Dios no quiere que ustedes sean tibios…

Dios no quiere que ustedes sean tibios…

28 de junio de 2022 0 Por admin

«Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca» (Apocalipsis 3,16)


Mensaje, 20 de noviembre de 1986

“¡Queridos hijos! También hoy los invito a vivir y a seguir con particular amor todos los mensajes que Yo les doy. Queridos hijos, Dios no quiere que ustedes sean tibios e indecisos, sino que se abandonen totalmente a El. Ustedes saben que Yo los amo y que ardo de amor por ustedes. Por tanto, queridos hijos, decídanse por el amor para que también ustedes sean inflamados y puedan conocer cada día el amor de Dios. Queridos hijos, decídanse por el amor, para que el amor reine en todos ustedes, pero no el amor humano, sino el amor divino. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


La tibieza se considera la enfermedad más peligrosa de la vida espiritual. Existía en el cristianismo del primer siglo y existe todavía en la actualidad. Se podría definir la tibieza como una carencia de fervor en el amor. Al comenzar se amaba, pero ese amor ha decaído. Algo similar sucede en algunos matrimonios. Al principio sienten un gran amor o por lo menos creen que es un gran amor; pero con el tiempo, ese fervor decae, haciendo reinar, en el interior de la vida de la pareja, la tibieza, y terminando esta por apagar el amor.

La tibieza consiste pues, en un relajamiento espiritual: frena las energías de la voluntad y retarda pesadamente los movimientos del vivir cristiano. Se caracteriza por la aridez del espíritu frente a las cosas de Dios. Muchas veces, es una aridez consciente, como quien estando en un cuarto donde hace mucho frío y teniendo un fuego en la chimenea, la persona no se acerca a él. Siente el frío, pero no tiene el ánimo ni el coraje para acercarse al calentador.


Síntomas:

– Desaliento o frialdad de la indiferencia: Se apodera de la voluntad en forma paulatina hasta hacerla caer en un estado de terrible indiferencia.

– La relajación del espíritu: El jóven y el adulto vanidosos y hambrientos de notoriedad, se convierten, especialmente, en presas fáciles de este letargo o conformismo.

– El individuo se conforma con valores, actitudes y comportamientos lejanos a la santidad y plena unión con Cristo. Entre las posibles clases de conformismo podemos distinguir el conformismo de las costumbres y el de las ideas. Pero los actos pecaminosos no son peores que la ociosidad. Si no incurrimos en hacer el mal, pero nos reclinamos cómodamente en nuestras sillas, y permanecemos inertes olvidando hacer el bien y todo el bien posible, caemos también en una forma de tibieza espiritual.

– La necesidad de sastisfacciones inferiores: La persona siente un gran disgusto al hacer las cosas que anteriormente le llenaban de satisfacción: la Misa frecuente, el rosario, la oración y lectura de la Biblia, el apostolado, obres de caridad y catequesis, etc. Empieza a claudicar y cambia sus propósitos y valores por otros menos valiosos.

– Cuando la persona consagrada no vive por convicción interna sino por miedo a defraudar la imagen proyectada por otros en ella; cuando se hacen las cosas solo por ganarse la estima de alguien, cuando el valor y la convicción personal son deficientes…la persona actúa por respeto humano, por el qué dirán, y eso es un catolicismo de apariencias.

Cuando se trata de aparentar un día a la semana… pero no se vive con convicción el resto de la semana.

– El horror al sacrificio: En las vidas tibias, automáticamente queda fuera el espíritu de sacrificio. Todo cuanto implique sacrificio, renuncia, esfuerzo o lucha, queda descargado.

Otros síntomas:

– Fiebre de un temperamento iracundo / Inflamación de la lengua chismosa y calumniosa / Mal aliento del lenguaje profano / Palpitaciones de un corazón mundano / Falta de energía para trabajar por Cristo y por la verdad / Cabeza hinchada de orgullo / Laringitis que nos impide orar y compartir la fe con otros.

