La devoción a la Santidad

La devoción a la Santidad

29 de octubre de 2021 0 Por admin

Escrito está: Juntaos con los santos, porque los que se juntan con ellos se santificarán…


«En la Madre de Cristo y Madre nuestra -explicó el Papa Emérito Benedicto XVI -, se ha realizado perfectamente la vocación de todo ser humano. Todos los hombres, recuerda el apóstol Pablo, están llamados a ser santos inmaculados en presencia de Dios en el amor». «Al contemplar a la Virgen, ¿cómo es posible no volver a despertar en nosotros, sus hijos, la aspiración a la belleza, a la bondad, a la pureza del corazón? Su celestial candor nos atrae hacia Dios, ayudándonos a superar la tentación de una vida mediocre, hecha de compromisos con el mal, para orientarnos decididamente hacia el auténtico bien, que es manantial de alegría» (Benedicto XVI, 8 de Dic. 2005)

“Los apóstoles «experimentaron la presencia del Espíritu Santo y llegaron a ser testigos de Cristo, muerto y resucitado, por las vías del mundo. La misma experiencia se repite en todos aquellos que acogiendo a Cristo se abren a Dios y a la humanidad. Se repite sobre todo en los santos, tanto en los anónimos como en los que han sido elevados a los altares. Los santos son las obras maestras del Espíritu que en ellos esculpe el rostro de Cristo e infunde en su corazón la caridad de Dios». (Cardenal José Saraiva Martins, 15 de Mayo, 2005)

«¡La vida, el testimonio y la intercesión de los Santos, es un gran tesoro de la Iglesia y puede ser de gran ayuda para la nueva evangelización!», concluyó el cardenal.

Las preguntas sobre si Dios es una hipótesis, una realidad, o no lo es -dijo el Papa- son hoy tan actuales como antaño. Con el Evangelio, Dios ha roto su silencio; nos ha hablado y ha entrado en la historia. Jesús es su palabra; el Dios que demuestra que nos ama y que sufre con nosotros hasta la muerte para resucitar después.”    (Benedicto XVI, 15 de Octubre, del 2012)

“Los santos son los verdaderos protagonistas de la evangelización en todas sus expresiones. Ellos son, también de forma particular, los pioneros y los que impulsan la nueva evangelización: con su intercesión y el ejemplo de sus vidas, abierta a la fantasía del Espíritu Santo, muestran la belleza del Evangelio y de la comunión con Cristo a las personas indiferentes o incluso hostiles, e invitan a los creyentes tibios, por decirlo así, a que con alegría vivan de fe, esperanza y caridad, a que descubran el «gusto» por la Palabra de Dios y los sacramentos, en particular por el pan de vida, la eucaristía.

Santos y santas florecen entre los generosos misioneros que anuncian la buena noticia a los no cristianos, tradicionalmente en los países de misión y actualmente en todos los lugares donde viven personas no cristianas. La santidad no conoce barreras culturales, sociales, políticas, religiosas. Su lenguaje – el del amor y la verdad – es comprensible a todos los hombres de buena voluntad y los acerca a Jesucristo, fuente inagotable de vida nueva.”   (Benedicto XVI, 7 de Octubre 2012)

“Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos las cosas de arriba, pongamos nuestro corazón en las cosas del cielo. Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma. Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos. Y esta ambición no es mala, ni incluye peligro alguno el anhelo de compartir su gloria.” (San Bernardo Abad, Sermón 2: Opera omnia, 364-368)

“Escrito está: Juntaos con los santos, porque los que se juntan con ellos se santificarán. Y otra vez, en otro lugar, dice: Con el hombre inocente serás inocente; con el elegido serás elegido, y con el perverso te pervertirás. Juntémonos, pues, con los inocentes y justos, porque ellos son elegidos de Dios. ¿A qué vienen entre vosotros contiendas y riñas, banderías, escisiones y guerras? ¿O es que no tenemos un solo Dios y un solo Cristo y un solo Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros? ¿No es uno solo nuestro llamamiento en Cristo? ¿A qué fin desgarramos y despedazamos los miembros de Cristo y nos sublevamos contra nuestro propio cuerpo, llegando a tal punto de insensatez que nos olvidamos de que somos los unos miembros de los otros?”  (San Clemente I)