Mi Madre y mis hermanos…

Mi Madre y mis hermanos…

29 de julio de 2021 0 Por admin

El nombre de hermanos se toma bajo cuatro sentidos en las Sagradas Escrituras 


DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO:

Cuando estaba todavía hablando a las gentes, he aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían hablar. Y le dijo uno: «Mira que tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan». Y El, respondiendo al que le hablaba, le dijo: «¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?» Y extendiendo la mano hacia sus discípulos, dijo: «Ved aquí mi Madre y mis hermanos: Porque todo aquél que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y Madre». (vv. 46-50)


COMENTARIO A PARTIR DE LA PATRÍSTICA:

Es necesario tener presente que el nombre de hermanos se toma bajo cuatro sentidos en las Sagradas Escrituras, según San Jerónimo : hay hermanos de naturaleza, de nación, de parentesco y de cariño. Por naturaleza, como Esaú y Jacob ( Gén 25); por nacionalidad, así todos los judíos se llaman entre sí hermanos, como en el Deuteronomio ( Dt 17,15); «No podrás constituir como rey sobre ti un hombre extranjero que no es tu hermano». Además, se llaman hermanos los que son de una misma familia, como en el Génesis: «Y dijo Abraham a Lot: no haya disputa entre tú y yo, porque somos hermanos» ( Gén 13,8). Los hermanos de cariño lo son, o de una manera general, o de una manera individual. Así se llaman de una manera más especial hermanos todos los cristianos, como dice el Salvador: «Ve y di a mis hermanos» ( Jn 20,17), y de una manera general, porque todos los hombres reconocen un solo padre y están unidos entre sí por un parentesco común y esto es lo que se lee en Isaías: «Decid a los que os aborrecieron: Vosotros sois nuestros hermanos» ( Is 66,9). Pregunto yo ahora: ¿de qué manera son hermanos del Señor los que así llama el Evangelio? ¿Por naturaleza? Pero la Escritura no lo dice ni los llama hijos de María ni de José. ¿Por la nacionalidad? Pero esto es un absurdo, porque sería llamar hermanos a unos cuantos judíos, y no a los demás; siendo así que todos los judíos que estaban allí presentes tenían derecho a la misma denominación. ¿Es según el sentimiento humano o sobrenatural? Pero en este sentido ¿quién mejor que los Apóstoles, a quienes daba el Señor instrucciones íntimas, merecía llamarse hermano? O si todos (porque son hombres) son hermanos, fue una cosa necia anunciar como cosa propia a los que lo esperaban fuera diciendo: «Mira, tus hermanos te buscan». Resulta, pues, que la palabra hermano debe tomarse no en el sentido de la naturaleza, ni en el de la nacionalidad, ni en el de afecto, sino en el de parentesco.

Es probable que el anunciante de los parientes de Jesús no habla por casualidad, ni con sinceridad, según el mismo San Jerónimo, sino para tenderle algún lazo, sin duda para ver si prefería a la obra espiritual la carne y la sangre. Por eso el Señor, sin negar a su Madre y a sus parientes, sino para contestar al que le avisaba, rehusó el salir.

Por otro lado, pudiese haber existido, en algún pariente, claro está que no en su Madre Virginal, algún orgullo.  “Porque debían entrar y mezclarse con las turbas para oírle, o si no querían esto, esperar hasta el final del discurso y acercársele entonces. Pero ellos lo llaman afuera y lo hacen en presencia de todos para manifestar su vanidad y hacer ver a todos que mandan con autoridad a Cristo, cosa que manifiesta el evangelista e insinúa bajo cierto velo, cuando dice: «Cuando estaba todavía hablando», que es como si dijera: ¿No lo podían haber hecho en otra ocasión? ¿Y qué deseaban ellos hablar? Si era en favor de los dogmas de la verdad, debían de haberse contentado de una manera ordinaria a fin de ganar de este modo las almas de sus oyentes; y si era de cosas pertenecientes a ellos no era oportuno llamarle con tanta prontitud, de donde resulta que lo hacían llevados de la vanagloria.”

“Lo que se acaba de decir nos enseña también otra cosa, a saber: que no se debe despreciar la virtud dejándose llevar de la confianza que puede inspirar el parentesco; porque si nada aprovecha a la Madre el ser Madre, si no tiene virtud, ¿quién podrá gloriarse de encontrar su salvación en el parentesco? Porque no hay más que una sola nobleza, el hacer la voluntad de Dios, y por eso sigue: «Cualquiera, pues, que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, es mi hermano, mi hermana y mi Madre». Muchas mujeres glorificaron a aquella Virgen santa, y a su vientre, y desearon ser madres parecidas a ella. ¿Quién se lo impide? Abierto tenéis el camino, y no sólo las mujeres, sino también los hombres pueden llegar a ser…” parientes verdaderos del Señor si hacen la voluntad del Padre, como la Madre de Dios. (San Juan Crisóstomo).

Por eso dice San Ambrosio (In Lucam, 6): Es propio del Maestro ofrecer a los demás un ejemplo en su persona cuando dicta un precepto. Así, el comienza por cumplirlo. Antes de determinar que quien no deja a su padre y a su madre no es digno del Hijo de Dios ( Lc 14,26) El se somete al principio señalado. Ciertamente, no reprueba el cariño filial debido a su madre, pues de El viene el mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre» ( Ex 50). Más bien quiere enseñar que más que los piadosos sentimientos y cariño para su madre por ser físicamente tal, los que no descarta, busca destacar la unión a la voluntad de su Padre celestial, en la que se da la mayor unión de las almas”…en lo que sus Madre es el ejemplo que Él mismo resalta.

San Jerónimo insiste por eso que no negó el Señor,  como pretenden hacer pensar los herejes Marción y Maniqueo, a su Madre, de quien nació, para no dar lugar a que se creyese que era hijo de un fantasma, sino que quiso destacar el vínculo con los discípulos (del cual María es Madre y modelo), sobre el vínculo de parentesco, para enseñarnos a preferir el vínculo del espíritu al de los parientes.