Novena Santa María Madre de Dios y Reina de la Paz, Día 9

Novena Santa María Madre de Dios y Reina de la Paz, Día 9

30 de diciembre de 2021 0 Por admin

La Asunción y Coronación de María en el Cielo 


La Asunción y Coronación de María

Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza el en Santuario, y se produjeron relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada. Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. — Apoc 11:19-12:1 


Mensaje, 2 de enero de 2019 

“Queridos hijos, lamentablemente entre vosotros, hijos míos, hay mucha lucha, odio, intereses personales y egoísmo. Hijos míos, ¡cuán fácilmente olvidáis a mi Hijo, sus palabras, su amor! La fe se extingue en muchas almas y los corazones están siendo atrapados por las cosas materiales del mundo. Pero mi Corazón maternal sabe que aún hay quienes creen y aman, que intentan acercarse lo más posible a mi Hijo, que incansablemente buscan a mi Hijo y, de esta manera, me buscan a mí. Son los humildes y los mansos que sobre llevan sus dolores y sufrimientos en silencio, con sus esperanzas y sobre todo con su fe. Son los apóstoles de mi amor. Hijos míos, apóstoles de mi amor, os enseño que mi Hijo no solo pide oraciones continuas, sino también obras y sentimientos; pide que creáis, que oréis, que con vuestras oraciones personales crezcáis en la fe, crezcáis en el amor. Amarse unos a otros es lo que Él pide: este es el camino a la vida eterna. Hijos míos, no olvidéis que mi Hijo trajo la luz a este mundo y la trajo a quienes quisieron verla y recibirla. Sed vosotros de esos; porque es la luz de la verdad, de la paz y del amor. Os conduzco maternalmente a adorar a mi Hijo, a amar conmigo a mi Hijo; a que vuestros pensamientos, palabras y obras se orienten hacia Mi Hijo y que estos sean en Su nombre. Solo entonces mi Corazón estará colmado. ¡Os doy las gracias! ”


Comentario

Solamente en Dios está la verdadera paz. En el libro de los Salmos, por ejemplo, el autor compara su propia alma con la de un niño que se sienta en los brazos de su madre porque ha encontrado paz allí. La experiencia de muchos Santos se reúne en una sola frase de San Agustín: «Mi alma está inquieta hasta que encuentra la paz en el Señor». Él describe su angustia y falta de paz cuando dice que buscó a Dios por todas partes – en las criaturas, en las personas – pero no lo encontró hasta que encontró la paz en Dios mismo. Sin lugar a dudas, uno de los testimonios más bonitos sobre Dios, es que Dios es el Dios de la paz, y que Su deseo es que tengamos paz, lo que aparece varias veces en las cartas de San Pablo. Esta paz que cada uno de nosotros anhela, y que solo puede provenir de Dios solo la encontraremos si abrimos nuestros corazones y permanecemos en Él con la oración, así descubriremos la paz.

La profundidad del anhelo de paz en las personas puede verse en la descripción de la vida eterna o eternidad cuando hablamos del Reino de la Paz. Mucho más que el Reino del Amor o el reino de la Vida. A cada uno de nosotros se nos promete el Reino de la Paz, nosotros podemos ver ese Reino aquí en la tierra, encontrando el camino por el cual peregrinar al decidirnos por la oración. Si tratamos de describir el caminar del hombre, podemos decir que el hombre es un peregrino que anhela a Dios y que desea alcanzar la plenitud de su vida, y esto es lo que se llama la paz. Durante todo este Año del Jubileo, también estamos llamados a seguir conscientemente el camino en el que podamos encontrar a Dios más fácilmente. Por cierto, el objetivo principal de una peregrinación a Medjugorje es el anhelo de paz del hombre que éste encuentra en Dios que envía a su Madre aquí. María, con mucha paz, ha dado en el blanco, porque es justamente la paz la que está siendo amenazada. Cuanto más amenazada esté la paz, más fácil es diagnosticar que el hombre está muy lejos de Dios. Cuanto más cerca estamos de Dios, más cerca estaremos de la verdadera paz que ciertamente buscaremos cada día en la oración. (Medjugorje; Enero 27, 2000)


Oración 

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita! 


Reflexión

En sus homilías de Nuestra Santísima Madre, San Francisco de Sales predicaba que María fue perfectamente una con Cristo en el Calvario en la adoración de Jesús al Padre. Ella ofreció amorosamente a Jesús al Padre y ofreció su sufrimiento por sus hijos. El Santo nos dice que María hubiera muerto con Cristo en el Calvario de no haber sido porque su Hijo se lo impidió. Jesús quería que ella se quedara más tiempo con la Iglesia en la tierra después de su ascensión al Cielo y compartiera más tarde la muerte de él por amor.

Cuando llegó el tiempo querido por Dios, María murió de muerte natural, pero esa muerte fue un acto consciente de adoración en el amor. La Madre de Dios ansiaba con todo su ser estar con Jesús en el Reino. Cuando llegó la hora de la muerte, ella se ofreció como se había ofrecido Jesús al Padre al morir. Encomendándose al abrazo de Dios, María, encendida con el Espíritu Santo, transformó su muerte en un acto de amor al Padre: un acto eucarístico de adoración en Cristo, por Cristo y con Cristo.

Preservada de la corrupción de la tumba, María fue elevada de entre los muertos por Cristo y fue llevada, en cuerpo y alma, a la gloria del cielo. En 1950, el Papa Pío XII definió solemnemente que la Asunción de María es parte integral de la Revelación cristiana: Por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.

La dormición de María, es decir, su muerte, resurrección y asunción a la gloria, son una fuente de esperanza para los cristianos que creemos en la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Los Padres del Concilio Vaticano II nos enseñaron: La Madre de Jesús, de la misma manera que, glorificada ya en los cielos en cuerpo y en alma, es imagen y principio de la Iglesia que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura, así en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor (Lumen Gentium, 68). Desde su lugar en el Cielo, María intercede con Cristo y a través de Cristo por todas las necesidades de sus hijos en la tierra. 


Oración 

María, Madre de Dios y nuestra querida Madre, quédate con nosotros en la hora de nuestra muerte. Ayúdanos a comprender que, al morir por nosotros, tu Hijo transformó la muerte en un acto de adoración al Padre, un momento sagrado de pasaje de esta vida a la otra; en el momento que sólo Dios dispone. Fortalecidos por los sacramentos de la Iglesia, ayúdanos a morir como tú, en un acto de amor y ofrecimiento de la propia persona por la salvación de los demás. Madre Santa, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.