Novena María Reina: «Reina de los Ángeles»

Novena María Reina: «Reina de los Ángeles»

13 de agosto de 2022 0 Por admin

«Deseo agradecerles y alentarlos, para que con el amor y la fuerza del Espíritu Santo trabajen aún más para Dios y Su reino.» (Mensaje, 25 de agosto de 2000)

Ut adveniat regnum tuum, adveniat regnum Mariæ!
¡Para que venga a nosotros tu reino, venga el reino de María!


San Lucas 1, 30-33

«…El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás.»


Ocho días después de la solemnidad de su Asunción al cielo, la liturgia nos invita a venerar a la santísima Virgen María con el título de «Reina». Contemplamos a la Madre de Cristo coronada por su Hijo, es decir, asociada a su realeza universal, tal como la representan muchos mosaicos y cuadros. También esta memoria cae este año en domingo, cobrando una luz mayor gracias a la Palabra de Dios y a la celebración de la Pascua semanal. En particular, el icono de la Virgen María Reina encuentra una confirmación significativa en el Evangelio de hoy, donde Jesús afirma: «Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos» (Lc 13, 30). Se trata de una típica expresión de Cristo, referida varias veces por los Evangelistas, con fórmulas parecidas, pues evidentemente refleja un tema muy arraigado en su predicación profética. La Virgen es el ejemplo perfecto de esta verdad evangélica, es decir, que Dios humilla a los soberbios y poderosos de este mundo y enaltece a los humildes (cf. Lc 1, 52).

La pequeña y sencilla muchacha de Nazaret se ha convertido en la Reina del mundo. Esta es una de las maravillas que revelan el corazón de Dios. Naturalmente la realeza de María depende totalmente de la de Cristo: él es el Señor, a quien, después de la humillación de la muerte en la cruz, el Padre ha exaltado por encima de toda criatura en los cielos, en la tierra y en los abismos (cf. Flp 2, 9-11). Por un designio de la gracia, la Madre Inmaculada ha sido plenamente asociada al misterio del Hijo: a su encarnación; a su vida terrena, primero oculta en Nazaret y después manifestada en el ministerio mesiánico; a su pasión y muerte; y por último a la gloria de la resurrección y ascensión al cielo. La Madre compartió con el Hijo no sólo los aspectos humanos de este misterio, sino también, por obra del Espíritu Santo en ella, la intención profunda, la voluntad divina, de manera que toda su existencia, pobre y humilde, fue elevada, transformada, glorificada, pasando a través de la «puerta estrecha» que es Jesús mismo (cf. Lc 13, 24). Sí, María es la primera que pasó por el «camino» abierto por Cristo para entrar en el reino de Dios, un camino accesible a los humildes, a quienes se fían de la Palabra de Dios y se comprometen a ponerla en práctica. (Benedicto XVI, Ángelus, 22-08-2010)


Mensaje, 25 de agosto de 2000

“¡Queridos hijos! Deseo compartir con ustedes mi gozo. En mi Corazón Inmaculado siento que son muchos los que se me han acercado y que llevan de una manera especial en sus corazones la victoria de mi Corazón Inmaculado, al orar y convertirse. Deseo agradecerles y alentarlos, para que con el amor y la fuerza del Espíritu Santo trabajen aún más para Dios y Su reino. Yo estoy con ustedes y los bendigo con mi bendición maternal. (Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


Sólo el amor de Dios, cuando nos toca, puede darnos la fuerza para superar todas las tentaciones, egoísmos y pecados, y permanecer así en el camino correcto. Por ello, María también nos dice que debemos descubrir a Dios con alegría en nuestra oración cotidiana, para que Él sea nuestra verdadera alegría. Esta es la dinámica del amor. El que ama está siempre cerca de la persona amada pero también está siempre alejado de ella. Es por ello que él siempre trata de acercarse más pero siempre siente que está lejos y nuevamente trata de acercarse. Debemos pedir a Dios en la oración por la dinámica de ese amor. También Ella nos pide tres veces que oremos porque Dios está muy cerca de nosotros en y a través de la oración. Espero que ese mensaje nos ayude y siga ayudándonos a ver si verdaderamente estamos peregrinando o si estamos atrapados en algo. El único camino bueno y verdadero para el hombre es vivir como un peregrino, es decir, con libertad interior, formar su vida con Dios y con los demás y así guardar el equilibro en su caminar. También debemos orar por este equilibrio. (Padre Slavko Barbaric, 26 de agosto 2000)


Oración a María Reina
(Imprimatur concedido por el Papa San Pio X el 8 de junio de 1908)

Augusta Reina de los Cielos y Señora de los Angeles, a Ti que has recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de Satanás, pedimos humildemente que envíes legiones celestiales para que, bajo Tus ordenes, persigan a los demonios, los combatan por todas partes, repriman su audacia y los precipiten en los abismos.
Quien como Dios?
!Oh buena y tierna Madre, siempre serás nuestro amor y nuestra esperanza!
!Oh Divina Madre, envia a los Santos Ángeles para defenderme, y aleja de mi al cruel enemigo!
Santos Ángeles y Arcángeles defendednos y guardadnos.
Amén.


Letanía Reina de los Ángeles

Lucifer es el Príncipe de las tinieblas porque en el primer instante de su existencia angélica alejó su poderoso intelecto de la comprensión del misterio de la Encarnación de Dios y trató de convencer a toda la corte celestial de que adoptara otro plan. La reacción fue tan rápida como la propuesta rebelde, cuando San Miguel, entendiendo que el Misterio de la Encarnación superaba a la más alta inteligencia angélica, se levantó en dura resistencia pronunciando ese gran grito de guerra: «¡Quién es como Dios!»

