La Madonnina de Civitavecchia

La Madonnina de Civitavecchia

3 de febrero de 2021 0 Por admin

La Virgen que lloraba sangre y las sanaciones milagrosas. «Lloró en mis manos, dijo el Obispo local.

 El Papa San Juan Pablo II veneró esta imagen de la Virgen de Civitavecchia, una estatua de yeso proveniente de Medjugorje que supuestamente había llorado sangre en 14 ocasiones.

Lo asegura en el libro “La Madonnina de Civitavecchia. La verdadera historia de un doloroso drama de amor” monseñor Girolamo Grillo, obispo emérito de esta diócesis a 50 kilómetros de Roma.

Dice que el secretario personal del Papa, Stanislaw Dziwisz, le llamó para que acudiera al Vaticano con la estatua. Era el 9 de junio de 1995, tres meses después de que el obispo viera con sus propios ojos el extraordinario llanto de la estatua.

Mons. Girolamo Grillo: Obispo emérito de Civitavecchia:

“Estuvimos rezando largo rato. Durante la cena, el Papa me pidió que le contase lo sucedido. Empecé a explicárselo pero paré porque me di cuenta de que él sabía más que yo. Me quedé impresionado. Después habló sobre el significado de este llanto. Después de cenar me ordenó que mantuviese esto en silencio y que un día, yo debía contar al mundo que Juan Pablo II había venerado la imagen de Virgencita de Civitavecchia. Le pregunté cuándo y me dijo que me daría cuenta yo sólo”.

Como prueba de este encuentro, muestra en su libro una carta en la que relataba esta visita, firmada y fechada por el propio San Juan Pablo II.


Mons. Girolamo Grillo Obispo emérito de Civitavecchia:

“Le pregunté a don Stainslaw: ¿Quién me creerá, quien creerá lo que he escrito en mis diarios? Me dijo que describiera en una carta lo sucedido esa noche y que le enviase dos copias. Una semana después me devolvió lo escrito firmado por San Juan Pablo II”.

Además el obispo asegura que el cardenal Angelo Sodano, entonces Secretario de Estado, le llamó varias veces en nombre del Papa para que tuviese fe y creyese en el llanto extraordinario de la estatua.

Sin embargo, el Vaticano, en concreto la Congregación para la Doctrina de la Fe, no ha hecho ninguna declaración oficial que validase estos hechos extraordinarios.

Andrea Tornielli, Vaticanista:

“Durante una primera investigación de una comisión se concluyó con la definición “non constat de sopranaturalitate”, una conclusión un poco imprecisa que viene a decir que en ese momento no se puede constatar su origen sobrenatural. No es la conclusión negativa, “constat de non”, que significa que consta que  no es sobrenatural”.

Para monseñor Grillo la beatificación de San Juan Pablo II ha sido el signo de que debía hacer pública esta veneración. Nuevos episodios de una historia sobre la que la Iglesia no ha pronunciado todavía su última palabra.

Sucedió en febrero de 1995, en la ciudad italiana Civitavecchia (a 70 kilómetros de Roma).

Una estatua de María sangra 15 veces.

Lo afirma como testigo del hecho el mismo Obispo del lugar, Mons. Grillo, que al principio quiso destruirla.

Las muestras de sangre estudiadas corresponden al género humano.

El 2 de febrero de 1997, segundo aniversario de dicho acontecimiento, Mons. Grillo preside las celebraciones de este hecho extraordinario.

Se inicia una campaña para la construcción de una Basílica para conmemorar el hecho.

El P. René Laurentin, asesor teológico del obispo Grillo, en su informe final califica con la hipótesis de “origen sobrenatural”.

En Italia, Civitavecchia a 70 kms al norte de Roma, en la parroquia de San Agustín, de la diócesis en el barrio de Pantano, al miembro más pequeño de una pequeña familia, la Virgen le muestra su lacrimación.

La lacrimación se produjo en el jardín de la familia Gregori (2-6 de febrero de 1995).

Y se sucedieron 15 lagrimeos de sangre en la estatuita de la Virgen.

LOS HECHOS DE LA LACRIMACIÓN

Se trata de una estatuilla de yeso blanco de 42 centímetros de altura, con una base de cerca de 5 centímetros.

Pesa poco más de dos kilogramos, y fue creada en un taller de un artesano croata, de nombre Sqepan Vlaho, de 38 años en ese entonces, en un pueblito a pocos kilómetros de Medjugorje, en la entonces Yugoslavia.

