Novena a María Madre de Dios y Reina de la Paz

Novena a María Madre de Dios y Reina de la Paz

22 de diciembre de 2020 0 Por admin

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!


Mensaje, 2 de mayo de 2011

“Queridos hijos, Dios Padre me envía para mostraros el camino de la salvación, porque Él, hijos míos, desea salvaros y no condenaros. Por eso yo, como madre, os reúno a mi alrededor, porque con mi amor materno deseo ayudaros para que estéis libres de la suciedad del pasado y comencéis a vivir de nuevo y de manera diferente. Os llamo a que resucitéis en mi Hijo. Mediante la confesión de vuestros pecados, renunciéis a todo lo que os ha distanciado de mi Hijo y que ha hecho que vuestras vidas sean vacías e infructuosas. Decid SÍ al Padre con vuestro corazón y poneos en camino de la salvación, a la que Él os llama a través del Espíritu Santo. Gracias” Rezo especialmente por los pastores, para que Dios les ayude a estar a vuestro lado, de todo corazón.”


(…) «María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19). El primer día del año está puesto bajo el signo de una mujer, María. El evangelista san Lucas la describe como la Virgen silenciosa, en constante escucha de la Palabra eterna, que vive en la palabra de Dios. María conserva en su corazón las palabras que vienen de Dios y, uniéndolas como en un mosaico, aprende a comprenderlas. En su escuela queremos aprender también nosotros a ser discípulos atentos y dóciles del Señor. Con su ayuda maternal deseamos comprometernos a trabajar solícitamente en la «obra» de la paz, tras las huellas de Cristo, Príncipe de la paz. Siguiendo el ejemplo de la Virgen santísima, queremos dejarnos guiar siempre y sólo por Jesucristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8). (Benedicto XVI, 1 de enero de 2006)

…¿El Verbo eterno no entró en el tiempo precisamente por medio de María? Lo recuerda…el apóstol san Pablo, afirmando que Jesús nació “de una mujer” (cf. Ga 4, 4). En la liturgia…destaca la figura de María, verdadera Madre de Jesús, hombre-Dios. Por tanto, no se celebra una idea abstracta, sino un misterio y un acontecimiento histórico:  Jesucristo, persona divina, nació de María Virgen, la cual es, en el sentido más pleno, su madre.

Además de la maternidad, hoy también se pone de relieve la virginidad de María. Se trata de dos prerrogativas que siempre se proclaman juntas y de manera inseparable, porque se integran y se califican mutuamente. María es madre, pero madre virgen; María es virgen, pero virgen madre. Si se descuida uno u otro aspecto, no se comprende plenamente el misterio de María, tal como nos lo presentan los Evangelios. María, Madre de Cristo, es también Madre de la Iglesia, como, (…) Pablo VI proclamó el 21 de noviembre de 1964, durante el concilio Vaticano II. María es, por último,Madre espiritual de toda la humanidad, porque en la cruz Jesús dio su sangre por todos, y desde la cruz a todos  encomendó  a  sus  cuidados  maternos.  (Benedicto XVI, 1 de enero de 2007)

Al misterio de la maternidad divina de María, la Theotokos, hace referencia el apóstol san Pablo en la carta a los Gálatas. «Al llegar la plenitud de los tiempos -escribe- envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley» (Ga 4, 4). 

En pocas palabras se encuentran sintetizados el misterio de la encarnación del Verbo eterno y la maternidad divina de María: el gran privilegio de la Virgen consiste precisamente en ser Madre del Hijo, que es Dios.

