No olviden: este es un tiempo de gracia

No olviden: este es un tiempo de gracia

24 de agosto de 2021 0 Por admin

Existe la tentación de esperar que los otros sean portadores de la paz


Mensaje, 25 de octubre de 1999 

“¡Queridos hijos! No olviden: este es un tiempo de gracia, por lo tanto, oren, oren, oren! ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


Comentario Padre Slavko:

El mensaje de María para este mes es muy breve. En octubre de 1991, cuando para Croacia corrían tiempos terribles ya que la guerra era cada vez peor, el mensaje fue más breve aún. En aquel entonces, María solamente repitió «oren» tres veces y no dijo «Gracias por haber respondido a mi llamado» como de costumbre. Sin embargo, en el mensaje de este mes, tenemos tres palabras que debemos meditar y que son un impulso muy útil para nuestras vidas. María dice…

NO OLVIDEN

… quedémonos aquí sin incluir lo que sigue. Estas palabras «no olviden» en realidad nos hacen acordar de un elemento muy importante que existe entre Dios y nosotros, entre unos y otros. La Biblia frecuentemente nos dice que no nos olvidemos de los milagros y de todo lo demás que Dios ha hecho por nosotros. Dios, por su parte, nos promete a todos que no nos olvidará y también dice, «aún cuando una madre puede olvidar a su hijo, Yo no los puedo olvidar» (Is 49,15). Dios nunca se olvida de nosotros porque El nos creó por el amor que nos tiene, y El nos guía y se preocupa por nosotros con mucho amor. Todos los salmos y los textos de oración que aparecen en la Biblia recuerdan y nos invitan a no olvidar lo que Dios ha hecho por nosotros. Si una persona no se olvida de los milagros de Dios, esa persona tiene fe, amor, confianza y paz. La fe solo se puede construir sobre esta idea de no olvidar. Lo mismo ocurre con la confianza, con el amor y con la paz. Esto significa que si pienso en mi pasado y en ese pasado puedo ver la mano de Dios, entonces seré capaz de confiar y de creer sin importar cómo era ese pasado, porque sabré que Dios nunca se olvida de mi y siempre está conmigo. Aquel que se olvida no puede creer ni confiar porque no tiene las raíces para que esto ocurra. Para aclara aún más este mensaje, solamente consideremos la oración de María. Cuando Isabel la saludó, María respondió, «Mi alma se regocija en el Señor y mi espíritu se alegra en Dios porque El miró con bondad a Su sierva», es decir a María misma, porque Él, en ese momento le había dado tantas gracias que ella sabía exactamente que en adelante todas las generaciones futuras la llamarán bendita. Entonces toma su lugar la memoria, María no se olvida de esto. María sabe que Dios está del lado de los pobres porque llegará el día en que los ricos quedarán con las manos vacías, y Ella sabe que Dios está del lado de los débiles porque llegará el día en que los poderosos y orgullosos perderán todo. Esto ocurre porque Dios es fiel a Su palabra. Si María se hubiese olvidado esto, Ella no hubiera podido decir, «Señor que se haga Tu voluntad». También sabemos que María no se olvidaba de la palabra. San Lucas dice que María guardaba en su corazón todas las palabras de su Hijo. Este término «guardaba» no significa conservar o encerrar, sino por el contrario, esto implicaba una meditación activa. Esta meditación consistía en comparar, entre otras cosas. María, como madre, tenía experiencias con Jesús y todo lo que veía en Él y escuchaba de Él lo comparaba con todo lo que se decía sobre el Mesías. Podemos afirmar lo mismo de todos los profetas y Santos. Pero volviendo a nosotros, debemos tener mucho cuidado de nunca olvidar lo que Dios ha hecho por nosotros.