La Madonnina fue adquirida en los primeros días de septiembre de 1994 por el sacerdote Pablo Martín en un negocio frente a la Iglesia de Medjugorje.

Cuando regresa a Civitavecchia, la estatuilla es colocada en un nicho especialmente diseñado para ella con piedras de la playa de San Agustín.

Ubicado primeramente dentro de la casa de Fabio y Anna Gregori, un matrimonio que la habría solicitado para proteger su vivienda.

Ya una vez construido el nicho, la estatuilla es colocada en su interior, con el rostro mirando hacia las escaleras de la casa y el acceso de la misma, apenas cubierto por la hierba de la entrada.

2 DE FEBRERO 1995: LAS PRIMERAS LÁGRIMAS

La historia de la Madonnina de Civitavecchia inicia la tarde del 2 de febrero de 1995.

Cuando Jessica Gregori, antes de subir al auto para ir a la Iglesia de San Agustín.

Nota que sobre la mejilla de la pequeña estatuilla en el jardín escurre una lágrima de sangre.

El padre de la pequeña de inmediato habla con el párroco Don Pablo, y la noticia inicia a correr entre los conocidos del sacerdote y en breve tiempo alcanza también a los medios de comunicación de toda Italia.

3 DE FEBRERO: EL FENÓMENO SE REPITE

La jornada para la familia Gregori comienza con la rutina de siempre, pero al medio día, el sacerdote Don Pablo divulga la noticia a los fieles durante la misa de las 16:30.

El párroco no tiene dudas sobre lo excepcional del evento, e invita a todos a la oración.

Por la tarde una nueva lagrimación tiene lugar delante de siete testigos, y se vuelve necesaria la comunicación de lo ocurrido al obispo de la zona.

4 DE FEBRERO: LAS LÁGRIMAS SE MULTIPLICAN ANTE LA MULTITUD

La mañana de este sábado inicia el ir y venir de decenas de personas alrededor de la casa de los Gregori, y la noticia se difunde siempre más.

Al medio día llegan los primeros periodistas junto a la multitud, y sobre todo, se hacen presentes las fuerzas del orden.

Por la noche se repiten las lacrimaciones, a las cuales asisten también algunos jóvenes que van de paso al regreso de una discoteca.

5 DE FEBRERO: LAS PRIMERAS PRUEBAS Y EL ASEDIO

Los diarios publican la noticia y comienza una gran afluencia de personas a la casa de los Gregori, entre curiosos y fieles.

A las 8:30 de la mañana una nueva lacrimación tiene lugar, a la cual acuden muchos fieles recogidos en plegarias frente a la estatuilla.

A las 12:00 del día un analista efectúa los primeros análisis de la sangre de las lágrimas de sangre.

Para entonces comienzan a correr las voces de la presencia de sangre humana en las mejillas de la pequeña virgencita.

Por la noche comienza la llegada de los equipos de la televisión italiana, y es difundida la noticia clamorosamente en los noticiarios de la televisión nacional italiana, en todas las emisoras y cadenas.

6 DE FEBRERO: LA ESTATUILLA DEJA SU NICHO

Muy temprano por la mañana el señor Fabio Gregori, ya cansado del continuo asedio decide llevar la estatuilla a la Iglesia de San Agustín, confiandola al padre Don Pablo Martín.

Sin embargo el obispo pide que la Madonnina, no sea recibida, sin antes realizar las investigaciones correspondientes.

Y pide que sea restituida a sus propietarios, para evitar que las multitudes asedien ahora la iglesia.

Los días subsecuentes la pequeña estatuilla permanecerá escondida, aparentemente en la misma cárcel de Civitavecchia.

Mientras el obispo solicita y pide cautela por la valoración prematura de los hechos.

Para el 7 de febrero se tienen los resultados de los primeros análisis que “confirman la presencia de un líquido biológico, que presumiblemente podría ser sangre humana.

El obispo, después de haber escuchado algunos testimonios de lo ocurrido, decide nombrar una comisión teológica que tiene por cometido llevar luz sobre los hechos ocurridos.

10 DE FEBRERO: EL EXORCISMO

Sorprendentemente, el 10 de febrero la Virgencita es sometida a un breve exorcismo para extraer la presencia demoníaca de la misma.

Y para el medio día es llevada al policlínico romano “Agostino Gemelli”, para regresar a Civitavecchia la misma tarde.

El día después, el obispo se ve obligado a declarar que aparentemente no hay trucos dentro de la estatuilla, sino solamente una estructura llena y compacta.

