La Consagración de Rusia y Ucrania

La Consagración de Rusia y Ucrania

8 de abril de 2022 0 Por admin

Se abren al triunfo de su Inmaculado Corazón, y comienzan la instauración del Reinado de Jesús

Comentario Padre Patricio Romero


San Lucas 1, 26-38

«Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.»


Mensaje del 25 de Marzo del 2022

“¡Queridos hijos! Escucho su clamor y sus oraciones por la paz. Durante años Satanás ha estado luchando en favor de la guerra. Por eso Dios me ha enviado entre ustedes: para conducirlos por el camino de la santidad, porque la humanidad se encuentra en una encrucijada. Los invito a regresar a Dios y a sus Mandamientos para que estén bien en la tierra y para que salgan de esta crisis en la que han entrado por no escuchar a Dios que los ama y quiere salvarlos, y llevarlos a una vida nueva. ¡Gracias por haber respondido mi llamado!”


El Santo Evangelio nos describe, con celestial lenguaje, el momento sublime y trascendente, destinado a cambiar rotundamente el sentido de la vida humana, antes sumergida en el pecado, desterrados de la esperanza, de la alegría trascendente, y de la dignidad de criaturas amadas por Dios.

El Misterio de la Encarnación pone en evidencia, ante toda la creación y todas las criaturas, el amor de predilección de Dios, que es la Verdad y la Bondad eterna, y que nos mirá paternálmente, con compasión providente, que quizo expresar su regocijo por habernos creado, dejando la huella de su gozo glorioso, en la creación y las leyes que le rigen para nuestro permanente bienestar.

Pero ese amor generoso, libre y oblativo, también se expone ante el mal uso de nuestra libertad, en la posibilidad de que, enceguecidos por la soberbia, resentidos por los juicios engañosos y la mentira infernal, desplacemos lejos de nosotros la mano paternal y providente de Dios, pretendiendo equipararnos al Omnipotente, nosotros con vanidad y arrogancia, creyendonos dioses y señores, con la misma rebelión que llevó a los rebeldes ángeles al castigo infernal.

Y mientras quería la primogenitura, el Angel rebelde y soberbio, el Verbo Hijo Primogénito se desprendía de la gloria, asemejándose a la fragilidad humana, en todo menos en el pecado, para caminar con modestia y humildad, como Cordero para el sacrificio, para iniciar un caminar humano en la familia de un Santo Carpintero, en los brazos virginales de una Madre Inmaculada, por las sendas de la Redención cuya cumbre es la Cruz y la Resurrección.

En este sublime misterio, «Dios ha asumido la condición humana en su integridad para sanarla completamente. Como dice san Ireneo, el Hijo de Dios se ha hecho hombre, para que el hombre llegue a ser hijo de Dios. En la encarnación también Dios no da solo alguna cosa sino que se da a sí mismo, entregándonos a su propio Hijo por nosotros…» (Benedicto XVI, 2013)

Contrasta radicalmente el pecado de los ángeles rebeldes, el «no servire» de condenación eterna, junto con el pecado original de Adán y Eva, y también nuestro pecado, de pretender ser dioses, apartándonos de la paternidad de Dios, para enaltecernos por sobre el resto,con el lado opuesto, en la respuesta del Corazón Materno de María, que inundado de gracia y amor de Dios, se humilla ante la misma humillación de Dios y se inclina ante el designio de un verdadero Padre, que se abaja en su paternidad, aproximándose a nuestra humanidad, por medio de la naturaleza humana que abraza el Hijo, con la voluntad de perdonar a quien acoge la llamada de misericordia, del Corazón Redentor.

Toda la inmensidad de la caridad eterna, todo el poder divino, entrando en el tiempo y la historia de la creación, por medio del misterio de la Encarnación, es depositado en el Corazón de María en el anuncio del Angel. Su respuesta al llamado divino, abraza la respuesta que anhela la Madre de parte de toda la humanidad, que quiere abrazar en un Fiat, al que Ella siempre nos prepara para escuchar, con su llamada a la Escuela de Santidad. Cada vez que la Gospa nos da las «gracias por haber respondido» a su llamado, dispone nuestro corazón a la respuesta urgente, de cada uno de nosotros al llamado del Señor.

