La Encarnación

La Encarnación

19 de diciembre de 2020 0 Por admin

Novena litúrgica.

Nueve días para preparar el pesebre en nuestro corazón.

VEN SEÑOR JESÚS 


Día 5   La Encarnación

Dice el libro de Isaias (45, 8): “Envíen los cielos el rocío de lo alto, y las nubes derramen la justicia. Abrase la tierra y brote el Salvador”.   Con confianza te imploramos, Señor, que derrames tu gracia en nuestros corazones, y ya que hemos conocido por el anuncio del Ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo, condúcenos por su Pasión y su Cruz, a la gloria de la resurrección.  Que cuanto más se acerca el alegre día de la salvación, tanto más se acreciente nuestro fervor para celebrar dignamente el misterio del nacimiento de tu Hijo. Amén


Leamos el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas   1, 26-38

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo:

“¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Ángel le dijo:

“No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.

María dijo al Ángel:

“¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?”

El Ángel le respondió:

“El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios”.

María dijo entonces:

“Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra”.

Y el Ángel se alejó.


Reflexionemos: Ved la humildad de la Virgen, ved su devoción. Prosigue, pues: «Y dijo María: He aquí la sierva del Señor». Se llama sierva la que es elegida como Madre, y no se enorgullece con una promesa tan inesperada. Porque la que había de dar a luz al manso y al humilde, debió ella misma manifestarse humilde. Llamándose también a sí misma sierva, no se apropió la prerrogativa de una gracia tan especial, porque hacía lo que se le mandaba. Por ello sigue: «Hágase en mí según tu palabra». Tienes el obsequio, ves el voto. «He aquí la sierva del Señor», es su disposición a cumplir con su oficio. «Hágase en mí según tu palabra», es el deseo que concibe. (San Ambrosio)

El Verbo divino,  en el primer instante que se vió hecho hombre y niño en el vientre de María,  todo se ofreció por sí mismo a las penas y a la muerte por el rescate del mundo.

Sabía que todos los sacrificios de los machos de cabrío,  y de los toros ofrecidos anteriormente a Dios,  no habían podido satisfacer por las culpas de los hombres;  sí que se necesitaba una persona Divina que pagase por estos el precio de su redención. 

Por lo que dijo Jesús al entrar en el mundo aquellas palabras que san Pablo pone en su boca:  Padre mío,  todas las víctimas ofrecidas a Vos hasta aquí,  no han bastado,  ni podían bastar a satisfacer vuestra justicia:  me habéis dado un cuerpo pasible,  para que con la efusión de mi sangre os aplaque,  y salve a los hombres;  heme pronto,  todo lo acepto,  y en todo me someto a vuestro querer. 

Más ¡Oh Dios! ¿Cómo nos hemos portado nosotros con Jesús,  desde que comenzamos a conocer con la luz de la fe los sagrados misterios de su redención? ¿Qué pensamientos,  qué designios,  que bienes hemos amado?  Placeres,  pasatiempos,  soberbias,  venganzas,  sensualidad…

He aquí los bienes que han aprisionado los afectos de nuestro corazón.  Pero si tenemos fe es necesario ya mudar de vida y amor. (San Alfonso Mª Ligorio).


La Reina de la Paz nos llama:

“¡Queridos hijos! Hoy estoy con ustedes de una manera especial, llevando en mis brazos al Niñito Jesús, y los invito, hijitos, a abrirse a Su llamado. El los invita al gozo. Hijitos, vivan gozosos los mensajes del Evangelio que les repito desde el tiempo en que estoy con ustedes. Hijitos, Yo soy su Madre y deseo revelarles al Dios del amor y al Dios de la paz. No quiero que sus vidas se desarrollen en la tristeza, sino que se realicen en el gozo por la eternidad, conforme al Evangelio. Sólo de este modo sus vidas tendrán sentido. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”   (Mensaje, 25 de diciembre de 1996)


Oremos con el Padre Slavko:

Dios, Padrenuestro, hoy Te damos gracias por habernos enviado a Tu Hijo que es sólo bien. Te damos gracias por María, Tu humilde sierva, que Te dio a Ti, nuestro Padre, el primer lugar en su corazón. Te damos gracias por cada alegría y por todo el gozo que nos has dado en estos tiempos al enviarnos a Tu Hijo. Danos, oh Padre, la gracia de saber meditar y reflexionar. Líbranos de todo lo que nos impide entrar en la profundidad, allí donde podemos encontrarnos Contigo. Libéranos de cualquier posible superficialidad para que podamos permanecer en paz y llevar la paz a los demás. Padre, libéranos de cualquier cosa que haya tomado el primer lugar en nuestra vida y que Te impide ocupar ese primer lugar. Padre, sana nuestras relaciones para que podamos ser curados y lleguemos a ser santos. Danos el amor unos por otros, Te lo suplicamos, y sana las relaciones heridas en las familias para que todo esposo pueda decirle a su esposa: ‘Te deseo el bien’, que toda esposa pueda decirle a su esposo: ‘Te deseo el bien’, que los padres unidos puedan decir eso mismo a sus hijos y que éstos a su vez sean capaces de responder. Que el bien tenga espacio en las familias, para que todas las familias, por Jesucristo, Tu Hijo, puedan vivir en paz y en el bien.  (Fray Slavko , Medjugorje, Diciembre 27 de 1997)


Credo (1), Padre Nuestro, Ave María y Gloria (7 veces).