La misma es mantenida ahora en la residencia del obispo, a la espera del resultado de otras pruebas.

28 DE FEBRERO: ANÁLISIS DE ADN

El 28 de febrero llegan los resultados de otros análisis: sangre humana con características masculinas.

La noticia explota en los diarios y telediarios, y el primero de marzo de 1995, el obispo de Civitavecchia se dirige al Vaticano a encontrarse con el Cardenal Joseph Ratzinger, (luego Papa Benedicto XVI), ya que el hecho ha trascendido a la opinión pública, y por tanto deja de ser de interés sólo de la diócesis.

El portavoz de la Santa Sede llama a la cautela y a la oración a María.

No tardan en llegar las primeras especulaciones de que todo se trata de un fraude.

Y las acusaciones de parte del CODACONS, que considera que este caso no sea otra cosa que un abuso de la credulidad popular en perjuicio de la religión católica.

Mientras el teléfono Antiplagio italiano formula sus primeras teorías sobre una posible sustitución de la estatuilla.

A todo esto, Don Pablo y el señor Fabio Gregori responden con tranquilidad y confianza en los sucesos, dado que los análisis avalan la veracidad del caso.

7 DE MARZO: LA MAGISTRATURA INTERVIENE

La magistratura entra en la escena de los hechos el 7 de marzo para dar curso a las varias acusaciones, y el obispo se mantiene escéptico ante la intervención de la misma.

Tienen lugar las requisiciones en la casa de los Gregori y de algunos parientes y amigos, pero no es encontrado nada relevante.

La policía hace públicos los resultados de sus investigaciones, afirmando que no ha habido sustitución alguna de estatuillas.

Y ello gracias a los despostillamientos y marcas existentes en la virgencita antes de las lacrimaciones, que coinciden perfectamente con las fotos y videos de los llantos sanguíneos.

Sin embargo, y a pesar de todo, comienza una lucha subterránea entre el comisariado y la curia, que pretende mantener bajo secuestro a la Madonnina para ulteriores exámenes.

Pero al final el obispo se mantiene inamovible ante la idea de ceder la estatuilla.

Los análisis continúan pero finalmente la Virgencita permanece en las manos del obispo.

15 DE MARZO: LA VIRGEN LLORA ANTE EL OBISPO

Aquella mañana del 15 de marzo Monseñor sacó del armario la estatua sin mucha devoción.

Las tres personas presentes con él en la estancia, vieron antes que él, que tenía en la mano un objeto sagrado en el que sucedía lo increíble.

Las lágrimas de sangre que comenzaron a fluir de los ojos, alcanzando lentamente el cuello.

El obispo no usa eufemismos para describir su reacción, cuando se dio cuenta de aquello que sucedía.

No por casualidad la hermana se puso a chillar, viéndolo tambalearse y empalidecer de modo impresionante.

Y corrió fuera, con un dedo bañado en sangre, pidiendo ayuda de un médico, un cardiólogo, que de hecho poco después acudió. No había necesidad.

Anota el prelado, entre otras cosas:

“Casi desmayado me siento sobre una silla, he corrido el riesgo de morir por el dolor.

He sufrido un shock tremendo, que me ha dejado desfallecido, incluso en los días siguientes.

Enseguida por instinto he pedido a María mi conversión y el perdón de mis pecados”.

El 4 de abril viene a la luz una extraordinaria revelación que explica el cambio de parecer del obispo ante las autoridades judiciales: la Madonnina habría llorado lágrimas de sangre en sus propias manos.

Los peritos habrían notado un alargamiento de las lágrimas, señal de un nuevo fenómeno, y el obispo fue obligado a hacer surgir la verdad.

Mientras tanto, decide devolver a la Iglesia de San Agustín y al culto de los fieles la pequeña estatuilla, justo el día del Viernes Santo, pero sin dar ningún reconocimiento por parte de las autoridades eclesiásticas.

LOS HECHOS POSTERIORES

Todo se lograría en realidad gracias a las peticiones y súplicas masivas de la población.

Sin embargo, el día 6 de abril, mientras se realizaban los preparativos para el nuevo nicho de la Virgencita y las celebraciones de la Pascua, la Madonnina fue nuevamente secuestrada.

Ya que se trataba de un sujeto de análisis y por lo tanto era imposible liberarla de ser tocada y posiblemente modificada.

Ahora el debate entre la curia y la magistratura fue realmente duro.