En este momento estoy pensando en la vida de una mujer que había perdido a su madre a la edad de 14 años. En aquel momento le pidió a Dios que su madre no muera, pero como su madre murió esta mujer nunca más pudo creer ni confiar en Dios. Ella estaba muy enojada con Dios, y no quería orar nunca más ni tener nada más que ver con la Iglesia. Esto duró por más de 20 años, pero el otro día ocurrió algo que le hizo darse cuenta de repente de que Dios había estado con ella durante todo este tiempo, y ella se sintió culpable y vino a Medjugorje para liberarse de este sentimiento de culpa y al mismo tiempo para agradecerle a Dios. Por otro lado, ella había contraído matrimonio fuera de la Iglesia y no quería bautizar a sus hijos siendo muy consecuente por sus experiencias negativas. Nosotros podemos aprender algo de este caso. Todos corremos el peligro de olvidar todo lo bueno que Dios hizo en nuestras vidas, para concentrarnos en aquello que no se ajustaba a nuestros deseos y así construir nuestra relación con Dios. Cuando lo negativo, las heridas y los deseos insatisfechos controlan nuestras vidas y se ubican en el primer lugar en nuestras vidas, perdemos la fe, la esperanza, la paz, la confianza el amor y por lo tanto simplemente TODO. María quiere que meditemos constantemente en el bien que Dios hizo en nuestras vidas para que no nos desarraiguemos. Porque el que no ve su vida en Dios y en la Iglesia no tiene raíces y puede ser sacudido hacia atrás y hacia delante por muchas corrientes diferentes. Es por ello que en la actualidad hay muchas personas desarraigadas que no piensan en su propia sanación sino en que son llevados por el mal camino por otras historias y situaciones. Para poder crecer en el amor, en la fe, en la confianza y en la paz, en primer lugar debemos orar por ello y luego al mismo tiempo, debemos conscientemente trabajar para ello así podremos descubrir las gracias de Dios y Su amor por nosotros. Siguiendo con el mismo tema, no debemos olvidar nuestra relación con los demás. Cuando nadie en la familia olvida – el esposo nunca olvida lo que su esposa hace por él, la esposa nunca olvida lo que el esposo hace por ella, los hijos nunca olvidan lo que ambos padres hacen por ellos, los padres nunca olvidan lo que sus hijos hacen por ellos, y cuando todo este bien está siempre presente y siempre se trabaja en él, entonces la familia puede sobrevivir, puede amar, puede confiar y tener fe. Pero el divorcio y los conflictos entre el esposo y la esposa, y entre los padres y sus hijos comienzan exactamente porque han olvidado, y para mejorar nuestra relación con los demás, debemos estar siempre conscientemente agradecidos por todo lo que Dios y los demás han hecho por nosotros. Es muy bueno y sanador recordar el bien que hemos recibido de las personas y de Dios. Por lo tanto, es tan peligroso el no olvidar el mal como olvidar el bien. Si no olvidamos lo malo, tampoco podemos perdonar y si no perdonamos vamos por el mal camino como así también aquellos que nos rodean y no tenemos una buena relación con Dios. Siempre estamos en peligro de olvidar fácilmente muchos, pero muchos actos de amor y gracias, y de recordar y guardar en nuestro corazón solamente lo negativo. Debemos luchar de verdad y conscientemente contra esto. Si por ejemplo, tenemos un conflicto con alguien a quien no somos capaces de perdonar, sería bueno sentarse y hacer una lista de las cosas buenas y de las cosas malas que tiene esa persona y así simplemente comparar ambas listas. Siempre observaremos que esa persona tiene muchas cosas buenas y entonces podremos comenzar el proceso de reconciliación. Podemos decir lo mismo con respecto al fenómeno de Medjugorje, que tiene lugar desde hace 18 años y 4 meses. Aquellos que no han olvidado que María ha estado viniendo aquí desde el primer día porque Dios le permitió que así sea, nunca se cansarán de seguir orando y ayunando y de seguir acompañando a María. Aquellos que se han olvidado ya no oran ni ayunan y ya no participan de este maravilloso suceso. Esta parroquia especialmente y las personas que viven cerca de aquí son lo que corren el mayor peligro, y es por ello que los invito a todos a orar especialmente por los videntes y por las personas de esta Parroquia para que no se olviden lo que Dios ha hecho por nosotros al enviar a María aquí. En este breve mensaje María utiliza la expresión…

ESTE ES UN TIEMPO DE GRACIA

María ha repetido esta expresión en varias oportunidades durante estos años. Debemos tener cuidado de no mal interpretar esta frase pensando que un tiempo tiene mayor o menor gracias que otro. Dios es la plenitud del bien, del amor, de la misericordia y de todas las gracias y ni siquiera con todos nuestras oraciones y ayuno seremos capaces de hacer que Dios sea un mayor dador de gracias. Si Dios puede ser más completo hoy de lo que fue ayer o mañana, entonces ese no es el Dios en el que nosotros creemos. Desde el principio de los tiempos, cuando Dios nos dio el tiempo, siempre ha sido tiempo de gracia. Acá nos concierne a nosotros. NOSOTROS somos los que podemos experimentar estos tiempos de manera diferente, por ejemplo en la Navidad, en la Pascua o en diferentes Festividades, a muchas personas les resulta más fácil participar de la Santa Misa, volver a la Confesión y a la oración, y luego se olvidan nuevamente por un tiempo. Pero todo es tiempo de gracia. Todos aquellos que conocen y siguen el fenómeno de Medjugorje saben eso desde el primer día hasta hoy, cada día puede ser entendido como un tiempo de gracia. ¿Cuanta alegría han tenido las personas desde que encontraron que María realmente se aparece aquí? ¿Cuánta paz y cuantas decisiones nuevas por la oración y el ayuno se han producido desde que María comenzó a aparecerse aquí? ¿Cuántas personas se han decidido a amarse y a reconciliarse especialmente por medio de la Confesión con los demás desde que María comenzó a aparecerse aquí? Todo esto es un tiempo de gracia. Hablando radicalmente, en vez de orar «Señor, ten misericordia de nosotros» deberíamos decir «Señor, danos la gracia para aceptar lo que constantemente nos ofreces». Lo que dice en la oración que María le dictó a Jelena, «Dame la gracia de ser misericordioso contigo», deberíamos ser más conscientes de que deberíamos ser misericordiosos hacia Dios y también orar por ello.