Cuando la Encarnación fue colocada ante los Ángeles, María estaba en el centro. Su papel en este misterio enfureció a Satanás. Preveía lo que significaría la Encarnación: los ángeles servirían a la Virgen, prepararían su nacimiento de diversas maneras y le anunciarían la venida de Dios entre los hombres. Al servir al Dios-hombre, ellos también servirían a Su Madre, y esto llevaría a servir a los hombres en el Cuerpo Místico de Cristo. Lucifer entendió claramente la posición en la que sería colocado, y renunciando a su propia humillación, no se inclinaría ante la Reina de los ángeles. El Cielo estaba dividido en dos campos, los que servirían al plan de Dios, y por lo tanto, la Reina del Cielo, y los que no lo servirían.

Pero María no era la Reina de los ángeles sólo como el punto focal del plan de Dios. María se convirtió en Reina de los ángeles porque su comprensión del Misterio de la Encarnación superó con creces la de ellos. Si Satanás se tambaleara tanto y Miguel reuniera a los ángeles buenos apelando a la omnipotencia de Dios, está claro que el entendimiento de María es muy diferente al de ellos. El entendimiento de María vino del Espíritu de la Verdad comunicado en mayor plenitud a Ella que a los ángeles. Como esposo íntimo del Espíritu Santo, y el tabernáculo en el cual Él formaría la obra maestra de la Sabiduría Divina, el Espíritu Santo comunicó a María los más altos grados de todos Sus dones. ¿Acaso el Esposo no reserva para Su amado lo mejor que tiene de todo? Y así, María es la Reina de los ángeles, no sólo en su posición física, sino en sus cualidades intelectuales. Sus deberes y cercanía a la salvación requerían una mayor comprensión del Misterio de Jesús de la que cualquier ángel podría poseer jamás.

Y sin embargo, los ángeles también sirven a su Reina. En la tierra, llevaban a Ella las gracias más grandes de Dios como un vehículo blindado lleva los tesoros de un hombre rico a su hijo. En el cielo, ellos llevan el poder de Sus oraciones a las almas de todo el mundo. En la tierra la protegieron de la intrusión de los espíritus malignos y en el cielo ejercen sus deseos contra ellos. Ella los envía a hacer mandados de misericordia para convertir a los pecadores con inspiraciones angélicas y para frustrar los trucos del diablo. En efecto, la Iglesia Católica en la tierra es un vasto reino de almas en gran necesidad, con una tarea divina a realizar en medio de una dolorosa guerra espiritual. María es la Reina de la Iglesia, que tiene a su disposición todo el ejército celestial que Dios ha puesto a su disposición para el cumplimiento de sus designios: «¡Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra, como en el cielo!» ¡Ave María!


Oremos con el Padre Slavko:

«Dios, Padre Nuestro, Dios de la Vida, Dios de la Paz, Dios del Amor y Dios de la Alegría, en nombre de Tu Hijo Jesús, junto con María, Te pedimos que nos libres de toda tristeza que proviene del pecado y de las heridas del pecado, y que llenes nuestros corazones con Tu alegría. Danos una profunda humildad para que estemos dispuestos a aceptar y vivir Tu voluntad para que la victoria que María ha experimentado en Su Inmaculado Corazón también tenga lugar en nuestros corazones. Danos, Oh Padre, la fuerza de convertirnos en hombres de paz, de amor, de justicia, de misericordia y así poder ser testigos de Tu Victoria en este mundo. En nombre de Tu Hijo Jesús, renunciamos a todo pecado, a Satanás y a todas sus obras, y queremos formar nuestras vidas aquí en la tierra con María, Tu más Humilde Sierva. Te pedimos, oh Padre, por todos aquellos que aún tienen sus corazones cerrados para Ti, debido a la tristeza, al temor , a sentimientos negativos, al odio, envidia, dependencias o están heridos y por lo tanto no pueden seguir el camino de María hacia Ti. Te pedimos que bendigas a todas las personas con las que nos encontramos para que podamos ayudarlas a seguir el camino de la victoria que María ha mencionado en este mensaje. Danos el amor y la fuerza para poder hacer todo por amor a Ti y Tu Reino. Haznos capaces de convertirnos en Tus testigos en nuestras familias, en nuestras parroquias, en la Iglesia y en el mundo para que estemos dispuestos a dar testimonio de Tu amor como hijos Tuyos. María, gracias por la alegría que compartís con nosotros. Te damos gracias por la victoria que Tu Corazón Inmaculado alcanzó por nosotros y ayúdanos, con Tu intercesión y con Tu bendición maternal a ser verdaderamente hijos Tuyos y y buenos alumnos en esta escuela de amor, para que todos podamos ser una bendición para el mundo. Junto con María, Te pedimos Jesús que nos ayudes a nosotros y al mundo entero. Ayúdanos a liberarnos de todo pecado y de todo mal, para que así, igual que María, podamos decidirnos completamente por Dios. Que así sea. Amén.»
(Fray Slavko Barbaric, Medjugorje; 26 de agosto 2000)


Oración Final

Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos.
Reina dignísima del mundo, María Virgen perpetua, intercede por nuestra paz y salud, tú que engendraste a Cristo Señor, Salvador de todos. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.