«En realidad, el «sí» de María es el reflejo perfecto del «sí» de Cristo mismo, cuando entró en el mundo, como escribe la carta a los Hebreos interpretando el Salmo 39: «He aquí que vengo —pues de mí está escrito en el rollo del libro— a hacer, oh Dios, tu voluntad» (Hb 10, 7). La obediencia del Hijo se refleja en la obediencia de la Madre, y así, gracias al encuentro de estos dos «sí», Dios pudo asumir un rostro de hombre…» (Catequesis Benedicto XVI, 25 de Marzo 2007)

La humanidad esta llamada a buscar el rostro de Dios en la humanidad del Hijo, que se ofrece por nuestra redención, en el madero de la Cruz. La respuesta no es otra cosa que la de «regresar a Dios y a sus Mandamientos, para que estén bien en la tierra y para que salgan de esta crisis en la que han entrado por no escuchar a Dios que los ama y quiere salvarlos, y llevarlos a una vida nueva.» (Mensaje 25-03-2022)

Retardar la respuesta, el condicionar el plan de Dios a nuestros propios planes, evitar inclinarnos en humildad, confianza ante tanto amor ofrecido por amor, solo extiende la desdicha y la violencia en el interior del corazón humano, donde la misma naturaleza se revela, exigiendo la presencia del único huesped que plenifica el alma, que es el Señor. Se contrae y violenta la esencia de todo ser humano, al mantener en el exilio al único Huesped que puede sanar las heridas del pecado, de la historia personal y la carencias de los pueblos, que caminan en penumbras sin la luz del Evagelio y sin la paz de la gracia de Cristo en sus corazones.

«La humanidad se encuentra en una encrucijada»: Antes de la guerra y la violencia en los valles y ciudades, hay violencia y guerra en el corazón que niega para sí mismo el amor, el perdón y la paz que es gracia y don que se ofrece a la humanidad.

Dios ha enviado a la Reina de la Paz, para conducirnos por el camino de la santidad, y aprender a responder al llamado del Señor, al que nos hacemos sordos con nuestra soberbia y arrogancia, nuestros afanes vanidosos y ambiciosos. Pero haciéndonos siervos del amor materno de María, nos confiamos como niños en los designios del Padre, planes a los que el Hijo vino a dar cumplimiento en el madero de la Cruz.

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». La respuesta de María al ángel se prolonga en la Iglesia, llamada a manifestar a Cristo en la historia, ofreciendo su disponibilidad para que Dios pueda seguir visitando a la humanidad con su misericordia. De este modo, el «sí» de Jesús y de María se renueva en el «sí» de los santos, especialmente de los mártires, que son asesinados a causa del Evangelio.» (Catequesis Benedicto XVI, 25 de Marzo 2007)

Cuando el Santo Padre, Papa Francisco, ha consagrado Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María, invitando al colegio episcopal a responder a la petición de Nuestra Señora en Fátima, para aplacar el mal de los errores, pecados e ideologias que oprimen, confunden y desfiguran la humanidad, alejándolas de su verdadera dignidad; vemos, por otro lado, a la Iglesia, entregada y abandonada, con el Vicario de Cristo, en un gesto en que los fieles más se aproximan a la identidad verdadera de bautizados y discípulos del Señor, miembros de su Cuerpo Místico, desplazando la arrogancia de las eficacias humanas, de la mundanidad y la apostasía, como un «resto de Israel», del que Dios quiere hacer renacer a su pueblo, como un nuevo árbol que extenderá sus ramas por el mundo entero, ofreciendo a todos los hombres frutos buenos de salvación.

La Iglesia misma, aunque está expuesta a las influencias negativas del mundo, encuentra siempre en María la estrella para orientarse y seguir la ruta que le ha indicado Cristo. Ella es madre y modelo de la Iglesia, que acoge en la fe la Palabra divina y se ofrece a Dios como «tierra fecunda» en la que él puede seguir cumpliendo su misterio de salvación.

Los fieles de la Iglesia se aproximan más a su identidad de miembros del Cuerpo Místico de Cristo, cuando superando todo cálculo humano y mundano, responden con diligencia y compromiso a los planes de María Santísima. Se abren al triunfo de su Inmaculado Corazón, y comienzan la instauración del Reinado de Jesús, cuyas primeros cimientos son nuestros propios corazones, que están siendo educados por la Reina de la Paz.