OBEDIENCIA DE MARÍA

OBEDIENCIA DE MARÍA

20 de marzo de 2022 0 Por admin

NOVENA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA.

NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA, DÍA 5

Consagración Rusia Ucrania

«Lo que empecé en Fátima, lo terminaré en Medjugorje. Mi Corazón triunfará«

DIA QUINTO 

Consideración
MARÍA, MODELO DE OBEDIENCIA

La obediencia es una virtud por la cual Sacrificamos nuestra propia voluntad. La Sagrada Escritura dice que es mejor la obediencia que el sacrificio.   Y  e n   ve rd a d   p o r   l a s  v í c t i m a s propiciatorias se sacrifica la carne ajena y con la Obediencia, nuestra voluntad siempre rebelde. A mayor santidad, más Obediencia.  Por eso María Santísima, ante la salutación del Ángel, al Conocer la voluntad de Dios, exclamó confusa y rendida: -Hágase en mí según tu palabra. (Lucas,1, 38).
Con el espíritu de Obediencia que infundió en los niños  de  Fátima,  ¿qué  pretendió  la  Santísima Virgen   sino  adoctrinarnos   a   todos  en   esta importantísima virtud? Gracias a la fidelidad en guardar   los  secretos  que  Ella  les  confiara,  el Milagro de Fátima  se desarrolló según el modo providencial que había previsto Nuestro Señor. Cuando tengamos que Obedecer, entendamos que lo hacemos al mismo Dios, y el recuerdo de que Jesús  y  Su   Santísima  Madre   se  sometieron gustosos a los designios del Eterno Padre y a los mandatos de los hombres, suavizará las asperezas que encontremos en el camino de la obediencia. Dejó   escrito  San   Felipe  Neri,   que   ningún  verdadero   Obediente   se   ha   condenado.Esforcémonos, pues,  en   Obedecer   a   las insinuaciones del Santo Padre y de los Obispos, de nuestro director espiritual, de nuestros mayores y de nuestra propia conciencia.


Lección Histórica
CUARTA APARICIÓN

Las apariciones anteriores habían provocado una violenta campaña  en  la prensa  impía  y liberal. Dios se sirvió de ellas para que Fátima se diera a conocer más y más. Serían como dieciocho mil las personas congregadas en aquel lugar privilegiado el día 13 de agosto. Mientras los ansiosos esperaban,  los tres  niños  sufrían  un  verdadero martirio  en  la cárcel, adonde  los había  llevado caprichosamente el alcalde anticlerical de Vila Nova de Ourem. Al tercer día los puso en libertad. Pensaban  los niños que  no  verían  a  la  Señora hasta  el  mes  siguiente.  Pero  se  les  apareció, cuando menos lo sospechaban, el día 19 de agosto, en Valinhos, donde cuidaban las ovejas. Los exhortó a rezar el Rosario y a volver a Cova de Iría en los dos meses siguientes.
Y les añadió:—Rogad. Rogad mucho y haced sacrificios por los pecadores.  Mirad   que   muchas   almas  van   al infierno  porque  no  hay  quien  se  sacrifique  y ruegue por ellas.
La visión duró como de costumbre y disfrutaron de ella tan sólo los tres confidentes.


Reflexión

El Cardenal James Gibbons, Arzobispo de Baltimore entre 1877 y 1921, explicó a sus fieles, por  qué los católicos honran  con gozo a María como la Madre de Dios:
“Cuando   llamamos  a  la  Santísima  Virgen  la Madre de Dios, afirmamos nuestra fe en dos verdades: primero, que su Hijo, Jesucristo, es verdadero hombre, o ella no sería madre. En segundo lugar, que Él es verdadero Dios, o ella no sería  la  Madre   de   Dios.  En   otras   palabras, afirmamos   que   la   Segunda   Persona   de   la Santísima Trinidad, la Palabra de Dios, que en su naturaleza  divina  fue engendrado  por  el Padre desde toda la eternidad, es consustancial con Él. En  la plenitud  de  los tiempos, fue nuevamente engendrado y nació de la Virgen, asumiendo así, desde el seno de María,   una naturaleza humana de la misma sustancia que la de Ella.
Pero podría argumentarse que la Bienaventurada Virgen, no es Madre de la Divinidad. Ella no tuvo ni hubiera podido tener participación en la generación de la Palabra de Dios, ya que esa generación es eterna; la maternidad  de María se limita a lo temporal; Él es el Creador,  Ella es su creatura. Se la podría figurar, si se quiere, como la Madre del hombre Jesús o incluso de la naturaleza humana del Hijo de Dios, pero no como la Madre de Dios.
A esta objeción responderé mediante una pregunta. ¿Tuvo la madre de cada uno de nosotros alguna participación en la producción de nuestra alma?  ¿No es esa parte más noble de nuestro ser, la obra de Dios y sólo Dios? Y sin embargo, ¿alguien osaría  llamar  por  un  segundo  a  su  madre  “la madre de mi cuerpo” en lugar de “mi madre”?
La comparación nos enseña que los términos de padre  e  hijo,  madre  e  hijo  se  refieren  a  las personas y no a las partes o elementos que constituyen a las personas. Nadie se refiere a su madre  como  “la  madre  de  mi  cuerpo”  o  “la madre de mi alma”; sino, y con toda propiedad, “mi  madre”,  la  madre  de  este  ser  que  vive y respira, piensa y actúa, único en mi personalidad y sin embargo, una unidad de un alma creada directamente por Dios y un cuerpo material que deriva directamente del vientre materno. De igual manera, tanto cuanto se refleja el sublime misterio de la  Encarnación   en   el  orden   natural,   la Santísima Virgen, cubierta bajo la sombra del Altísimo, al comunicar a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad una verdadera naturaleza humana de la misma sustancia que la suya propia, como hace toda madre, se constituyó verdadera y realmente en Su Madre.
Es en este sentido, que el título de Madre de Dios negado  por  Nestorio, le fue reivindicado por  el Concilio General de Éfeso en el año 431; en este sentido y en ningún otro es que la Iglesia le ha otorgado ese título.


Oración
Dios, Padre nuestro Todopoderoso, al hacerse hombre, tu Hijo reveló la bondad y la santidad de la concepción, el embarazo y el nacimiento humano.
Con amor tierno de madre, la Virgen María concibió a tu Hijo eterno, lo llevó debajo de su corazón y lo dio a luz. Ninguna intervención Divina, en la historia humana, ilustra más acabadamente  la  grandeza  y la  dignidad  de  la mujer  que la Encarnación.  Que  María  ayude a todos a creer que el hombre  que ella dio a luz,     Jesucristo, es  verdaderamente   Tu   Hijo   Eterno hecho hombre. Que  ayude a todos a apreciar la maravilla  de  la  concepción,  el  embarazo  y  el parto. Que todas las mujeres de nuestra sociedad se acojan bajo el abrazo maternal de María. Ayúdalas a comprender que sus hijos son creados por Ti en el momento de la concepción y te pertenecen  en  esta  vida  y  en  la  otra.  Padre, protege a todas las mujeres de los ataques a su fecundidad de madres. Guárdalas de quienes las atacan y violentan su dignidad mediante la promoción de la anticoncepción, la esterilización y el aborto.  Te  lo pedimos por  Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


ORACION FINAL
¡Oh Dios!, cuyo Unigénito con Su vida, muerte y resurrección nos ha merecido el premio de la eterna salvación: Te suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del Rosario de la Santísima Virgen María, imitemos los ejemplos que contienen y consigamos los bienes que prometen. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


JACULATORIA
                     ¡Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!