Hijos míos, tended a la santidad, pero en humildad

Hijos míos, tended a la santidad, pero en humildad

18 de septiembre de 2021 0 Por admin

«El grano de mostaza de que habla el Evangelio, que siendo, al parecer, el más pequeño de los granos, llega, sin embargo, a ser muy grande: y tan alto sube su tallo, que las aves del cielo, es decir, los predestinados, anidan en sus ramas y en el calor del sol reposan a su sombra y en él se guarecen de las fieras.” (SAN LUIS Mª GRIGNION DE MONFORT, SECRETO DE MARÍA 70)


Mensaje, 2 de octubre de 2018 

“Queridos hijos, os invito a ser valientes, a no desistir, porque el bien más pequeño y el más pequeño signo de amor, vencen sobre el mal cada vez más visible. Hijos míos, escuchadme, para que el bien pueda vencer, para que podáis conocer el amor de mi Hijo. Esta es la dicha más grande: los brazos de mi Hijo que abrazan; Él, que ama el alma; Él, que se ha dado por vosotros y siempre y nuevamente se da en la Eucaristía; Él, que tiene palabras de vida eterna. Conocer su amor, seguir sus huellas, significa tener la riqueza de la espiritualidad. Esa es la riqueza que da buenos sentimientos y ve el amor y la bondad en todas partes. Apóstoles de mi amor, con el calor del amor de mi Hijo, sed como los rayos del sol que calientan todo en torno a sí. Hijos míos, el mundo tiene necesidad de apóstoles del amor, el mundo tiene necesidad de muchas oraciones, pero de oraciones con el corazón y con el alma, y no solo de aquéllas que se pronuncian con los labios. Hijos míos, tended a la santidad, pero en humildad; en la humildad que le permite a mi Hijo realizar, a través de vosotros, lo que Él desea. Hijos míos, vuestras oraciones, vuestras palabras, pensamientos y obras, todo esto os abre o cierra las puertas del Reino de los Cielos. Mi Hijo os ha mostrado el camino y os ha dado esperanza, y yo os consuelo y aliento porque, hijos míos, yo he conocido el dolor, pero he tenido fe y esperanza. Ahora tengo el premio de la vida en el Reino de mi Hijo. Por eso, escuchadme: ¡tened valor y no desistáis! ¡Os doy las gracias! ”


 “Su amor, dicen los videntes, es inconcebible. Cuando Ella está aquí, cuando habla, cuando ora, cuando advierte, cuando nos llama, lo hace con tanto amor que es imposible expresarlo con palabras. Recuerdo cuando Marija Pavlovic nos trajo el mensaje en el que la Virgen decía: «Yo los amo inmensamente», y la vidente lloraba porque se sentía incapaz de transmitirlo. Y es que ella podía transmitir las palabras a nombre de María, esto es, «Los amo inmensamente», pero el problema era que le parecía imposible transmitir la profundidad de ese amor. Pero se seguimos y estamos con María y con su Hijo en la oración, nuestro corazón seguramente sentirá este amor y, por medio de él, seremos liberados de todo lo que es malo y seremos sanados de nuestras heridas. Y un corazón de que se sabe amado puede albergar la paz, la confianza y la seguridad. Esta es también la razón para que podamos entender las siguientes palabras de este mensaje.

YO DESEO QUE CADA UNO DE USTEDES SE SALVE Y ESTE CONMIGO EN EL CIELO

Cuando amamos a alguien, deseamos estar siempre con él. Pero todos hemos vivido experiencias dolorosas a causa de separaciones, entre otras debido a la muerte, que es la separación última. Esta al igual que todas las demás separaciones siempre están conectadas con el miedo o incluso con la agresión. Pero cuando se trata de la muerte -debemos aceptarlo- nos sentimos totalmente incapaces, pero con Dios es diferente y aún cuando la muerte nos separe, no es el fin. En el Prefacio de la Misa de Difuntos, cantamos y decimos en la oración que la vida no es quitada sino cambiada y que este cambio es a la vida eterna. María que nos ama y que desea que nos acerquemos aún más a Ella en este camino a lo largo de nuestra vida, a fin de que esta proximidad y este amor puedan asegurarnos la eternidad. Es bueno que las personas que recorremos nuestro camino en la vida con todos sus dilemas, sufrimientos y problemas, recordemos que todo es temporal que que simplemente estamos en camino hacia una meta infinitamente mayor — vivir en la Luz de Dios. Esto es entonces el Cielo, estar próximos a Dios, estar en Su amor y nunca más volver a sentir miedo ni a estar distantes o separados de El. El Infierno es precisamente lo opuesto. Es la separación absoluta del amor de Dios y Su proximidad. Estar separados del amor eterno y nunca más tener la oportunidad de acercarse a Dios es lo que es tan terrible de estar en el Infierno.”  


(Padre Slavko Barbaric)