Las heridas que descuidamos en la familia

Las heridas que descuidamos en la familia

30 de diciembre de 2021 0 Por admin

Apeteced, como niños recién nacidos, la leche pura espiritual.


Mensaje, 25 de noviembre de 2019

“Queridos hijos! Que este tiempo sea para ustedes tiempo de oración. Sin Dios no tienen paz. Por eso, hijitos, oren por la paz en sus corazones y en sus familias, para que Jesús pueda nacer en ustedes y les dé Su amor y Su bendición. El mundo está en guerra porque los corazones están llenos de odio y de envidia. Hijitos, se ve en los ojos inquietud porque no han permitido a Jesús que nazca en sus vidas. Búsquenlo, oren y Él se dará a ustedes en el Niño que es alegría y paz. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”


El Papa Francisco aseguró que las «habladurías matan», en uno de los pasajes de su reflexión durante el rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro.

Francisco explicó que «cuando decimos que una persona tiene la lengua de serpiente, queremos decir que sus palabras matan».

«Jesús nos recuerda que también las palabras pueden matar. Por lo tanto, no sólo no se debe atentar contra la vida de los demás, sino tampoco derramar sobre él el veneno de la ira y golpearlo con la calumnia», agregó.

«Los chismes pueden matar, porque matan la fama de las personas», agregó.

El modo de proponer y relacionar el tema de la murmuración con la figura de Judas, el apóstol traidor, resulta completamente original. Y esto es lo que hizo el Papa Francisco en una homilía del miércoles santo. La homilía no ha sido transcrita en el idioma original en que la pronunció el Papa (el italiano) pero, afortunadamente, L´Osservatore Romano logró hacerse con los pasajes más valiosos de las palabras del Vicario de Cristo. El texto es éste:

Hablar mal de alguien equivale a venderlo. Como hizo Judas, que vendió a Jesús por treinta denarios. Y precisamente partiendo del pasaje del Evangelio de Mateo que anuncia la traición de Judas Iscariote.

Quien intenta llegar a sus metas, asegurar su estatus, rango o evitar las dificultades con intrigas, murmuraciones y desacreditando al prójimo, ya abandonó la posibilidad de  auténtico logro para su vida o para su entorno más cercano. Vulnera sus posibilidades reales con la polilla de la intriga, la envidia, la mentira y la malicia. Corrompe lo que podría haberse alcanzado noble y honestamente. Pierde el objetivo verdaderamente urgente y necesario para sí y su entorno familiar: el de conocer y vivir en el amor de Dios.

 Esta cumbre vital, que es alegría y paz en el hogar,  se debe al desarrollo de una vida interior, que no consiste solamente en súplicas, sino que por sobre todo, en un cambio de vida y la transformación del propio corazón, sin exigir como condición previa el que los demás se conformen a nuestro propio parámetro, sino que dar siempre nosotros el primer paso constante de abrazar, como fundamento y fin de la vida, las Bienaventuranzas que Cristo nos predica en el Evangelio.


Dice el apóstol san Pedro 1, 22–2, 10

“Hermanos: Por la obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor fraternal no fingido; amaos, pues, con intensidad y muy cordialmente unos a otros, como quienes han sido engendrados no de semilla corruptible, sino incorruptible, por la palabra viva y permanente de Dios. Porque: «Todo hombre es como hierba, toda su gloria es como flor de heno: se seca el heno y cae la flor, mas la palabra del Señor permanece eternamente.» y esta es la palabra: la Buena Noticia anunciada a vosotros.

Por lo tanto, después de haberos despojado de toda maldad y de toda falsedad, de las hipocresías y envidias, y de toda clase de murmuración, apeteced, como niños recién nacidos, la leche pura espiritual. Con ella podréis crecer hasta alcanzar la salvación, si es que realmente habéis saboreado lo bueno que es el Señor.

Acercándoos al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Por eso se lee en la Escritura: «Ved que pongo en Sión una piedra angular escogida y preciosa. Y quien tenga fe en ella no será defraudado.» Por consiguiente, a vosotros, que tenéis fe, os corresponde el honor; mas, para los que no tienen fe, «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular, y ha venido a ser piedra de tropiezo y roca de escándalo». Y tropiezan en ella porque no tienen fe en la palabra de Cristo, para la cual estaban destinados.”


El camino de purificación está  establecido por el Evangelio, y en la vida de gracia se acogen los impulsos del Espíritu Santo, para luchar contra nuestro corazón herido de orgullo, soberbia y ambición, y tomando la cruz de cada día, con las 5 piedrecitas del camino espiritual de la Reina de la Paz, nuestro Goliat interior será vencido por la potencia de la humildad, la fidelidad al Evangelio y el abandono total en el amor del Señor.  Cambiando nuestro corazón, es muy probable que cambie también, paulatinamente, nuestra realidad personal y familiar, no solo porque se hace evidente que hay una nueva forma de vivir, por la que nos hemos decididos, sino que también porque nosotros mismos vemos y analizamos todo desde una nueva y auténtica perspectiva, que busca aproximarse al modo de mirar, pensar y vivir de nuestra Madre María, Reina de la Paz. 


Mensaje, 2 de junio de 2013 

“Queridos hijos, en este tiempo sin paz, yo os invito nuevamente a caminar con mi Hijo, a que le sigáis. Conozco vuestros dolores, sufrimientos y dificultades, pero en mi Hijo encontraréis descanso. En Él encontraréis la paz y la salvación. Hijos míos, no olvidéis que mi Hijo os ha redimido con su cruz y os ha dado la posibilidad de ser nuevamente hijos de Dios, para poder llamar de nuevo “Padre” al Padre Celestial. Amad y perdonad, para ser dignos del Padre, porque vuestro Padre es amor y perdón. Orad y ayunad, porque esa es la vía hacia vuestra purificación. Es el camino para conocer y comprender al Padre Celestial. Cuando conozcáis al Padre, comprenderéis que sólo le necesitáis a Él.” 

 “Yo como Madre, quiero a mis hijos en la comunidad de un único pueblo, en el que se escucha y cumple la Palabra de Dios”. (Luego continuó): “Por tanto, hijos míos, comenzad a caminar con mi Hijo, sed uno con Él, sed hijos de Dios. Amad a vuestros pastores, como mi Hijo los amó, cuando los llamó para serviros a vosotros. ¡Os doy las gracias! ”