La Fe del Padre

La Fe del Padre

18 de diciembre de 2020 0 Por admin

Nueve días para preparar el pesebre en nuestro corazón.

VEN SEÑOR JESÚS 


Día 4   La Fe del Padre

Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ven a librarnos, no tardes más. Padre nuestro, que a través de la maternidad de la Virgen María quisiste revelar al mundo el esplendor de tu gloria, concédenos poder celebrar con fe íntegra y generosa entrega el admirable misterio de la Encarnación de tu Hijo. Amén


Leamos el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1,5-25:

En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel.

Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.

Una vez que Zacarías oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.

Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.

Pero el ángel le dijo:

«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, “para convertir los corazones de los padres hacía los hijos”, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

Zacarías replicó al ángel:

«¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».

Respondiendo el ángel, le dijo:

«Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».

El pueblo, que estaba aguardando a Zacarías, se sorprendía de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.

Al cumplirse los días de su servicio en el templo, volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir de casa cinco meses, diciendo:

«Esto es lo que ha hecho por mí el Señor, cuando se ha fijado en mi para quitar mi oprobio ante la gente».


Reflexionemos: No sólo Isabel era estéril, sino que también lo habían sido las mujeres de patriarcas: Sara, Rebeca y Raquel, lo cual era deshonroso entre los antiguos. No podemos decir que la esterilidad sea efecto de pecado, puesto que los que vivían unidos eran justos y virtuosos.Pero si es un signo para el pueblo de Israel, que solo hay «uno» que puede hacer fértil la tierra que se ha hecho estéril por el pecado y la indiferencia al plan de Dios.      En cierto modo la esterilidad de los justos fue más bien su propio beneficio, para que cuando viesen a la Virgen dar a luz al Señor, no fuesen incrédulo, negándose a creer en el interior la fecundidad de las estériles, como le ocurrió a Zacarías, sino que fueran fecundos en Fe, Esperanza y Amor, permitiendo que fueran irradiados de la abundancia de la caridad y la providencia del Señor.

 Es importante contemplar el hecho de que un Angel se apareció a Zacarías, cuando ofrecía el incienso en el templo, y que lo vió de repente. Esto sucede con frecuencia en la Sagrada Escritura tratándose de los Angeles o de Dios. No sin razón se aparece el ángel en el templo porque ya se anunciaba la venida del verdadero Sacerdote y se preparaba el sacrificio celestial, al cual habían de servir los ángeles. El Hijo de Dios se ha hecho pequeñito,  para hacernos grandes:  se ha dado todo a nosotros,  para que nosotros nos demos todos a Él;  y ha venido a manifestarnos su amor,  para que nosotros le correspondamos con el nuestro. 

Jesús ha querido venir tal,  por manifestarse propenso y fácil a darnos sus bienes,  ya que todos los tesoros están en sus manos,  y en ellas puso el Padre todas las cosas,  nos dice san Juan 3, 35.

Si queremos luz,  Él por esto ha venido para iluminarnos.

 Si queremos fuerza  para resistir a los enemigos,  Jesús ha venido para confortarnos.

Si queremos el perdón y la salvación,  Él ha venido para perdonarnos y salvarnos. 

Si,  finalmente,  queremos el sumo don del amor divino,  Él ha venido para inflamarnos;  y por esto, sobre todo, se ha hecho niño,  y ha querido presentarse a nosotros pobre y humilde,  para apartar de nosotros todo temor y conquistarse nuestro amor.


La Reina de la Paz nos llama:

Mensaje, 25 de noviembre de 1996

“¡Queridos hijos! Hoy, de nuevo, los invito a orar, a fin de que a través de la oración, el ayuno y los pequeños sacrificios puedan prepararse a la venida de Jesús. Que este tiempo, hijitos, sea un tiempo de gracia para ustedes. Aprovechen cada momento y hagan el bien, porque sólo así sentirán el nacimiento de Jesús en sus corazones. Si dan ejemplo con su vida y se convierten en un signo del amor de Dios, el amor prevalecerá en los corazones de los hombres. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


Oremos con el Padre Slavko:

Dios, Padre nuestro, gracias porque Tú eres nuestro Padre y porque nos has llamado a ser Tus hijos. Gracias porque nos has revelado Tu amor por medio de Jesucristo, Tu Hijo, que se hizo hombre. Te alabamos por la misericordia que nos has mostrado en El. Te damos gracias porque nos has prometido enviarnos a Tu Espíritu Santo y especialmente por habernos enviado a María para que pueda guiarnos en este tiempo de gracia. Te pedimos, oh Dios, Padre nuestro, que abras nuestros corazones y nos liberes de todo lo que nos cierra a Ti. Danos la gracia de regocijarnos con Tu Palabra. Danos la gracia de poder entenderla y aceptar Tu voluntad sin miedo. Especialmente, Te pedimos que abras los corazones de todos los cristianos bautizados a Tu Palabra durante este Adviento, a fin de que podamos ser muy conscientes de que Tú nos has enviado al mundo a mostrar a otros Tu amor. Danos la fortaleza de vivir con nuestras manos gozosamente extendidas, para que quienes no Te conocen puedan llegar a hacerlo. Danos la gracia de ser siempre conscientes, en cualquier situación, que somos cristianos y amarte por sobre todas las cosas.

Fra. Slavko, Medjugorje, Noviembre 27 de 1997


Credo (1), Padre Nuestro, Ave María y Gloria (7 veces).