…La Virgen María se planteó más de una vez esta pregunta: ¿Por qué Jesús quiso nacer de una joven sencilla y humilde como yo? Y también, ¿por qué quiso venir al mundo en un establo y tener como primera visita la de los pastores de Belén? María recibió la respuesta plenamente al final, tras haber puesto en el sepulcro el cuerpo de Jesús, muerto y envuelto en una sábana (cf. Lc 23, 53). Entonces comprendió plenamente el misterio de la pobreza de Dios. Comprendió que Dios se había hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza llena de amor, para exhortarnos a frenar la avaricia insaciable que suscita luchas y divisiones, para invitarnos a frenar el afán de poseer, estando así disponibles a compartir y a acogernos recíprocamente.   (Benedicto XVI, 1 de enero de 2009)

El Hijo eterno del Padre tomó en ella nuestra misma carne y, a través de ella, se convirtió en “hijo de David e hijo de Abraham” (Mt 1, 1). Por tanto, María es su verdadera Madre:  ¡Theotókos, Madre de Dios!

Si Jesús es la vida, María es la Madre de la vida.

Si Jesús es la esperanza, María es la Madre de la esperanza.

Si Jesús es la paz, María es la Madre de la paz, Madre del Príncipe de la paz. (San Juan Pablo II, 1 de enero de 1997)

La Maternidad Divina de María es una verdad revelada y manifestada por el mismo Señor en su plan de Redención. 

El Verbo eterno entró en el tiempo precisamente por medio de María. Ella, que escucha y vive la palabra de Dios, es constituida Madre del Verbo Divino, para que con amor maternal pueda dirigir nuestra mente y corazón a reconocer el camino de la salvación. Nos dice: “deseo ayudaros para que estéis libres de la suciedad del pasado y comencéis a vivir de nuevo y de manera diferente.”

Viviendo en su maternidad el dolor de ver a su Hijo herido y muerto, comprendió que Dios se había hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza llena de amor. 

Como Madre nuestra insiste: Decid Sí al Padre con vuestro corazón

Los católicos recurren instintivamente a la Madre de Dios para pedirle ayuda en tiempos de necesidad. Durante los difíciles años de persecución por parte del Imperio Romano, los cristianos rezaban el Sub Tuum Praesidium. Esta oración sencilla fue escrita en Oriente, aparentemente en Egipto, antes del año 250 D.C., y evoca la confianza de los cristianos en la Santísima Virgen:

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Esta plegaria evidencia la fe de la Iglesia en que Jesucristo es Dios y María es la Madre de Dios y madre de los discípulos de Cristo (Juan 19:25-27). La relación maternal de María con Jesús y con todos los miembros de Su Cuerpo es el cimiento de la confianza de los cristianos en la capacidad de la Madre para ayudar a sus hijos en la tierra que se encuentran en peligro.

Hay muchas realidades y verdades fundamentales en riesgo: el derecho a la vida otorgado por Dios a todo niño por nacer; el valor de la virginidad hasta el matrimonio para nuestros jóvenes y la virtud de la castidad para todos; la mismísima definición del matrimonio como el vínculo indisoluble entre un varón y una mujer abierto a una nueva vida dada por Dios; y la responsabilidad de todos en el cuidado de los discapacitados y los ancianos hasta que el Señor los llame a Su presencia. Si bien hay muchos otros temas en juego, éstos solos ya señalan la necesidad de oración y discernimiento.

María, como nadie, nos ayuda a contemplar con asombro el misterio de la concepción y el nacimiento del ser humano, porque el mismo Dios fue concebido por el poder del Espíritu Santo y se gestó durante nueve meses con un amor indescriptible.

Esta Novena a la Madre de Dios,  nos recordará algunas verdades centrales de la fe, especialmente, la Encarnación, la pasión, muerte, resurrección del Señor y el papel único que tiene María en nuestra salvación. Será, en algún sentido, una catequesis que nos convoque a una conversión más profunda a Cristo y una vida de caridad más generosa. Con estas intenciones en mente, nos dirigimos a María

Día 1:        La Inmaculada Concepción de la Madre de Dios

Día 2:        El deseo de virginidad de María

Día 3:        La Anunciación

Día 4:        La Visitación

Día 5:        La maternidad divina de María

Día 6:        Las bodas de Caná

Día 7:        María en el Calvario

Día 8:        María y el Misterio de la Pascua

Día 9:        La Asunción de María al Cielo

 Esta oración cumplirá el mandato de San Pablo en su Primera Carta a Timoteo:

“Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tim 2:1-4).