El gozo de la Adoración…

El gozo de la Adoración…

21 de agosto de 2021 0 Por admin

El Santísimo Sacramento reinando en los corazones en la escuela de la Reina de la Paz


San Juan 6, 52-56

«Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no viven de verdad. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él».


Mensaje, 2 de julio de 2015

“Queridos hijos, os invito a difundir la fe en mi Hijo, vuestra fe. Vosotros, mis hijos, iluminados por el Espíritu Santo, mis apóstoles, transmitidla a los demás, a aquellos que no creen, no saben y no quieren saber. Por eso vosotros debéis orar mucho por el don del amor, porque el amor es un rasgo distintivo de la verdadera fe, y vosotros seréis apóstoles de mi amor. El amor revive siempre y de nuevo, el dolor y el gozo de la Eucaristía, revive el dolor de la Pasión de mi Hijo, con la cual Él os ha mostrado lo que significa amar inmensamente; revive el gozo de haberos dejado Su Cuerpo y Su Sangre para nutriros de sí mismo y ser así uno con vosotros. Al miraros con ternura siento un amor inmenso, que refuerza en mí el deseo de conduciros a una fe firme. Una fe firme os dará en la Tierra gozo y alegría y al final, el encuentro con mi Hijo. Ese es Su deseo. Por eso vividlo a Él, vivid el amor, vivid la luz que os ilumina siempre en la Eucaristía. Os pido que oréis mucho por vuestros pastores, que oréis para que tengáis el mayor amor posible hacia ellos, porque mi Hijo os los ha dado para que os nutran a vosotros con Su Cuerpo y os enseñen el amor. Por eso amadlos también vosotros. Sin embargo, hijos míos recordad: el amor significa soportar y dar, y jamás, jamás juzgar. ¡Os doy las gracias!”


“El ritmo de vida expuesto a tantos extirpa al hombre de su propio ambiente y por eso, fácilmente pierde el equilibrio; él pierde igualmente el camino y, con ello, el sentido de la vida, ¡llegando incluso a alinearse! El se aparta de los demás, porque no tiene un núcleo en donde encontrarse con ellos. En estas condiciones se vuelve vacío y, por tanto, violento y destructivo también. La destrucción y la anulación de la vida constituyen de hecho la peor alternativa, completamente opuesta a aquella paz a la que la Santísima Virgen nos invita y para la cual Ella quiere educarnos. Adorando, aumentamos nuestra fe, el amor y la esperanza., asimismo estamos mas dispuestos a una relación humana con los otros. Nuestra paz se nos consolida y se nos abre la posibilidad, de vivir esa experiencia según las palabras de Jesús dirigió a los que estaba fatigados y sobrecargados para que vinieran a Él, porque Él los descansaría y reconfortaría, su vida interior sería renovada y colmada con un nuevo Espíritu (cf. Mt 11, 28; Jn 7, 37).”“Con la adoración uno entra en sí mismo. Se transfiere el propio centro a Dios y así, el hombre se dispone a vivir una vida digna de un cristiano, de Hijo de Dios. El cristiano que vive para Dios y gracias a Dios, permanece en sí mismo. Cuando adoramos, así los dice el mensaje, nosotros creamos también una comunión particular con María, con la Madre de la Eucaristía. “¡Yo estoy siempre presente cuando los fieles están en adoración!”, dice la Santísima Virgen. Ella siempre ha sido la primera, la que gracias a su purísimo corazón materno reconoció, en Su Hijo, al Dios de todos, a Quien ella adoraba ya en Jerusalén. Y esto no significa otra cosa, sino que Ella, con Su corazón y Su alma, penetró profundamente en el misterio de la presencia de Jesús en el mundo y en la misión que le había sido confiada a Él.” (Fray Slavko Barbaric)