“El que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado”

“El que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado”

6 de enero de 2022 0 Por admin


San Lucas 14, 1. 7-11

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:


“Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: «Déjale el sitio», y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.

Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: «Amigo, acércate más», y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado”.


Decía el escritor eclesiástico Orígenes: “En la Iglesia de Jesucristo también se encuentran algunos que desean los primeros puestos de las mesas, para ser parecidos a los diáconos; por lo tanto ambicionan ocupar los primeros puestos de aquellos que se llaman presbíteros; y otros trabajan porque los hombres les llamen obispos, esto es, maestros. Pero el verdadero discípulo de Jesucristo, desea los primeros puestos en las cenas espirituales, para comer lo mejor de los manjares espirituales.”

Y cual es el banquete de los manjares espirituales y cuales los primeros puestos. EL banquete y los manjares son los dones de Dios, que claramente la referencia se hace no en relación tantos regalos que la providencia Divina nos concede en su generosidad cotidiana, para sostener en el cuerpo y en la mente, en nuestra condición de peregrinos, y hacer posible nuestro servicio a Dios y a nuestros hermanos, según nuestro estado de vida. EL concepto manjar, nos hace pensar en aquello que satisface íntegramente el corazón humano, y puede saciar las ansias de vida en abundancia, propio de la naturaleza humana. El manjar es el mismo Dios, que siendo Creador y santificador del hombre y del tiempo, se asemeja en todo a él, menos en el pecado y se hace Cordero y Víctima, para holocausto de redención y sustento, alimento vital para la salvación y bienaventuranza. 

Es el banquete que no solo se reconoce, si que se debe “compartir”,  como condición para que nos nutra. Por que es solo desde el Corazón del que es Cordero y Víctima en el altar de  la inmolación, desde donde consumimos con provecho, de la ofrenda redentora del Salvador. Solo desde un corazón que se abaja y se ofrece para la salvación del hermano y para abrazar la voluntad del Padre, permitimos que el manjar del banquete nos satisfaga vitalmente, nos llene en abundancia de gracia, vida, paz y consuelo celestial. Desde una mentalidad egoísta, utilitarista, calculadora y orgullosa, endurecemos nuestras entrañas y no permitimos que la vitalidad del alimento divino, fluya por nuestra sangre y horizontes de nuestra vida.

 Esa es la razón del gesto litúrgico de fraccionar el Pan Eucarístico, antes de distribuir las Hostias Consagradas entre los fieles. No solo es un compartir el Cuerpo de Cristo, sino que es la convicción de que para que sea verdadera “comunión”, queremos compartir su cruz, para salvar a nuestros hermanos.

Repugnaría por eso, en el caminar de discípulos, toda actividad  apostólica, pastoral o piadosa, donde el modo de proceder estuviera impregnado de mundanidad aspiracional, en la búsqueda ansiosa de protagonismos, aplausos, reconocimientos, de puestos privilegiados, donde se procuran, de modo voluntarista, las oportunidades, o se usa calculádamente, la información  recabada, manipulando las confianzas, o adjudicándonos los dones que vienen de lo alto,  como si fuera nuestro proyecto y nuestras estrategias, aunque sea bajo slogan religioso…; en una situación así, nos estaríamos infestando de metodología demoniaca, actuando con la destreza de la serpiente, sin la modestia, pureza de corazón y reverencia, con que se debe actuar ante una llamada de Dios para ser sus apóstoles. Ese modo de actuar, se ubica radicalmente en el lado contrario al proceder de María Santísima, que al ser convocada al banquete del plan de la redención y la misericordia de Dios, se ubicó en el último lugar, en el de la sierva y esclava, que todo se lo atribuye, en espíritu y verdad, a la grandeza del “Señor que ha mirado la humillación de su esclava”


“¡Queridos hijos! Hoy quisiera envolverlos con mi manto y guiarlos por el camino de la santidad. Yo los amo y por eso deseo que ustedes sean santos. No quiero que Satanás los obstaculice en este camino. Queridos hijos, oren y acepten todo lo que Dios les presenta en este camino, que es doloroso. Pero a quien comience a recorrerlo, Dios le revelará toda la dulzura de modo que pueda responder a cada llamado Suyo. No den importancia a las pequeñas cosas sino que aspiren al Cielo y a la santidad. Gracias por haber respondido a mi llamado!”  (Mensaje, 25 de Julio de 1987)


María, como dice San Agustín, “Se coloca en el último sitio, según aquellas palabras (Eclesiástico 3,20): «Cuanto más grande seas, humíllate más en todo». Y entonces, viniendo el Señor, hará bienaventurado con el nombre de amigo al que encuentre humilde y le mandará subir más alto. Y todo aquél que se humilla como un niño, es más grande en el reino de los cielos (Mt. 18,4). Así es que dice: «Entonces será para ti la gloria», para que no empieces a buscar ahora lo que te está reservado para el fin.”

 Por tanto, en nuestro caminar por la senda de la santificación, como Esclavos de Amor a María Reina de la Paz, en todo proyecto, en toda actividad y en toda circunstancia, conviene establecer un orden en nuestro interior, en la dirección de nuestro corazón…, orden que cada uno debe guardar en la mesa del banquete del plan de salvación…como nos aconseja San Basilio,: “Y así nos soportaremos mutuamente con paciencia o con caridad, obrando honestamente en todo y según el orden, no según la apariencia o la ostentación de muchos.”

Pbro. Patricio Romero