slavko Barbaric: «El amor humano no entiende por qué hay que amar a quien no nos aman y perdonar a quien nos ha herido. Allí donde termina la lógica del amor humano es donde comienza la lógica del amor de Dios. Jesús dijo que el amor del Padre hacia nosotros es tan misericordioso, que deja que el sol brille para buenos y malos. El perdona al hijo pródigo, lo acoge con amor, mientrás que el hermano de éste reacciona de manera humana y por eso no puede comprender el gozo del padre o por qué el hijo pródigo ha encontrado abiertas las puertas de la casa. María quiere que amemos con el amor de Dios. Esto significa que debemos de vencer en nosotros la lógica humana, que debemos abrir nuestro corazón a la lógica del amor de Dios y convivir unos con otros de este modo. Esto, por supuesto, es también la condición para la paz.»

 La justicia de los fariseos, que consiste en no traspasar los límites de la venganza, es una justicia inferior, según San Agustín. Puede ser un principio de la paz pero no permanente ni eficaz, puesto que la paz perfecta quita toda venganza desde su principio, eliminando la angustia y la incertidumbre, eliminando el acido de la intriga y  la úlcera de la ira y el despecho. Lo primero, que es un exceso de la ley (que consiste en devolver más mal que se ha recibido) y que no hay legislación sensata que lo permite, ya que un delito no satisface, no repara ni devuelve lo dañado por otro delito,  se opone absolutamente a la perfección que el Señor manda a sus discípulos, que consiste en no devolver mal por mal.   EL Señor nos quiere conceder hacer totalmente lo contrario, devolviendo el bien en vez de el mal, y responder con un bien, desde la omnipotencia misericordiosa del Corazón de Cristo, ya que lo que no puede nuestra naturaleza, si nos abandonamos, en la humildad de María Santísima, la gracia y el poder del Espíritu Santo, lo podrán en nosotros mismos.

  Entonces el perdón y el bondad, aniquilaran la malicia y su ancance, y el pretendido poderío que tenía el agresor, se disminuye y esfuma, ante un poder mayor y eficaz que es el bien, la verdad y la misericordia. La justicia humana, que es un término medio: devolver sólo el mal que se ha recibido, no logra causar la suma concordia, ya que aun permanece la tentación de manifestar el poder sobre el otro, aplastándolo como lo pretendió Saul con David; sin embargo éste último. le mostro que el poder mayor fue la compasión que tuvó para con Él, teniéndo la posibilidad de eleminar a quién le perseguía, pero fue más grande la compasión y la lealtad, que los celos, desconfianza y envidia de Saúl (1 Samuel 26, 2-23).

 No hay que olvidar que quién no agrede o daña a nadie al principio, se convierte en agresor cuando después de ofendido quiere lesionar más a quien lo atacó. Entonces se une a las filas de quien, aunque sea lícito defenderse, lo hace sin procurar destruir el mal desde la raiz. Y el peligro es mayo aún: cuando no se quiere perdonar, tanto se acostumbra el  corazón herido a la infección que padece, que comienza a identificar como enemigos a quienes no le consideran, o no le sirven.

«El apóstol Pablo nos advierte de eso: «No entristezcais al Santo Espíritu de Dios… eliminad de vuestra vida todo lo que es amargura, ira, cólera, insultos» (Ef. 4,30-31). Si el cristiano escapa a los extravíos y a los asaltos de nuestra naturaleza caída, como de un mar en furia, si se establece en el puerto de Cristo, en la paz y la calma, no debe admitir en su corazón cólera ni discordia. No le está permitido devolver mal por mal (Rm 12,17), ni dar cabida al odio.» (San Cipriano)



Mensaje 2 de septiembre de 2009

“Queridos hijos, hoy los invito con corazón materno a que aprendan a perdonar completamente y sin condiciones. Ustedes sufren injusticias, traiciones y persecuciones, pero por esto están más cerca y son más queridos por Dios. Hijos míos, oren por el don del amor. Sólo el amor perdona todo, como hizo mi Hijo. ¡Síganlo! Estoy en medio de ustedes y oro para que cuando estén frente al Padre puedan decir: ‘aquí estoy, Padre, he seguido a tu Hijo, he amado y perdonado con el corazón porque creía en tu juicio y confío en Ti’. Gracias. ”


Dice el Papa Francisco «Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo». Yo, en cambio, os digo: «Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen» (vv. 43-44). A quien quiere seguirlo, Jesús le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vacíos de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades y en el mundo. Queridos hermanos, Jesús no ha venido para enseñarnos los buenos modales, las formas de cortesía. Para esto no era necesario que bajara del cielo y muriera en la cruz. Cristo vino para salvarnos, para mostrarnos el camino, el único camino para salir de las arenas movedizas del pecado, y este camino de santidad es la misericordia, que Él ha tenido y tiene cada día con nosotros. Ser santos no es un lujo, es necesario para la salvación del mundo. Esto es lo que el Señor nos pide.

El amor, la misericordia y la compasión un cristiano jamás puede suprimirlo, sino que por el contrario, ante la traición, la negación o la indiferencia, debe reconocerse el llamado casi explícito de Dios, a vivir en la virtud teologal de la caridad.
Por supuesto que frente a las debilidades y heridas de pecado de los que nos rodean, hay que tener un comportamiento sobrio y templado. Las empatías o valoraciones meramente mundanas son el ambiente propicio para pecados y actitudes que agreden la paz y ponen el riesgo la salvación y vida de gracia.
Pero nuestro comportamiento caritativo, compasivo, paciente y fraterno,  nunca debe parecer una recompensa a las consideraciones recibidas.
 Si lo damos sólo como recompensa, se trata únicamente de vanidad, egoísmo y amor mundano.


Por eso María nos llama a amar con el amor de Dios. La regla de oro:

Mensaje, 25 de septiembre de 1997

“¡Queridos hijos! Hoy los invito a comprender que sin amor no pueden comprender que Dios debe estar en primer lugar en su vida. Por eso, hijitos, los invito a todos a amar, no con amor humano, sino con el amor de Dios. Así su vida será más hermosa y no interesada. Comprenderán que Dios se da por amor del modo más simple. Hijitos, para que puedan comprender mis palabras que les doy por amor, oren, oren, oren y podrán con amor aceptar a los demás y perdonar a todos aquellos que les han hecho mal. Respondan con oración; la oración es el fruto del amor hacia Dios creador. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”


 Madre Santísima, tu que teniendo a tu Hijo y Señor nuestro, muerto en tus brazos y bañado de sangre, nos mirate con compasión y nos barazaste como hijos, en Cristo Jesús, libera nuestros corazones de todos los ídolos, de tanta autoreferencia y vanidad, de las falsas dependencias a este mundo, a nosotros mismos, de amores mundanos, vicios y apegos a las cosas pasajeras que nos impiden conoce, amar y vivir según la voluntad del Señor.
  Alcánzanos la gracia de ser capaces de amar, no de manera humana, sino según el Corazón de Jesús. Libéreanos de los celos y de todos los pensamientos que nos distraen y que nos impiden vivir del amor de Dios.
Ayúdanos a vivir el camino del Padre nuestro, que repetios constantemente: perdona nuestras ofensas así como nosotros pernomados a los que nos ofenden… Amén


Atentamente Padre Patricio Romero