“Hijitos, no olviden…”

“Hijitos, no olviden…”

21 de junio de 2021 0 Por admin

“María nos invita a la oración en cada uno de los mensajes, y lo ha hecho nuevamente para esta fiesta…”

Comentario del Padre Slavko, al Mensaje de la Reina de la Paz, en un Aniversario de la Apariciones


Mensaje, 25 de junio de 2000 

“¡Queridos hijos! Hoy los invito a la oración. Aquel que ora no tiene temor del futuro. Hijitos, no olviden: Yo estoy con ustedes y los amo a todos. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


LOS INVITO A LA ORACIÓN

La oración es el instrumento principal con el que caminamos junto con María hacia Dios. En pocas palabras, María nos invita a que nos tomemos el tiempo, y esto, visto desde afuera, significa que Ella quiere el rezo de tres Rosarios, la participación en la Misa, la Confesión, la Adoración, el ayuno y la lectura de las Sagradas Escrituras. También debemos orar individualmente, como familia y como grupo de oración. Ella nos pide mucho especialmente a aquellos que nunca han orado antes o que oran muy poco, lo ha repetido constantemente. Ella también nos dice en qué momentos debemos orar – por la mañana, durante el día y nuevamente por la noche – en definitiva Ella quiere que toda nuestra vida y todo lo que hacemos se convierta en una oración. Hemos meditado esto frecuentemente. Cuando Ella nos dijo que debíamos orar con el corazón, Ella mencionó los elementos interiores de la oración. 

En ese llamado a la oración con el corazón, uno debe distinguir dos cosas: 

1) Podemos empezar a orar con el corazón inmediatamente si aceptamos con amor todo lo que Ella nos dice. Si dedicamos el tiempo para la oración, si oramos independientemente de cómo nos sentimos interiormente, entonces estaremos verdaderamente orando con el corazón. La decisión de orar aunque no se sienta nada, es efectivamente orar con el corazón porque oramos por amor, independientemente de si nos distraemos o no, si recibimos lo que queremos o no. Quiero reiterar mi consejo de nunca juzgar la oración personal de cada uno, ni de decir que la oración no fue buena. Si hemos hecho lo que María quiere de nosotros en su forma externa y hemos orado con el corazón, habremos hecho todo lo que somos capaces de hacer. 

2) El aspecto interior de la oración con el corazón se produce por sí solo o se nos da, nosotros no podemos abrir el corazón con una llave y decir luego «ahora estoy orando con el corazón», pero sí podemos decir «ahora me tomo el tiempo para orar». Entonces se produce otra cosa. Pero si nosotros no nos molestamos en tomarnos el tiempo para la oración, nunca se producirá este otro aspecto interior de la oración. María quiere que nuestra oración se convierta en un encuentro gozoso con Dios. Esto puede ocurrir, porque siempre que estamos con alguien que nos ama y a quien amamos, nos alegramos -a pesar de estar sufriendo- estamos alegres, a pesar de cómo nos esté yendo, cuando alguien que nos ama nos visita. Si esto ocurre entre nosotros, cuando se trata de Dios ocurre mucho más. Dios nos ama infinitamente. El encuentro con Dios es simplemente un encuentro gozoso. María también nos invita a una forma de oración que de hecho cambia nuestras intenciones. En nuestras oraciones podemos ser egoístas, en realidad esto ocurre cuando solo oramos cuando queremos o necesitamos algo. En otro mensaje, María nos dijo que no debemos buscar a Dios por nuestras necesidades sino que debemos buscar a Dios por Su amor por nosotros. Esto refleja lo que Su Hijo, Jesús dijo, que debemos buscar en primer lugar el Reino de los Cielos, el Reino de Dios, y se nos dará todo los demás. Aún así, muchas veces ocurre que nosotros buscamos todo, pero no precisamente el Reino de los Cielos. De esta forma, nos desalentamos fácilmente y dejamos de orar porque pensamos que Dios no nos da lo que queremos. Nosotros podemos orar por todo, pero debemos siempre decir, «Que se haga Tu voluntad». Debemos buscar a Dios que nos ama porque Él nos ama, y así nuestro anhelo, que solo el amor puede provocar, nos impulsa a orar.


EL QUE ORA NO TIENE QUE TENER TEMOR DEL FUTURO

Ciertamente esto es verdad. Por que la oración, como todos sabemos ahora, es un encuentro con Dios que nos mama, que nos conoce, que es misericordioso, que nos creó al fin y al cabo, y nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro está en Sus Manos. Si pensamos en la palabra «credo» debemos recordar que simplemente significa «dar el corazón». Si entregamos nuestro corazón al Dios amoroso, tendremos solo amor en nuestros corazones y no habrá lugar para el temor. Cuando confiamos en Dios ocurre lo mismo, porque sabemos que Él nos ama y esto debe alejar todo temor. Nuestra experiencia nos dice que muchas personas viven hoy con temor, con temor de sus propias vidas o de las cosas materiales, viven con temor por el destino del mundo, y muchos padres también temen por sus hijos. María nos da la solución perfecta para escapar de todo temor: la oración. Si pensamos en el temor en el contexto del mensaje de María, podemos decir muchas cosas.

