«Jesús se estremeció»

«Jesús se estremeció»

12 de abril de 2022 0 Por admin

«Jesús se estremeció»

«Siento dolor por cada uno que está lejos de mi corazón, pero no los dejo solos…»


Dice San Juan Evangelista que: «Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará” (Juan 13, 21)

San Agustín dice , interpretando la palabra «estremecer», que Jesús se turbo, que experimentó tristeza en su interior, al percibir las tinieblas en el corazón de Judas, donde ya el Diablo había entrado, en oposición y aversión ante tanto amor de Cristo, manifestado en sus gestos de humildad, servicio y anuncio del sacrificio que abrazaría por nuestra redención: «había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Juan 13, 1).
El «estremecerse» de Jesús, nos ayuda a comprender la profunda intensidad del sufrimiento que comenzaba a experimentar en su naturaleza humana. EL Corazón más puro, noble y fiel que ama a la humanidad y que nos ama de un modo singular a cada uno de nosotros, percibe la respuesta de indiferencia, resentimiento, envidia e ira ante la virtud y la santidad, de uno de los suyos, que fue convocado a ser pescador de hombres, pastor y ministro de la gracia y la verdad, y finalmente convocado también a la mesa eucarística del Jueves Santo.
Que dolor tan profundo, que frialdad infernal a la que se ve expuesto el Cordero de Dios. Pero no es solo la traición de Judas, la negación de Pedro o la dispersión de los apóstoles. Es nuestra traición, por las monedas de la comodidad, de la vanagloria, de la arrogancia y el orgullo. Son nuestras monedas de placer, tener y poder. La reiterada conducta de valernos de Jesús solo cuando es útil y necesario, pero de abandonarlo cuando nos exige conversión, fervor, sacrificio y abandono a su Divina Voluntad.
Todas nuestras experiencias de sufrimiento por haber sido despreciados, traicionados, postergados, denigrados, etc. no lograran jamás la intensidad de la agonía que comienza a experimentar Jesús, en esa noche de la Cena de Pascua, cuando el Cordero de Dios percibe cerca la «espada» que lo traspasará, forjada con nuestras traiciones, indiferencias y pecados.
Pero esta advertencia del advenimiento de la traición, así como el anuncio a Pedro de la negación, no son más que la compasiva insistencia del Señor en la conversión, el llamado a reconocer, en la humildad, la bajeza de nuestro pecado y la necesidad de su perdón. Aunque sabe el Señor, que la respuesta ante el ofrecimiento de la misericordia, el perdón y la paz va a ser rechazada, Él, el Rey de amor, no nos deja de amar. Ama, aunque sabe que será desechado.
No puedo dejar de recordar, según el testimonio de muchos santos, y la verdad de la naturaleza humana, que el dolor y agonía del Señor tambien es causado por que sabe cuanto está sufriendo su Madre a cuyo Inmaculado Corazón este entrañablemente unido el Divino Corazón de Jesús.


Por eso dice la Reina de la Paz:

Mensaje, 25 de septiembre de 2005

“¡Queridos hijos! Los llamo en el amor: conviértanse, aunque estén lejos de mi corazón. No lo olviden: yo soy su madre y siento dolor por cada uno que está lejos de mi corazón, pero no los dejo solos. Creo que pueden abandonar el camino del pecado y decidirse por la santidad. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! ”

Es estos días previos al Triduo Sacro, pidamos la gracia de unirnos al Corazón Materno de María, y con nuestras oraciones, ayunos, sacrificios y obras de misericordia, reparar, acompañar y consolar el dolor de quién siempre ha sido para con nosotros una Madre Misericordiosa. ¡Abracemos a la Gospa!. Que nuestro afán sea el que muchos regresen o se encuentren con el Corazón de la Reina de la Paz, para que así puedan conocer el amor de Dios.



Atentamente en Jesús, María y José…

Padre Patricio Romero