Mujer, ¿dónde están tus acusadores?

Mujer, ¿dónde están tus acusadores?

22 de marzo de 2021 0 Por admin

El mundo y las tentaciones del mundo los prueban


Mensaje, 25 de febrero de 2018

“Queridos hijos! En este tiempo de gracia los invito a todos a abrirse y a vivir los Mandamientos que Dios les ha dado, para que estos los guíen a través de los Sacramentos en el camino de la conversión. El mundo y las tentaciones del mundo los prueban; ustedes, hijitos, miren las criaturas de Dios que, en belleza y humildad, Él les ha dado, e hijitos, amen a Dios sobre todas las cosas y Él los guiará en el camino de la salvación. Gracias por haber respondido a mi llamado.”


“Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?”

Ella le respondió:

“Nadie, Señor”.

“Yo tampoco te condeno -le dijo Jesús-. Vete, no peques más en adelante”.

                    (Del Evangelio de San Juan 8, 1-11)


 Estos fariseos, inundados de ira, hipocresía y malicia, al pretender colocar en conflicto al Señor, también representan la tormenta de nuestros juicios, cuando aun no estamos verdaderamente convertidos.

  No fue por ignorancia por la que llevan a la sorprendida adúltera ante la presencia de Cristo, sino que es por aversión a las palabras, gestos y coherencia de vida el Señor, que hace evidente  la dobleza y  mundanidad de la multitud escandalizada, que bajo la apariencia de fidelidad a la ley, esconden sus intenciones bajas  y ambiciones.

 La actitud del Maestro de permanecer sereno y sentado, escribiendo en el suelo, significan que Dios es tan omnipotente, que no le repugna hacerse pequeño, y que siendo la sabiduría misma,  no ignora los pecados de los fariseos, ya que su dedo divino el que escribió la ley y es su Espíritu el que concede con la gracia el cumplimiento íntegro de los preceptos. 

 Los escribas y fariseos no tienen autoridad para aplicar la sentencia, ya que han cometido adulterio también en sus intenciones. Pecan contra la alianza, privando a Dios del Señorío de sus corazones. Y siguen haciéndose un becerro de vanidad, arrogancia y poder.

 Pero así como el Señor procuró iluminar la conciencia de los acusadores, para que examinaran su conducta y reconocieran su propio adulterio del corazón; también quiso dar la gracia de una contrición   a la mujer, haciéndole una pregunta que englobara toda su vida, refiriéndose no solo al tribunal callejero, que la había sorprendido, sino también a todos los ídolos a los que vendió su alma y corazón, por la paga del poder, placer y tener y poder: “tus acusadores”, que la habían dejado sola, derrotada, despojada y ultrajada. Sus mismas bajezas, a las que se sometió, sin reflexión ni escrúpulo, despiadadamente la traicionan y abandonan. No la condenan por misericordia, sino que por inconsistencia. Reconoce que Aquel al que despreció escandalosamente, es el único en rescatarla, y viendo un corazón destrozado por la vergüenza y la humillación , le ofrece el consuelo y el remedio de la misericordia y la vida nueva.


Atte. Padre Patricio Romero