Imaginemos una posible situación en una familia. Los padres han preparado algunos regalos y los hijos ya lo saben pero por cualquier motivo no vienen o cuando vienen no están contentos con lo que ven o inclusive los rechazan a todos, los padres podrían decir, «Hijos, tengan misericordia hacia nosotros y acepten el amor que les hemos demostrado a través de estos regalos!». En este mensaje, es realmente importante que agradezcamos por este tiempo de gracia y deberíamos orar aún más para que podamos utilizar y vivir este tiempo de manera tal que podamos comenzar desde el mismo principio. Quiero que todos tomen conciencia de esto. Hoy en día se habla mucho sobre el Jubileo del Año 2000 y muchas personas de alguna manera esperan que a partir de enero todo será distinto. Este Mesianismo es incorrecto, tal como los Judíos imaginaron 2000 años atrás. Es realmente importante que todos sepamos que lo que ocurra o deje de ocurrir en determinada fecha solamente depende de cada uno de nosotros. Dios nos da la gracia, Dios siempre nos ha ofrecido el tiempo de gracia y, yo diría, especialmente como dijo San Pablo, «Dios envió a Su Hijo en la plenitud de los tiempos», estamos llamados a usar muy conscientemente este tiempo de gracia. Luego María nos invita…

POR ELLO, ¡OREN, OREN, OREN!

En casi todos los mensajes, María nos pide la oración y en algunos, como es este caso, nos llama tres veces a que lo hagamos. Toda madre y toda maestra lo hace cuando repite más de una vez a los niños lo que deben hacer para así llegar a sus corazones profundamente con lo que quiere decirles. Con este triple llamado, oren, oren, oren, no debemos imaginar nada especialmente urgente, sino que podamos tomar la decisión más fácilmente para la oración y quizás orar más. Nuestra oración debe ser un encuentro con Dios y en septiembre María nos invitó a encontrar a Dios en la oración con alegría, ese Dios que nos ama infinitamente. Y gracias a Dios, ha surgido un nuevo espíritu de oración que permanece en las almas de muchos peregrinos, en muchos grupos de oración y en muchas familias. Hoy también nos queremos decidir muy conscientemente a orar junto con María para la realización de sus planes en nuestras intenciones. Oremos pidiendo la bendición de Dios… Dios, nuestro Padre Celestial, en nombre de Tu Hijo Jesús y junto con María, Reina de la Paz, te pedimos que nos des la gracia de nunca olvidar que Tu nos has creado, que nos amas, que eres misericordioso y que eres el Dios de la paz. Danos la gracia de no olvidar que en Jesucristo, nos ofreciste la salvación, la reconciliación, la liberación del pecado y de todo lo malo. Danos la gracia de abrir nuestros corazones a todo lo que Tú nos ofreces. Te pedimos que bendigas a todos aquellos que han perdido la esperanza, para que nunca olviden que Tú eres nuestro Dios de esperanza. Bendice a todos aquellos que no tienen paz, para que nunca olviden que Tú eres el Dios de la paz. Bendice a todos aquellos que tiene odio en sus corazones para que no olviden que Tú eres el Dios del amor. Bendice a todos aquellos que han perdido el propósito de sus vidas, para que nunca olviden que Tú eres el camino, la verdad y la vida. Bendice a todos aquellos que están enfermos, para que nunca olviden que Tú eres el Dios que desea curar. Bendice a todas las personas y a todas las familias, a toda la Iglesia y al mundo entero, para que nunca olvidemos que Tú eres nuestro Dios y nuestro Padre, y para que sigamos el camino de la paz contigo. Perdónanos, Oh Padre, por olvidar tan fácilmente que Tú estas con nosotros, y perdónanos porque nos resulta muy difícil olvidar lo malo, para que podamos servirte con corazones limpios. Te lo pedimos en nombre de Cristo y junto con María. ¡Bendícenos y danos paz! Amen.

Fray Slavko Barbaric

Medjugorje; 28 Noviembre 1999