En primer lugar existe el temor que surge de la enfermedad, especialmente en muchas enfermedades mentales existe el pánico, en ese caso uno debe escuchar al atentamente al Médico y hacer lo que él dice. Pero, al mismo tiempo, uno debería conscientemente empezar a orar más.

Luego existe el temor que surge de nuestras heridas del pasado, por ejemplo, cuando uno tuvo problemas con el padre, con un sacerdote o con cualquier tipo de maestro. Esa persona puede sentir temor por las figuras autoritarias y no es capaz de comprenderlo. En ese caso uno debe tratar de hablar más sobre la sanación interior a través de la oración.

También existe el temor que naturalmente y con frecuencia proviene por causa del pecado. La primera experiencia de temor del hombre fue cuando Adán y Eva pecaron. Ellos no podían soportar la presencia de Dios porque habían quebrado algo, se habían hecho culpables por haber violado una Ley o Mandamiento. Es allí donde crecen casi todas las raíces del temor. También ocurre que si nosotros no tenemos conciencia de o no conocemos los Mandamientos, cada vez que hacemos algo malo, algo dentro de nosotros queda herido, y así surge el temor. Uno puede decir que el temor aparece por la ausencia de la persona amada. ¿Y por qué está ausente esta persona? La respuesta es nuevamente por el pecado, si alguien ha abandonado la familia o ha hecho algo que ha causado que el padre o la madre del hijo se ausente de la familia, ese hijo estará lleno de temores. La ausencia de la persona amada es siempre causa de temor. Lo que nos libera del temor es nuevamente la presencia de esa persona amada. Es por eso, que el perdón, la reconciliación y la capacidad de pedir perdón son tan importantes ya que son los caminos seguros para entrar al reino de la presencia del amor y así estar seguros y libres de todo temor.

Si consideramos el temor más profundamente, podemos decir en general, que cuanto más se pierde la libertad por el pecado, mayor será el temor. Si una persona ha perdido la libertad por el pecado a través del alcohol, las drogas, los malos hábitos, la conducta inmoral, el rechazo a la reconciliación, la búsqueda de lo material, del éxito o del poder, no encontrará lo que pensaba que encontraría y eso causará nuevos temores. Los temores que surgen por causa de la pérdida de la libertad por el pecado nos conducen a la agresión, a la violencia, a la injusticia, a la competencia constante, y a los celos, la envidia, la gula y otros desequilibrios. Todo esto solo son tentativas para recuperar lo que uno ya ha perdido y lo que piensa que busca. Entonces uno queda fácilmente atrapado en un círculo del cual no puede salir. Al ganar nuestra libertad interior, podremos romper este círculo sin fin y así seremos cada vez más libres, al final necesitaremos cada vez menos, seremos nuevamente humildes y no habrá más lugar para el temor dentro de nosotros.

El temor también encuentra su lugar en nuestra conducta malcriada, cuando insistimos en obtener eso que no obtenemos o no merecemos, así nuevamente entra el temor. Como ejemplo, cito el siguiente… El estudiante que no ha estudiado irá a dar examen con temor a sacarse una baja calificación, y, si viene a nosotros y se queja de su temor, nosotros no debemos diciéndole que mañana el profesor va a estar de buen humor y le va a ir bien. Por el contrario, debemos decirle, «el temor es una reacción normal ante la verdadera situación, siéntate, empieza a estudiar y no tendrás más temor». Muchas veces en nuestra vida actuamos exactamente de esta forma. No estamos dispuestos a esforzarnos y tenemos miedo de no obtener lo que estamos buscando y tememos algo malo. Con respecto al temor, todos nosotros hemos experimentado temores de diversas formas. Dios lo sabe, por eso alguien dijo en una oportunidad, que en la Biblia aparece 365 veces la expresión «no teman, que la paz esté con ustedes». Jesús repite estas palabras especialmente después de la Resurrección, esto es decisivo para nosotros ahora. Si comenzamos a orar, encontraremos a nuestro Dios amoroso y entonces podremos superar completamente nuestro temor del pasado o del futuro. Esto no significa que si oramos no tendremos problemas en absoluto, simplemente los llevaremos y los experimentaremos de manera diferente. Es importante saber que debemos poner nuestro pasado en las manos misericordiosas de Dios y nuestro futuro bajo Su amor y Su protección, simplemente debemos hacer lo que seamos capaces de hacer. Siguiendo este punto de vista, los Sacramentos son de mucha ayuda. El Bautismo nos devuelve el amor Eucarístico de Dios de manera especial y la Confesión nos trae la reconciliación. Los demás Sacramentos confirman y fortalecen todo esto, profundizando cada vez más la comprensión del este amor de Dios por nosotros. El Sacramento de la Confesión es el que de alguna manera nos libera de cualquier temor, porque a través del Sacerdote, se nos asegura que Dios nos ha perdonado y que nos abraza como siempre lo hace un padre misericordioso. Creo que no es exagerado decir que el temor crece más y está más presente cuando no se produce la Confesión. Una de las razones de la presencia del temor es que éste aparece por la proximidad de los espíritus malos. Si alguien tiene miedo de la cruz, de los objetos sagrados y de la Iglesia y no puede acercarse a ellos, podría ser un síntoma y una razón para considerarlo de este modo. Uno debe tener cuidado al proponer un diagnóstico sobre la presencia de temores exagerados y del pánico. Pero por cualquiera de los motivos, uno debe siempre ir al Sacerdote y buscar qué es lo que está causando este temor. Nosotros debemos tener presente que todos podemos llegar a Dios porque Él es nuestro Padre amoroso, y aún cuando hayamos pecado, Él va a ver primero a un hijo, a una hija y luego qué es lo que ha ocurrido allí. Esto nos da a todos la seguridad de que nosotros también podemos decir, como el Salmo, que Dios es nuestro cielo, nuestra seguridad y nuestro pastor, y que a nada debemos temer. Al final María nos dice…