Esta enfermedad se vuelve degenerante por que no nace de un día para otro. Todo comienza por detalles mínimos hasta llegarse a convertir en un hábito. Se vive con tranquilidad, y no se hace nada para salir de ella. 

La tibieza se convierte así en un proceso donde la conciencia se va apagando poco a poco hasta llegar al punto donde ya no reclama, donde todo lo justifica, donde ya sólo se ve la propia conveniencia.


¿ COMO COMBATIR LA TIBIEZA ESPIRITUAL Y GARANTIZAR LA VICTORIA SOBRE ESTA ENFERMEDAD DEL ALMA?

Con extrema urgencia y fidelidad, las llamadas “cinco piedras” para vencer el Goliat interior: Eucaristía, Penitencia, Lectura de la Palabra de Dios, Rosario y Oración, y Miércoles y Viernes el Ayuno a pan y agua. 

 Es necesario este tratamiento intenso, dando los pasos infalibles que conducirán a despertar y vencer este mal:

1.-Tener un gran deseo de alcanzar la Santidad: La súplica a gritos al Señor para pedir el don de su auxilio, el cual Él no niega jamás. Ayuda para esto  dedicar un momento del día a la practica de leer lecturas piadosas, vida de santos, del Evangelio u algo que encienda ese deseo por alimentar tu fervor.Reconociendo y ubicando tu mal es hora de desear salir de el y avanzar.

2.- La Misa diaria o la Comunión Frecuente, la medicina por excelencia del cristiano, puesto solo el Señor, Pan de Vida Eterna puede encender tu corazón con su llama de amor y eso no se logra con la imaginación o los buenos sentimientos. Eso lo da el Señor por los medios que Él mismo estableció. La Eucaristía es el don de su Sacrificio y prenda de su victoria.

3.- La Confesión: puesto que hay que sacar el virus que tiene en infección el alma y su único médico capacitado es el Señor que hace nuevas todas las cosas.

4.- Procurar Dirección Espiritual y algunas medidas que son evidentes:

a) preferir perder todos los bienes temporales y terrenales antes de consentir deliberadamente en lo que ofende a Dios.

b) escoger siempre entre dos actuaciones, la que mas le agrade a Nuestro Señor, piensa que tu interés principal es agradar a Dios antes que a nadie.

5.- Meditación: La meditación es imprescindible, no solo para vencer la tibieza espiritual, si no en toda tu vida espiritual en general, quien no medita nunca es como el viajero que pretende llegar a un destino que no conoce sin usar mapa, la meditación mantiene nuestro espíritu alerta y nos concede conocer la voluntad de Dios es decir lo que es bueno para nosotros y evitar lo malo, nos concede aspirar a Dios y a sus bienes eternos, si no hallas como hacerlo, piensa en el Cielo, en el día del juicio, en la muerte, o en la pasión y muerte de Nuestro Señor.

Las Sagradas Escrituras nos dan valiosos y cuantiosos ejemplos de la meditación, -vemos a Jesús retirarse al desierto a orar.

– vemos como el pueblo Judío liberado de Egipto fue llevado por Dios al desierto.

-Al profeta Elías Dios lo condujo al monte Horeb

-San Juan Bautista ,. se convirtió en profeta y precursor en la soledad del desierto

– De la Virgen María se dice que guardaba en su corazón y meditaba todos los mensajes que Dios le daba.

Retirarse al desierto o al monte, no es mas que entrar en la soledad de tus aposentos y tener experiencia de Dios desde el interior de tu corazón a través de la meditación.

6.- La súplica constante a la Madre que socorre con misericordia y diligencia, la Santísima Virgen María, que por medio del Santo Rosario, repara los ropajes rotos y protege en el desamparo.

7.- Queriendo aprender el valor y los frutos del Sacrificio, por la paulatina metodología del ayuno, que va enseñando a gobernarse, privarse, sacrificarse y querer padecer por amor con Jesús.         

Pbro. Patricio Romero