Entreguen su corazón a Jesús

Entreguen su corazón a Jesús

8 de mayo de 2022 0 Por admin

 Con Jesús, todo miedo, sufrimiento y dolor desaparece, cuando el corazón de ustedes acepta Su Voluntad… (Mensaje a Jacov, 25 de Diciembre del 2020)


MENSAJE DE LA VIRGEN DE MEDJUGORJE

 25 de diciembre de 2020

 (A Jakov Côlo)

“Queridos hijos, también hoy Jesús está aquí al lado de ustedes. Aun cuando piensan que están solos y no hay luz en la vida de ustedes, Él está allí y nunca los ha dejado ni se ha alejado de ustedes. La luz de Su Nacimiento ilumina este mundo y la vida de ustedes. Su Corazón está siempre abierto para recibir cada sufrimiento de ustedes, cada tentación, miedo y necesidad. Sus manos están extendidas hacia ustedes para abrazarlos como un padre y decirles lo importante que son para Él, cuánto los ama y se preocupa por Sus hijos. Hijitos, ¿su corazón está abierto a Jesús? ¿Han puesto su vida completamente en sus manos? ¿Han aceptado a Jesús como su padre, a quien siempre pueden acudir y encontrar en Él consuelo y cuanto necesitan para vivir la verdadera fe?


Por eso, hijos míos, entreguen su corazón a Jesús y permitan que gobierne sus vidas, porque solo así podrán aceptar el presente y podrán enfrentar el mundo en el que hoy viven. Con Jesús, todo miedo, sufrimiento y dolor desaparece, cuando el corazón de ustedes acepta Su voluntad y todo lo que llega a la vida de ustedes. Jesús les dará la fe para aceptarlo todo y nada los alejará de Él, porque los toma firmemente de la mano sin permitir que se alejen y se pierdan en los momentos difíciles, porque Él se ha convertido en el Señor de la vida de ustedes. Los bendigo con mi bendición maternal.”

Dios presente en la creación, como su autor libre y soberano, principio y fin de lo que que es y existe, que ha querido manifestar su amor en el esplendor del universo y las leyes que lo rigen, sosteniendo la existencia en su voluntad y conteniendo  a la criatura humana en su providencia amorosa y en su misericordioso designio de misericordia, ha querido estar presente, como plenitud y cumplimiento de su plan de Salvación, abrazando la naturaleza humana, que en una misma persona, la del Hijo, junto con la naturaleza divina, realiza este encuentro y comunión de esplendor insondable, entre el Creador y la criatura, cuyo resplandor supera toda oscuridad y tiniebla y no tiene fin.

 Y esta presencia y plenitud del Dios Encarnado que atraviesa el tiempo y traspasa toda la historia, se aproxima vitalmente a nuestra realidad humana por los caminos de la  gracia, de modo personal, perceptible a los sentidos, parases abrazado por la voluntad, comprendido y amado por el entendimiento, de dona como sustento y permanencia, entre nosotros, en la Eucaristía, en el Sagrario, para ser Rey de Amor en medio de la Iglesia que es su Cuerpo Místico, pero también para  educarnos en la comunión y relación de amor filial entre el Padre y cada uno de los bautizados,  en la medida que permitimos al Espíritu Santo configurarnos con Cristo.

 Esta presencia de Cristo, resplandece, desde su nacimiento, en el nuevo Sacerdocio de Cristo,    pontífice entre la historia y la eternidad, libera de las cadenas del pecado, sana las heridas, consuela en los dolores, y abraza con la paternidad del Buen Pastor, ha cada oveja que se encuentra sola y y abatida, para cobijarlos en el pesebre majestuoso de la familia humana que es el amor de Dios. 

 En el corazón de cada uno de nosotros está la decisión por inclinar nuestra soberbia y abrir nuestro interior a la acción sobrenatural de la gracia, al imperio silencioso y poderoso del Espíritu Santo, que hace nuevas todas las cosas.  Así podremos aceptar el presente y enfrentar el mundo y las tormentas en las que vivimos.

La escuela de santidad y amor materno de María , es un camino en el que nos reconocemos insertados en el Cuerpo Místico de Jesús,  para participar con, para y en Cristo de la comunión con Dios uno y trino y con nuestros hermanos. Es por eso un auténtico camino en el que se supera toda soledad y desamparo.   Todo miedo, sufrimiento y dolor desaparece, cuando nuestro Corazón abraza con gratitud la voluntad de Dios, y por la senda de una verdadera Consagración, nuestros corazones aceptan al Corazón de Jesús, como el Señor de nuestras vidas.

  Santísima Madre nuestra, Reina de la Paz, alcánzanos la gracia de hacernos como niños en tus brazos maternos, en las experiencias de dolor, incertidumbre o persecución. Para aceptarlo todo y para que nada nos aleje de Él. 


Pbro. Patricio Romero