ORACIONES A CRISTO REY

ORACIONES A CRISTO REY

21 de noviembre de 2021 0 Por admin

Para rezar durante el día de la Solemnidad


CONSAGRACIÓN PERSONAL A CRISTO REY en la DIVINA VOLUNTAD

Oh Jesús! Rey de reyes, 

Dios de Bondad, Dios de Amor y de Misericordia; 

yo adoro, amo, doy gracias, glorifico tu Santísima Voluntad 

que emana de tu Omnipotencia, que es guiada por tu Sabiduría 

y acompañada por tu Bondad y tu Amor. 

Por donde quiera y en todo momento, 

sea en la alegría que en el dolor, 

tu Santísima Voluntad, tu Divino Amor, 

sean la estrella que admiro, la ley que me gobierna, 

el aire que respiro, el palpitar de mi corazón, 

la sustancia, o mejor, la vida de mi vida. 

Con esta finalidad, uno todas mis oraciones y mis acciones a las tuyas, 

toda mi vida a la tuya, y también a la de la Virgen Stma. Madre tuya y Madre mía, 

a la de San José y a la de todos los Elegidos que ha habido, que hay y que vendrán, 

con todo el bien pasado, presente y futuro, 

real y posible en el cielo y en la tierra. 

Yo me consagro y me entrego totalmente, 

cuanto tengo, cuanto soy, cuanto me pertenece, 

a quienes quiero, mi vida, mi muerte, mi eternidad, 

todo lo que has creado y lo que crearás, 

a tu Suprema Voluntad, a tu infinito amor, 

y te pido, ¡oh Sabiduría Infinita!, 

que me inscribas con caracteres imborrables en tu Corazón Adorable, 

cual ardiente y celoso hijo de tu Divina Voluntad, de tu purísimo amor. 

Yo hago este ofrecimiento y entrega en la Potencia del Padre, 

en la Sabiduría del Hijo 

y en la Virtud del Espíritu Santo, 

a nombre mío y a nombre de todas las criaturas 

para obtener que venga y que se extienda el Reino de la Divina Voluntad 

y de tu Divino Amor, sobre la tierra. 

¡Ah! Haz, ¡oh Señor mío!, 

que de cada labio y de cada corazón, como de un altar sagrado, se eleve 

continuamente al Cielo la oración que tú mismo, el primero de todos, elevaste al Padre: 

« ¡Venga tu Reino, 

hágase tu Voluntad como en el cielo, así en la tierra! »  

Así sea.


CONSAGRACIÓN DEL GÉNERO HUMANO A CRISTO REY

(Indulgencia Plenaria)

¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Míranos humildemente postrados delante de tu altar; tuyos somos y tuyos queremos ser; y a fin de vivir más estrechamente unidos a Ti, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a tu Sacratísimo Corazón.

Muchos, por desgracia, jamás te han conocido; muchos, despreciado tus mandamientos, te han desechado. ¡Oh Jesús benignísimo!, compadécete de los unos y de los otros, y atráelos a todos a tu Corazón Santísimo.

Señor, sé Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Ti, sino también de los pródigos que te han abandonado; haz que vuelvan pronto a la casa paterna porque no perezcan de hambre y de miseria.

Sé Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Ti; devuélvelos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

Concede, ¡oh Señor!, incolumidad y libertad segura a tu Iglesia; otorga a todos los pueblos la tranquilidad en el orden, haz que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino esta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud! A Él entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén.


CONSAGRACIÓN DE LA PROPIA FAMILIA

Rey de los ángeles y de los santos; 

Rey de los corazones puros e inocentes; 

Rey de los reyes, de los sabios, 

de los fuertes; 

de los vencedores del mundo, 

del infierno y de sí mismos.

Rey de bondad infinita que, 

a pesar de prever la ingratitud humana, 

no quisiste tenerla en cuenta, 

instituyendo el Sacramento de la Eucaristía 

en el que te das total e incesantemente a todos, 

para obligarnos a UNIRNOS a tu corazón.

Disipa, Señor, las tinieblas 

que dividen a tus discípulos; 

enciende en todos los corazones

el fuego de tu amor, 

para que podamos reunir muchas almas 

que te adoren y extiendan tu Soberanía 

por todo el mundo.


Te adoro por el valor de tu entrega

Rey defensor de mi alma, 

a pesar de mi poca constancia en seguirte,                    

quiero ser tu discípulo. 

Te suplico que perdones 

mi tibieza e infidelidad 

y me concedas la gracia 

de unirme en espíritu a los apóstoles 

que te acompañaron en el huerto de los olivos     

al empezar tu Pasión.

Te adoro en la oración que por mí hiciste 

y en los sufrimientos mortales que te produjo,    

más que la consideración de los tormentos                 

que ibas a padecer, 

la ingratitud de los hombres.

Te adoro por el valor que mostraste      

al ver que, hasta los mismos discípulos,                         

agobiados por la tristeza 

que se reflejaba en tu frente, 

se habían dormido.

Te adoro en la conformidad que mostraste 

con la voluntad de tu Padre, 

aceptando por nuestro amor 

las calumnias, los insultos, los tormentos.

Te doy gracias por las grandezas

y maravillas de tu fortaleza

en el Huerto 

y la intensidad de amor que nos demostraste.

Fortalécenos, 

Vencedor de todos los miedos y debilidades.     

Haz que en todas las penas, 

tentaciones y sufrimientos acudamos a ti.

Tú solo puedes darnos eficaz ayuda. 

Inspíranos actitud de vigilancia, 

espíritu de oración, 

perseverancia fiel en tu gracia 

y la palma del eterno triunfo. 


ITEM PACEM