La liberación final de la Madonnina de las Lágrimas de Civitavecchia ocurrirá el martes después de la Pascua, después de una fría Semana Santa.

Y en medio del llanto de más de 14 vírgenes por todo el territorio italiano.

La estatuilla de la Madonnina regresa definitivamente a Pantano el día 17 de junio de 1995, e inmediatamente después inicia el lento peregrinar de los fieles, el cual continúa hasta el día de hoy.

La sangre derramada por Cristo

Un detalle que, al momento, sembró desconcierto fue el relativo a la sangre: los laboratorios de hecho atestiguaron que era sangre humana.

Aquella circunstancia mostraba el vínculo indisoluble entre la Madre y el Hijo Salvador, mostraba que María lleva a Jesús redentor y no a sí misma.

Todo esto tenía un sentido cristiano.

También porque el llanto empezó el 2 de febrero, o sea la fiesta litúrgica de la presentación de Jesús en el Templo y de la “Purificatio Sanctae Mariae”. 

Esta antigua fiesta celebra a la Virgen que “estuvo íntimamente unida” a la salvación “como Madre del Siervo sufriente de Yahvé.

Y como modelo del nuevo pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y en la esperanza por el sufrimiento y por la persecución” (Pablo VI).

He aquí por qué la sangre de Cristo está en las lágrimas de ella.

Y después aquella fiesta recuerda el episodio evangélico del reconocimiento mesiánico por parte del anciano Simeón y de la profetisa Ana, que representan la tradición profética de Israel.

Tiene por tanto un significado profundo también en el tiempo de la Iglesia: también ella de hecho tiene el deber “profético” de reconocer el misterio de Dios presente y operante en la historia actual.

También en formas especiales.

En Medjugorje como en Civitavecchia, como en Fátima y en Lourdes. No sólo.

La iglesita de Pantano está dedicada a S. Agustín y surge justamente donde –según la tradición– Agustín, en el 387, sobre la orilla del mar, meditando sobre el misterio de la Trinidad, encontró un ángel-niño que le iluminó: era como pretender hacer entrar el mar infinito en el hoyito que había excavado en la arena.

 EL DIARIO DEL MONSEÑOR

El prestigioso periodista católico Vittorio Messori resalta el testimonio del Obispo de Civitavecchia, Mons. Girólamo Grilli, “que pasó del más radical escepticismo a la aceptación del enigma”.

Cuando en la mañana del 15 de marzo de 1995, mientras tenía en sus manos la estatua, de los ojos de ésta comenzó a salir sangre, que alcanzó hasta el cuello de la figura.

Nombrado obispo, el monseñor no había alentado devociones populares y tradiciones arcaicas, sino que buscó fundar entre su gente una espiritualidad toda bíblica y litúrgica.

Su diario testimonia la incredulidad un poco irritada con que recibió las primeras noticias de la lacrimación de sangre, el echar a la papelera los relatos del párroco, la prohibición a los sacerdotes de trasladarse al lugar, el dirigirse secretamente a la policía para que indagase sobre la familia Gregori, de la cual desconfiaba.

Él mismo recuerda la exclamación de un cardenal amigo:

“Pobre Virgencita, ¡a qué manos has ido a parar!

Justamente en las de monseñor Grillo, ¡que se entregará para sofocar todo!”.

El 15 de marzo, la Virgencita tuvo una revancha.

Fue el mismo Grillo, el escéptico, aquel que esperaba que desde Roma le llegase el encargo de cerrar el asunto y volver a una religiosidad “seria” (mientras desde las alturas del Vaticano le recomendaban apertura de espíritu, también para lo imprevisto).

Fue por tanto el mismo Monseñor que, con solemne procesión, desde el armario de la casa llevó a la iglesia la estatuita para exponerla a la veneración de los fieles.

Fieles por los cuales él mismo y sus colaboradores han hecho y hacen mucho, para que la peregrinación, incesante, cosmopolita, sea una verdadera y completa experiencia espiritual.

Al menos cinco confesores están en el trabajo durante muchas horas, cada día; liturgias, adoraciones eucarísticas, rosarios, procesiones, letanías se prosiguen sin parar.

Escribe, en el décimo aniversario, Monseñor Girolamo Grillo:

“Estuve obligado a rendirme a este misterio.

Pero mi convicción aumentó siempre más viendo los beneficios que se seguían.

El Evangelio nos da un criterio: juzgar por los frutos la bondad de un árbol.

Aquí, los frutos espirituales son extraordinarios”.

FUENTE: PADREPATRICIO.COM