«Estamos orando juntos»

«Estamos orando juntos»

24 de marzo de 2022 0 Por admin

«Hijitos, ayúdenme con la oración para que Satanás no prevalezca…»

Comentario Padre Patricio Romero al Mensaje del 25 de Febrero 2022


MENSAJE DE LA REINA DE LA PAZ, 25 DE FEBRERO DE 2022

«¡Queridos hijos! Yo estoy con ustedes y estamos orando juntos. Hijitos, ayúdenme con la oración para que Satanás no prevalezca. Su poder de muerte, odio y miedo ha visitado la tierra. Por eso, hijitos, regresen a Dios y a la oración, al ayuno y a la renuncia, por todos aquellos que son pisoteados, son pobres y no tienen voz en este mundo sin Dios. Hijitos, si no regresan a Dios y a sus Mandamientos, no tienen futuro. Por eso, Él me ha enviado a ustedes para guiarlos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!»


La necesidad de la oración no debe darse por descartada: hace falta aprender a orar, porque si es «verdadera oración» obra del Espíritu Santo» y no una sensación humana o construcción «Inmanente», requiere aprendizaje, según el impulso y las luces que el Señor nos regala; incluso quienes van muy adelantados en la vida espiritual sienten siempre la necesidad de entrar en la escuela de Jesús para aprender a orar de modo auténtico y eficaz.

Y lo primero que nos enseña con su ejemplo el Señor que su «oración» es la búsqueda de un diálogo íntimo y constante con el Padre: para entrar en una comunión profunda con aquel que vino al mundo no para hacer su voluntad, sino la del Padre que lo envió para la salvación del hombre. Este es signo claro de que esa «oración » es tal y proviene y conduce a Dios. No se centra el en propio «yo» ni en los intereses personales.

Esa es la razón fundamemtal por la que debemos orar y aprender a orar en la escuela de santidad y de amor materno de María Santísima. Orando con Ella, nuestra oración se va desarrollando, como los pasos de un niño entre las rutas y las quebradas de los montes, de los brazos tiernos, puros y fuertes de una Madre, siempre atentos para proteger a los hijos, o levantarlos y curarlos si es que han tropezado.

La vida humana es un entrelazamiento de bien y mal, de sufrimiento inmerecido y de alegría y belleza, que de modo espontáneo e irresistible nos impulsa a pedir a Dios aquella luz y aquellas fuerzas interiores que nos socorran en la tierra y abran una esperanza que vaya más allá de los confines de la muerte.

El ser humano jamás está del todo exento de las tentaciones mientras vive… pero es con la paciencia y con la verdadera humildad como nos haremos más fuertes que cualquier enemigo. La tentación de suprimir a Dios, de poner orden solos en uno mismo y en el mundo contando exclusivamente con las propias capacidades, está siempre presente en la historia del hombre.

Nosotros, con recta intención, procuramos con frecuencia la oración con palabras, y también la mente y el corazón deben estar conectados en esta oración, pero hablamos de una oración que no consiste esencialmente en la locución palabras, sino en una busqueda de nuestra mente y alma con el corazón de Dios. Y María Santísima es el modelo y ejemplo que nos muestra el Espíritu Santo en el Evangelio. San Lucas repite varias veces que María, «por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (2, 19; cf. 2, 51b). Las custodia y no las olvida. Está atenta a todo lo que el Señor le ha dicho y hecho, y medita, es decir, toma contacto con diversas cosas, las profundiza en su corazón.

Nuestra Madre acogió el designio Divino, lo meditó, se detuvo a reflexionar sobre lo que Dios estaba realizando en ella, para acoger la voluntad divina en su vida y corresponder a ella. Requierió un proceso de interiorización, no sólo de la realidad física e histórica que Dios obra en ella, «sino algo que exige una interiorización por parte de María, que trata de profundizar su comprensión, interpretar su sentido, entender sus consecuencias e implicaciones. Así, día tras día, en el silencio de la vida ordinaria, María siguió conservando en su corazón los sucesivos acontecimientos admirables de los que había sido testigo, hasta la prueba extrema de la cruz y la gloria de la Resurrección. María vivió plenamente su existencia, sus deberes diarios, su misión de madre, pero supo mantener en sí misma un espacio interior para reflexionar sobre la palabra y sobre la voluntad de Dios, sobre lo que acontecía en ella, sobre los misterios de la vida de su Hijo.» (Benedicto XVI, 26-2-2012)

Orando con María Santísima comprendemos el sentido del ayuno y la renuncia, anteponiendo a los criterios humanos el único criterio auténtico: la obediencia, la conformidad con la voluntad de Dios, que es el fundamento de nuestro ser. Esta es una enseñanza fundamental de la Reina de la Paz para nosotros: si llevamos en la mente y en el corazón la Palabra de Dios, si entra en nuestra vida, si tenemos confianza en Dios, podemos rechazar todo tipo de engaños del Tentador. Asi respalndece claramente la imagen de Cristo como nuevo Adán, Hijo de Dios humilde y obediente al Padre, a diferencia de Adán y de María Santísima como la Nueva Eva, en cuyos corazones hay reconciliación y sanación con el pasado, certeza y paz en el presente y confianza en el futuro.


Pbro. Patricio Romero