El Gozo en el Señor

El Gozo en el Señor

13 de abril de 2021 0 Por admin

«Yo estoy aquí, queridos hijos, para ayudarlos y para conducirlos al Cielo y en el Cielo está el gozo…»

«Vuestra tristeza se convertirá en gozo»  (San Juan 16, 20) 


Mensaje, 25 de mayo de 1991

“¡Queridos hijos! Hoy los invito a todos ustedes que han escuchado mi mensaje de paz a realizarlo con seriedad y con amor en sus vidas. Hay muchos que piensan, que están haciendo mucho al hablar de los mensajes pero que no los viven. Queridos hijos, Yo los invito a la vida y a cambiar todo lo negativo que hay en ustedes, de tal manera que se transforme en positivo y en vida. Queridos hijos, Yo estoy con ustedes y deseo ayudarlos a todos ustedes en sus vidas para que al vivirlas, ustedes den testimonio de la Buena Nueva. Yo estoy aquí, queridos hijos, para ayudarlos y para conducirlos al Cielo y en el Cielo está el gozo, con el cual, ya desde ahora, ustedes pueden vivir el Cielo. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


 “El Apóstol nos manda estar alegres, pero en el Señor, no en el mundo. Porque, como dice la Escritura, quien pretende ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. Así como el hombre no puede servir a dos señores, así también nadie puede estar alegre en el mundo y en el Señor.

Por lo tanto, que prevalezca el gozo en el Señor y que se extinga el gozo en el mundo. El gozo en el Señor debe ir creciendo continuamente, mientras que el gozo en el mundo debe ir disminuyendo hasta extinguirse. Esto no debe entenderse en el sentido de que no debemos alegrarnos mientras estamos en el mundo, sino que es una exhortación a que, aun viviendo en el mundo, nos alegremos ya en el Señor.

Pero alguno dirá: «Estoy en el mundo y, por lo tanto, si me alegro no puedo dejar de hacerlo en el lugar en que estoy.» A este tal yo le respondería: «¿Es que por estar en el mundo no estás en el Señor?» Atiende cómo el mismo Apóstol, hablando a los atenienses, como nos refieren los Hechos de los apóstoles, les decía respecto al Dios y Señor creador nuestro: En él vivimos, nos movemos y existimos. ¿Habrá algún lugar en que no esté aquel que está en todas partes? ¿No es éste el sentido de su exhortación, cuando dice: El Señor está cerca; no os inquietéis por cosa alguna?…” (SAN AGUSTÍN, Sermón 171, 1-3. 5: PL 38, 933-935) 


“Alguien que ora y ayuna pero también juzga a los demás o dice que cree pero no está dispuesto a ayudar y ver a Jesús en los pobres, es un fariseo. Jesús dijo muchas palabras duras acerca de los fariseos. También es muy cierto que nos resulta más fácil ver lo que se supone debemos de hacer que tener la fortaleza para hacerlo. San Pablo tuvo el mismo problema cuando afirmó que sentía dos leyes en su vida — una que encontraba buena pero que no seguía y otra, que sabía que no era buena pero seguía. «¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor!» Si sabemos, primero que nada, que alabamos y honramos a Dios en nuestro corazón y luego tratamos, a través de nuestras obras y relaciones con los demás, de honrarlo también -recordando claramente nuestras propias debilidades- éste es también el camino como podemos escaparnos de ser fariseos. Pero si nos quedamos a nivel de los labios, sin cambiar nada en nuestras relaciones con los demás, entonces somos fariseos. Cuando intentamos glorificar a Dios y santificar Su nombre entre nosotros, nos conservamos y estamos en la santidad de Dios en todo lo que hacemos…

Quienes creen en Dios, refiriéndome con esto a quienes han confiado su corazón y su vida entera a El, vivirán y, dicho de otro modo, DEBEN vivir en paz. Quien tiene demasiado temor o no tiene del todo gozo en su vida, posee la mejor prueba de que no está viviendo en la santidad de Dios. Esto, sin embargo, no significa que a veces no podamos estar tristes o perder temporalmente la paz. Pero si se trata de una falta constante de paz interior, entonces algo anda mal en nuestro interior. Jesús habló igualmente del gozo que se puede tener cuando se sufre o al cargar la propia cruz. Esto es ciertamente una gran lección para nosotros, pero seguramente si Dios dice que es posible, es porque lo es. Mientras más nos aparte del gozo cualquier situación en nuestra vida, más tenemos que orar y ayunar, y así encontraremos la fortaleza para superar todas las situaciones posibles con paz y con gozo…” (Fray Slavko Barbaric, Mayo 29 de 1997) 


«Que la cruz sea tu gozo no sólo en tiempo de paz; también en tiempo de persecución has de tener la misma confianza, de lo contrario, serías amigo de Jesús en tiempo de paz y enemigo suyo en tiempo de guerra. Ahora recibes el perdón de tus pecados y las gracias que te otorga la munificencia de tu rey; cuando sobrevenga la lucha, pelea denodadamente por tu rey. Jesús, que en nada había pecado, fue crucificado por ti; y tú, ¿no te crucificarás por él, que fue clavado en la cruz por amor a ti? No eres tú quien le haces un favor a él, ya que tú has recibido primero; lo que haces es devolverle el favor, saldando la deuda que tienes con aquel que por ti fue crucificado en el Gólgota». (SAN CIRILO, Catequesis 13, 1. 3. 6. 23: PG 33, 771-774. 779. 799. 802)


“Dios, Padre nuestro todopoderoso, todos nosotros conscientemente Te damos gracias durante este mes porque eres nuestro Dios, porque eres nuestro Padre, por habernos enviado a Tu Hijo a salvarnos, por habernos enviado Tu Espíritu para santificarnos. Te damos gracias, oh Padre, por habernos revelado Tu santo nombre y por darnos la oportunidad de crecer en el amor, la fe, la esperanza, la bondad, la verdad y la paz y poder glorificarte de este modo. Te damos gracias por habernos permitido vivir en Tu gloria y en Tu presencia y, haciéndolo así, nos has dado Tu amor y Tu gozo. Gracias por habernos enviado a María que incansablemente nos visita día a día en Tu nombre y que ora por nosotros. Te damos gracias por habernos hecho más patente Tu presencia a través de su presencia entre nosotros. Te pedimos la gracia de llegar a ser y permanecer uno con Ella y Contigo, que nada nos separe de Ti. Te pedimos la gracia de que podamos glorificar Tu nombre en nuestras familias, en nuestras comunidades y en el mundo entero.”  (Fray Slavko Barbaric, Mayo 29 de 1997) 


FUENTE: VARIOS AUTORES