Mi Padre le amará, y vendremos a él…

Mi Padre le amará, y vendremos a él…

25 de septiembre de 2020 0 Por admin

Esclavitud de amor a María Reina de la Paz. Día 14

LA OBEDIENCIA HUMILDE A EJEMPLO DE JESUCRISTO


San Juan 14, 23

«Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.”


Mensaje, 25 de enero de 1988

“¡Queridos hijos! También hoy los invito a la conversión total, que es difícil para todos aquellos que no han escogido a Dios. Los invito, queridos hijos, a convertirse totalmente a Dios. Dios puede darles todo lo que ustedes buscan; pero ustedes acuden a Dios sólo cuando vienen las enfermedades, los problemas, las dificultades y piensan que Dios está lejos de ustedes y que no los escucha y no atiende sus oraciones. No, queridos hijos, eso no es verdad! Si ustedes están lejos de Dios, no pueden recibir gracias porque no las piden con una fe firme. Cada día, Yo oro por ustedes y deseo acercarlos siempre más a Dios. Pero no podré hacerlo, si ustedes no lo desean. Por tanto, queridos hijos, pongan sus vidas en manos de Dios. Yo los bendigo. Gracias por haber respondido a mi llamado!”


“El amor aparta del mundo a los santos. Es el único que hace a los concordes habitar en la mansión en que el Padre y el Hijo moran. Ellos dan este amor, a los que concederán por fin su contemplación. Hay cierta manifestación interior de Dios, que los impíos desconocen por completo, porque para éstos no hay manifestación alguna de Dios Padre y Espíritu Santo… Después continúa: «Y vendremos a él». En efecto, vienen a nosotros, si vamos nosotros a ellos; vienen con su auxilio, nosotros con la obediencia; vienen iluminándonos, nosotros contemplándolos; vienen llenándonos de gracias, nosotros recibiéndolas, para que su visión no sea para nosotros algo exterior, sino interno, y el tiempo de su morada en nosotros no transitorio sino eterno” (San Agustín)


Romanos 7, 4-6:

“Así pues, hermanos míos, también ustedes quedaron muertos respecto de la ley por el cuerpo de Cristo, para pertenecer a otro, a aquel que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que fructificáramos para Dios. Porque, cuando estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, excitadas por la ley, obraban en nuestros miembros, a fin de que produjéramos frutos de muerte. Más, al presente, hemos quedado emancipados de la ley, muertos a aquello que nos tenía aprisionados, de modo que sirvamos con un espíritu nuevo y no con la letra vieja.”

“Pero ¿Qué mucho es que tú, polvo y nada, te sujetes al hombre por Dios, cuando Yo, Omnipotente y Altísimo, que crié todas las cosas de la nada, me sujeté al hombre humildemente por ti?

Me hice el más humilde y abatido de todos, para que vencieses tu soberbia con mi humildad.

Aprende, polvo, a obedecer; aprende, tierra y lodo, a humillarte y postrarte a los pies de todos.

Aprende a quebrantar tus inclinaciones y rendirte a toda sujeción.”

(Imitación de Cristo, libro III, cap. 13)


“De lo que Jesucristo es para nosotros, debemos concluir, con el Apóstol (1Cor 3, 23; 6, 19-20; 12, 27), que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que somos totalmente suyos, como sus miembros y esclavos comprados con el precio infinito de toda su sangre (1Pe 1, 19). Efectivamente, antes del bautismo pertenecíamos al demonio como esclavos suyos. El bautismo nos ha convertido en verdaderos esclavos de Jesucristo que no debemos ya vivir, trabajar ni morir sino a fin de fructificar para este Dios-Hombre (Rm 7, 4), glorificarlo en nuestro cuerpo y hacerlo reinar en nuestra alma, porque somos su conquista, su pueblo adquirido y su propia herencia (1Pe 2, 9).” (Tratado de la V. D. 68)

“Hay varias verdaderas devociones a la Virgen Santísima: no hablo aquí de las falsas.

Consiste la primera en cumplir con los deberes de cristiano, evitando el pecado mortal, obrando más por amor que por temor, rogando de tiempo en tiempo a la Santísima Virgen y honrándola como Madre de Dios, sin ninguna otra especial devoción para con ella.

 La segunda tiene para la Virgen más altos sentimientos de estima, amor, veneración y confianza; induce a entrar en las cofradías del santo Rosario y del Escapulario, a rezar la corona o el santo Rosario, a honrar las imágenes y altares de María, a publicar sus alabanzas, a alistarse en sus congregaciones. Y esta devoción, al excluir de nuestra vida el pecado, es buena, santa y laudable; pero no es tan perfecta ni tan capaz de apartar a las almas de las criaturas y desprenderlas de sí mismas a fin de unirlas a Jesucristo.

 La tercera devoción a la Santísima Virgen, de muy pocas personas conocida y practicada, es, almas predestinadas, la que os voy a descubrir.” (Secreto de María, 24-27)


Mensaje, 25 de junio de 2009

“¡Queridos hijos! Alégrense conmigo, conviértanse en alegría y agradezcan a Dios por el don de mi presencia entre ustedes. Oren para que en sus corazones Dios esté en el centro de su vida y con su propia vida, hijitos, testimonien para que cada criatura pueda sentir el amor de Dios. Sean mis manos extendidas para que cada criatura pueda acercarse al amor de Dios. Yo los bendigo con mi bendición maternal. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”