La solución perfecta para escapar de todo temor

La solución perfecta para escapar de todo temor

15 de junio de 2021 0 Por admin

En primer lugar existe el temor que surge de la enfermedad

POR FRAY SLAVKO BARBARIC


Mensaje, 25 de junio de 2000 

“¡Queridos hijos! Hoy los invito a la oración. Aquel que ora no tiene temor del futuro. Hijitos, no olviden: Yo estoy con ustedes y los amo a todos. Gracias por haber respondido a mi llamado!”


Ciertamente esto es verdad. Por que la oración, como todos sabemos ahora, es un encuentro con Dios que nos ama, que nos conoce, que es misericordioso, que nos creó al fin y al cabo, y nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro está en Sus Manos. Si pensamos en la palabra «credo» debemos recordar que simplemente significa «dar el corazón». Si entregamos nuestro corazón al Dios amoroso, tendremos solo amor en nuestros corazones y no habrá lugar para el temor. Cuando confiamos en Dios ocurre lo mismo, porque sabemos que Él nos ama y esto debe alejar todo temor. Nuestra experiencia nos dice que muchas personas viven hoy con temor, con temor de sus propias vidas o de las cosas materiales, viven con temor por el destino del mundo, y muchos padres también temen por sus hijos. María nos da la solución perfecta para escapar de todo temor: la oración. Si pensamos en el temor en el contexto del mensaje de María, podemos decir muchas cosas.

En primer lugar existe el temor que surge de la enfermedad, especialmente en muchas enfermedades mentales existe el pánico, en ese caso uno debe escuchar al atentamente al Médico y hacer lo que él dice. Pero, al mismo tiempo, uno debería conscientemente empezar a orar más.

Luego existe el temor que surge de nuestras heridas del pasado, por ejemplo, cuando uno tuvo problemas con el padre, con un sacerdote o con cualquier tipo de maestro. Esa persona puede sentir temor por las figuras autoritarias y no es capaz de comprenderlo. En ese caso uno debe tratar de hablar más sobre la sanación interior a través de la oración.

También existe el temor que naturalmente y con frecuencia proviene por causa del pecado. La primera experiencia de temor del hombre fue cuando Adán y Eva pecaron. Ellos no podían soportar la presencia de Dios porque habían quebrado algo, se habían hecho culpables por haber violado una Ley o Mandamiento. Es allí donde crecen casi todas las raíces del temor. También ocurre que si nosotros no tenemos conciencia de o no conocemos los Mandamientos, cada vez que hacemos algo malo, algo dentro de nosotros queda herido, y así surge el temor. Uno puede decir que el temor aparece por la ausencia de la persona amada. ¿Y por qué está ausente esta persona? La respuesta es nuevamente por el pecado, si alguien ha abandonado la familia o ha hecho algo que ha causado que el padre o la madre del hijo se ausente de la familia, ese hijo estará lleno de temores. La ausencia de la persona amada es siempre causa de temor. Lo que nos libera del temor es nuevamente la presencia de esa persona amada. Es por eso, que el perdón, la reconciliación y la capacidad de pedir perdón son tan importantes ya que son los caminos seguros para entrar al reino de la presencia del amor y así estar seguros y libres de todo temor.

Si consideramos el temor más profundamente, podemos decir en general, que cuanto más se pierde la libertad por el pecado, mayor será el temor. Si una persona ha perdido la libertad por el pecado a través del alcohol, las drogas, los malos hábitos, la conducta inmoral, el rechazo a la reconciliación, la búsqueda de lo material, del éxito o del poder, no encontrará lo que pensaba que encontraría y eso causará nuevos temores. Los temores que surgen por causa de la pérdida de la libertad por el pecado nos conducen a la agresión, a la violencia, a la injusticia, a la competencia constante, y a los celos, la envidia, la gula y otros desequilibrios. Todo esto solo son tentativas para recuperar lo que uno ya ha perdido y lo que piensa que busca. Entonces uno queda fácilmente atrapado en un círculo del cual no puede salir. Al ganar nuestra libertad interior, podremos romper este círculo sin fin y así seremos cada vez más libres, al final necesitaremos cada vez menos, seremos nuevamente humildes y no habrá más lugar para el temor dentro de nosotros.

El temor también encuentra su lugar en nuestra conducta malcriada, cuando insistimos en obtener eso que no obtenemos o no merecemos, así nuevamente entra el temor. Como ejemplo, cito el siguiente… El estudiante que no ha estudiado irá a dar examen con temor a sacarse una baja calificación, y, si viene a nosotros y se queja de su temor, nosotros no debemos diciéndole que mañana el profesor va a estar de buen humor y le va a ir bien. Por el contrario, debemos decirle, «el temor es una reacción normal ante la verdadera situación, siéntate, empieza a estudiar y no tendrás más temor». Muchas veces en nuestra vida actuamos exactamente de esta forma. No estamos dispuestos a esforzarnos y tenemos miedo de no obtener lo que estamos buscando y tememos algo malo. Con respecto al temor, todos nosotros hemos experimentado temores de diversas formas. Dios lo sabe, por eso alguien dijo en una oportunidad, que en la Biblia aparece 365 veces la expresión «no teman, que la paz esté con ustedes». Jesús repite estas palabras especialmente después de la Resurrección, esto es decisivo para nosotros ahora. Si comenzamos a orar, encontraremos a nuestro Dios amoroso y entonces podremos superar completamente nuestro temor del pasado o del futuro. Esto no significa que si oramos no tendremos problemas en absoluto, simplemente los llevaremos y los experimentaremos de manera diferente. Es importante saber que debemos poner nuestro pasado en las manos misericordiosas de Dios y nuestro futuro bajo Su amor y Su protección, simplemente debemos hacer lo que seamos capaces de hacer. Siguiendo este punto de vista, los Sacramentos son de mucha ayuda. El Bautismo nos devuelve el amor Eucarístico de Dios de manera especial y la Confesión nos trae la reconciliación. Los demás Sacramentos confirman y fortalecen todo esto, profundizando cada vez más la comprensión del este amor de Dios por nosotros. El Sacramento de la Confesión es el que de alguna manera nos libera de cualquier temor, porque a través del Sacerdote, se nos asegura que Dios nos ha perdonado y que nos abraza como siempre lo hace un padre misericordioso. Creo que no es exagerado decir que el temor crece más y está más presente cuando no se produce la Confesión. Una de las razones de la presencia del temor es que éste aparece por la proximidad de los espíritus malos. Si alguien tiene miedo de la cruz, de los objetos sagrados y de la Iglesia y no puede acercarse a ellos, podría ser un síntoma y una razón para considerarlo de este modo. Uno debe tener cuidado al proponer un diagnóstico sobre la presencia de temores exagerados y del pánico. Pero por cualquiera de los motivos, uno debe siempre ir al Sacerdote y buscar qué es lo que está causando este temor. Nosotros debemos tener presente que todos podemos llegar a Dios porque Él es nuestro Padre amoroso, y aún cuando hayamos pecado, Él va a ver primero a un hijo, a una hija y luego qué es lo que ha ocurrido allí. Esto nos da a todos la seguridad de que nosotros también podemos decir, como el Salmo, que Dios es nuestro cielo, nuestra seguridad y nuestro pastor, y que a nada debemos temer. Al final María nos dice…


Fra Slavko Barbaric, Medjugorje, 28 de junio, 2000