NO OLVIDEN: YO ESTOY CON USTEDES Y LOS AMO A TODOS

El olvido puede convertirse en un gran problema porque si nos olvidamos de todo lo que Dios ya ha hecho por nosotros por el simple hecho de que no nos ha dado algo que le hemos pedido, corremos el peligro de perder la fe, el amor, la esperanza, la paz y todo lo demás. ¿Cuántas veces se nos dice en la Biblia que no debemos olvidar las grandes obras de Dios? Si las olvidamos, corremos el peligro de perder todo. Si olvidamos lo que los demás han hecho por nosotros, un pequeño problema puede herir y destruir todas las demás relaciones que tenemos y así muchas personas se alejan unas de otras. La única posibilidad es la verdadera gratitud, porque la persona agradecida nunca olvida. Por lo tanto no olvidemos que María está con nosotros, que nos ama, y que ya ha hecho mucho por todos nosotros. Su sola presencia amorosa es también de gran ayuda para liberarnos de todos los temores. A lo largo de estos 19 años, muchas personas han dado testimonio de que han experimentado la verdadera paz aquí. Esto no proviene de la nada, ni por sí mismo, sino porque Ella, como nuestra Madre, está presente aquí, porque ora por nosotros y porque nos ama a todos. Nuestros corazones sienten esto a pesar de no ver ni sentir Su presencia y Su ayuda. Espero también que todos pensemos, siempre demos gracias y seamos conscientes de lo que Dios ha hecho por cada uno de nosotros, a través de la intercesión de María. Si tan solo olvidáramos una cosa, esta cosa sola podría llevarnos nuevamente a la oscuridad del temor. Ahora oremos todos juntos…

Dios, Padre Nuestro, en nombre de Tu Hijo, Jesucristo, y junto con María, La Reina de la Paz, queremos darte gracias por todas las gracias y dones que nos has dado, especialmente por las veces que nos dijiste, «no teman, estoy con ustedes». Traemos ante Ti todas aquellas situaciones en las que hemos experimentado el temor y todas las causas por las que ese temor surgió. Te pedimos, en nombre de todas las personas que por causa de enfermedad experimentan el temor o que por el pecado aún necesitan ser sanados o que tienen temor por influencia del mal. Padre, en nombre de Tu Hijo, Te pedimos que digas una palabra y nos liberes a cada uno de nosotros de todos los temores para que podamos venir ante Ti con absoluta libertad y permanecer constantemente ante Ti. Libéranos de todo lo que nos aleja de Ti y Te mantiene alejado de nuestras vidas. Bendícenos a todos, especialmente a los padres que temen a sus hijos y a los que temen al futuro, para que todos podamos vivir en paz y demos testimonio de paz. Con la intercesión de María, reina de la Paz, danos la gracia de poder permanecer fieles en el camino hacia la paz junto con María, de nunca olvidar que Ella está con nosotros y nos ama. María, todos Te prometemos que permaneceremos fieles a Ti y Te acompañaremos hacia el Padre a través de Jesús. Gracias María, por Tu presencia, por Tu amor, por Tu intercesión y por Tu bendición. Junto contigo, María, le pedimos al Padre, en nombre de Tu Hijo, por todas las personas que en este momento están por morir y tienen miedo, para que sean consolados. Queremos traer ante Ti todas aquellas situaciones en las que aún tendremos miedo, para que podamos ser más conscientes de Tu presencia y de que Tu nos estás guiando a nuestro Padre. También te entregamos la hora de nuestra muerte para que esa hora sea un encuentro amoroso con el Padre a través de Jesucristo. Que así sea, Amén.


Fray Slavko Barbaric, Medjugorje, 28 de junio, 2000