María, su madre

María, su madre

17 de diciembre de 2020 0 Por admin

Nueve días para preparar el pesebre en nuestro corazón.

VEN SEÑOR JESÚS 


Día 3   La Madre

¡Pastor de la casa de Israel, que diste la Ley a Moisés en el Sinaí, ven a librarnos con el poder de tu brazo!. Te pedimos, Dios todopoderoso, que el nacimiento de tu Hijo nos libre de la antigua esclavitud del pecado y nos ayude a vivir como hombres nuevos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.


Leamos el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo san Mateo    1, 18-24

Éste fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:

«La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel», que traducido significa: «Dios con nosotros».

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.


Reflexionemos: Desposada con José, pero no carnalmente unida. La Madre de éste fue Madre inmaculada, Madre incorrupta, Madre intacta. La Madre de éste, ¿de cuál éste? La Madre del Señor, Unigénito de Dios, del Rey universal, del Salvador y Redentor de todos. (Orígenes). Jesucristo nace además de una mujer intacta, porque no era adecuado que la virtud naciese por medio del deleite, la castidad por la vía de la lujuria, y la incorrupción por la corrupción. Y el que venía a destruir el antiguo imperio de la muerte habría de bajar del cielo de un modo distinto. Obtuvo, pues, el cetro de Reina de las vírgenes, la que engendró al Rey de la castidad. Por eso Nuestro Señor se procuró un seno virginal donde morar, para darnos a entender que sólo un cuerpo casto puede ser templo de Dios. Aquel que grabó su ley en tablas de piedra sin necesidad de punzón de hierro, ese mismo fecundó el seno de María por virtud del Espíritu Santo. Por eso dice el evangelista: «Se halló haber concebido en el vientre de Espíritu Santo». (San Agustín). 

El Hijo de Dios se ha hecho pequeñito,  para hacernos grandes:  se ha dado todo a nosotros,  para que nosotros nos demos todos a Él;  y ha venido a manifestarnos su amor,  para que nosotros le correspondamos con el nuestro. 

Recibámoslo,  pues,  con afecto,  amémosle,  y recurramos al mismo en todas nuestras necesidades.  Los niños,  dice san Bernardo,  son fáciles en dar aquello que se les pide. 

Jesús ha querido venir tal,  por manifestarse propenso y fácil a darnos sus bienes,  ya que todos los tesoros están en sus manos,  y en ellas puso el Padre todas las cosas,  nos dice san Juan 3, 35.

Si queremos luz,  Él por esto ha venido para iluminarnos.

 Si queremos fuerza  para resistir a los enemigos,  Jesús ha venido para confortarnos.

Si queremos el perdón y la salvación,  Él ha venido para perdonarnos y salvarnos. 

Si,  finalmente,  queremos el sumo don del amor divino,  Él ha venido para inflamarnos;  y por esto, sobre todo, se ha hecho niño,  y ha querido presentarse a nosotros pobre y humilde,  para apartar de nosotros todo temor y conquistarse nuestro amor.


La Reina de la Paz nos llama:

Mensaje, 25 de diciembre de 1999

“Queridos hijos! Hoy en el aniversario de mi Hijo, cuando mi corazón está lleno de una alegría y un amor inconmensurables, los invito a una completa abertura y un completo abandono a Dios. Expulsen toda tiniebla fuera de vuestro corazón y permitan a la Luz de Dios y al amor de Dios entrar en vuestro corazón y permanecer para siempre. Sean portadores de la Luz y del amor de Dios para toda la humanidad, de manera que todo en vosotros y a través de vosotros puedan sentir y experimentar la verdadera Luz y el amor que sólo Dios puede darles. Los bendigo con mi bendición maternal.”

Oremos con el Padre Slavko:

Dios, nuestro Padre Celestial, en nombre de Tu Hijo Jesús y junto con María, Reina de la Paz, te pedimos que nos des la gracia de nunca olvidar que Tu nos has creado, que nos amas, que eres misericordioso y que eres el Dios de la paz. Danos la gracia de no olvidar que en Jesucristo, nos ofreciste la salvación, la reconciliación, la liberación del pecado y de todo lo malo. Danos la gracia de abrir nuestros corazones a todo lo que Tú nos ofreces. Te pedimos que bendigas a todos aquellos que han perdido la esperanza, para que nunca olviden que Tú eres nuestro Dios de esperanza. Bendice a todos aquellos que no tienen paz, para que nunca olviden que Tú eres el Dios de la paz. Bendice a todos aquellos que tiene odio en sus corazones para que no olviden que Tú eres el Dios del amor. Bendice a todos aquellos que han perdido el propósito de sus vidas, para que nunca olviden que Tú eres el camino, la verdad y la vida. Bendice a todos aquellos que están enfermos, para que nunca olviden que Tú eres el Dios que desea curar. Bendice a todas las personas y a todas las familias, a toda la Iglesia y al mundo entero, para que nunca olvidemos que Tú eres nuestro Dios y nuestro Padre, y para que sigamos el camino de la paz contigo.   (Fray Slavko , Medjugorje, Medjugorje, Noviembre 28, 1999)

Credo, Padre Nuestro, Ave María y Gloria 7 veces.