La maternidad de María en el anuncio Pascual

La maternidad de María en el anuncio Pascual

15 de abril de 2022 0 Por admin

«Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»


“De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. 

Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán». (San Mateo 28, 8-10)


Las mujeres fueron instruidas por medio del ángel. En seguida les salió al encuentro el Salvador, para que al anunciar la resurrección a los ansiosos discípulos, no pudiesen decir que hablaban únicamente porque el ángel se lo había dicho, sino porque lo habían oído de boca del mismo Salvador. Una vez más se repite la metodología del Señor, para con quienes han sido llamados, por la participación de la vida de la gracia, para entrar en la vida nueva del Verbo Encarnado, y recibir el ungüento de Espíritu de Dios. Existe una clara alusión y continuidad, con el esplendor que se manifestó en el momento en que la Virgen Santísima recibió el anuncio del Angel, cuando la Vida en abundancia fue concebida en su vientre virginal, luego de su asentimiento en la Fe, con el solemne «hágase», el FIAT. Una vez que se acepta la llamada y el mensaje fiel del ángel, se aproxima el Señor, en el desposorio del alma con su Palabra Encarnada, con el vínculo del Espíritu Santo, entregándose como sacrificio, don y salvación.

Por eso, “les dice Jesús: “No temáis…»: Vemos como el orden de la causa principal se transforma, porque como la muerte había venido por medio de una mujer, debió ser una mujer la primera que viese y anunciase la gloria de la resurrección”, según San Hilario. Entonces así, como por medio de la Madre se une el autor de la vida a la humanidad, y por el mismo camino pasaran todos los que por Cristo, son llamados a ser hijos de Dios por adopción, y por el Hijo, somos declarados hijos de María.

 Es una vida nueva, que se acoge por la aceptación de un anuncio y la unción de la gracia, que hace nuevas todas las cosas. Así lo afirmó recientemente el Papa Francisco: “Ir a Galilea significa, ante todo, empezar de nuevo”. El Pontífice explica en su homilía que para los discípulos “fue regresar al lugar donde el Señor los buscó por primera vez y los llamó a seguirlo” y desde aquel momento, habiendo dejado las redes, siguieron a Jesús. Sin embargo – dice el Papa – “muchas veces malinterpretaron sus palabras y ante la cruz huyeron, dejándolo solo”. A pesar de este fracaso, Francisco subraya que “el Señor resucitado se presenta como Aquel que, una vez más, los precede en Galilea, va delante de ellos, los llama y los invita a seguirlo, sin cansarse nunca”.

Gracias al “Sí” de María, inundado de la eficacia del Sacrificio de Jesús, el Señor  salió al encuentro de las mujeres y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de ÉL, manifestándose que,  quedaba deshecha la maldición de la mujer Eva, reencontrándose Dios con nuestra humanidad, en  el gesto adorador de las santas mujeres. Claramente hay una antítesis entre el Genesis 3,1 y las primeras escenas del tiempo Pascual, pero es indudable que en el centro, como fuente, núcleo vital y plenitud de la historia, esta San Lucas 1, 28, en el «alégrate María, llena de gracia…», alegría de la que participa la Iglesia, de cuya naciente comunidad son las mujeres que van al sepulcro.

  Entonces, ahora los discípulos no son solo siervos o amigos; Jesús los  convoca con otra palabra: “«Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.» Llama hermanos a aquellos a quienes hizo participantes de su cuerpo. Llama hermanos a aquellos quienes el bondadoso heredero constituyó consigo mismo como coherederos y llama hermanos a aquellos a quienes adoptó por hijos del Padre.” (San Pedro Crisólogo)

Por lo que la Maternidad de María para con  los discípulos de Jesús, es decir la Iglesia, es parte de este resplandor Divino de la Gloria Pascual. “Es a la Iglesia en su plenitud a la que personifican estas dos mujeres. Él dispone que estas mujeres ya han alcanzado la madurez de la fe: ellas dominaron sus debilidades y se apresuraron hacia el misterio, ellas buscan al Señor con todo el fervor de su fe. Este es el motivo por el que merecen que Él se entregue a ellas al ir a buscarlas y decirles: «Os saludo, alegraos». Él les deja no solo tocarle, sino también aferrarse a Él en la misma medida de su amor. Estas mujeres son en el seno de la Iglesia, un ejemplo de predicación de la Buena Noticia.” (San Pedro Crisólogo)

Dice Benedicto XVI, que aparentemente este  “Evangelio no dice nada de la Madre del Señor, de María, pero la tradición cristiana con razón la contempla mientras se alegra más que nadie al abrazar de nuevo a su Hijo divino, al que estrechó entre sus brazos cuando lo bajaron de la cruz. Ahora, después de la resurrección, la Madre del Redentor se alegra con los «amigos» de Jesús, que constituyen la Iglesia naciente.” (Regina Cæli, 09-04-2007)

Dice la Reina del Cielo:

Mensaje, 25 de julio de 2000

“¡Queridos hijos! No olviden que están sobre la tierra en camino hacia la eternidad y que vuestra morada está en los cielos. Por eso, hijitos, estén abiertos al amor de Dios y dejen el egoismo y el pecado. Que vuestra alegría sea únicamente el descubrir a Dios en la oración cotidiana. Por eso, aprovechen este tiempo y oren, oren, oren, y Dios está cerca de vosotros en la oración y a través de la oración.(Gracias por haber respondido a mi llamado! ”

Pbro. Patricio Romero