Deseo invitarlos a la oración y al abandono total a Dios

Deseo invitarlos a la oración y al abandono total a Dios

14 de septiembre de 2022 0 Por admin

Iniciamos una Novena trascendente de todos los devotos de la Reina de la Paz


La alegría del cielo ha llegado nuevamente a nuestros corazones, Madre nuestra, Madre Virgen y Santa, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, ya que tu presencia en Medjugorje inunda nuestras capacidades humanas, nuestros sentidos, nuestra mente y nuestra alma del resplandor del Señor. Tu tienes, Madre nuestra, esa plenitud de gracia que te concede el Padre del cielo, con el poder del Espíritu Santo, por tu Maternidad del Hijo de Dios, nuestro Redentor, que en tu vientre virginal, rasguñó, como dice San Bernardo, la humanidad que abraza plenamente, como propia naturaleza   sin abandonar su naturaleza divina. Es por eso que por la comunión de voluntades, en la unión de los Sagrados Corazones, Madre y Reina,  recoges y reúnes en tus brazos, todo lo que te concede el cielo, para sustentar a tus pequeños hijos, y aproximarlos, desde la colina de las Apariciones, al esplendor de vida, santidad y gloria de tu Hijo y Señor nuestro Jesús.

Nos has despertado de nuestra tibieza, apegos desordenados y heridas de iniquidad, para renovarnos en las aguas bautismales, revestirnos interiormente en el ropaje de la gracia y nutrirnos del sustento celestial que nos llena del Amor de Dios.

En estos 41 años, miles han sido los que se han aproximado, no necesariamente de modo físico, al Monte de las Apariciones en Medjugorje, pero si al Monte del camino de conversión, fervor y santidad,  por tus mensajes, enseñanzas y milagros, que nos comparten los apóstoles del Reinado de tu Inmaculado Corazón. La vida se nos ha transformado, se ha iluminado nuestra mente, sanado el corazón y el alma se ha encontrado con la verdadera paz que solo Jesús puede dar.

 Podemos afirmar, Madre, que nos has aproximado, en este caminar de la Escuela de Santidad de tu Corazón Inmaculado, a la renovación en el Espíritu de Dios, en la fe, esperanza y caridad,  en una vida nueva que pone toda su vida en Dios para no necesitar de nada más.

Durante un tiempo he sido testigo de como el Señor ha realizado estos milagros de verdadera sanación, en tantas familias que en torno a tus mensajes y el santo rosario, se reencuentran con la Iglesia, la Eucaristía y los sacramentos,  el evangelio, la penitencia y el valor del sacrificio generoso por la salvación y el verdadero bien común e integral del hogar.

Pero aveces, a pesar de tantas señales, no salimos de nuestro letargo.

 Recuerdo, como antes de la pandemia, fui a buscar una de las imágenes peregrinas a la casa de un amigo muy cercano. Se notaba que la imagen había sido acompañada por flores, en una mesa de pasillo, pero no revestida de la presencia orante de la familia. La televisión, las reuniones, los banquetes, las distracciones, etc., habían puesto en primer lugar,  los afanes habituales. La Gospa fue solo una presencia acogida de forma cariñosa al principio, pero no escuchada el resto de los días.

 Al tomar la imagen, para entregarla, me hizo una petición el dueño de casa: pídele que me quite en dolor de mis enfermedades lumbares.

 Sobre la marcha le comenté que esa imagen, como otras, había estado en el Oratorio de la Vidente Marija, donde las habían llevado Nancy y Patric, quienes también habían rezado ante estas pequeñas imágenes, puesto que  querían que la Gospa abrazara, en su  Corazón Materno, a todas las familias que rezarían con los mensajes de la Reina de la Paz. Y agregue: “Y Patric, esposo de Nancy, también sufre fuertes dolores lumbares”.

  Y preguntó el padre y esposo de la familia: ¿Y se mejoró…?.

 Sanación física no se si tuvo-respondí-, pero el corazón de Patrick y de Nancy están llenos de salud del alma, e inundados de las alegrías del Señor que les concede la Reina de la Paz, ya que pasan muchas horas de rodillas, ante la Madre del Señor.

Mi amigo y dueño de casa se remeció mirando la imagen diciendo: “Es evidente, entonces, que la Virgen María  se está apareciendo en ese lugar…”, y de una mirada cordial paso a una actitud de recogimiento, reflexión y paz, agregando: “y ha venido también a mi hogar para orar con mi familia”.

Queridos hermanos, dijo la Reina de la Paz, en el Mensaje del 25 de Febrero de 1988: “¡Queridos hijos! También hoy deseo invitarlos a la oración y al abandono total a Dios. Ustedes saben que Yo los amo y es por amor que he venido aquí, para mostrarles el camino de la paz y la salvación de sus almas.”

Dejemos todos nuestros afanes innecesarios y en estos nueve días recojámonos en oración y gozosos sacrificios, para conocer en nuestras vidas las frutos que el Señor quiere en nuestras vidas y que en estos 41 años, nos los ha mostrado y resumido en Medjugorje, con nuestra Madre la Reina de la Paz.


¡María, Madre de Dios y Madre nuestra, Reina de la Paz! 

Tú viniste a nosotros para llevarnos a Dios. 

Alcánzanos la gracia de no sólo decir: 

¡Hágase en mí según Tu voluntad!, 

sino vivirla tal como Tú lo hiciste. 

Ponemos en Tus manos nuestras manos, 

a fin de que puedas conducirnos a Jesús 

en medio de todas las aflicciones y pesares. 

Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.


Atte. Padre Patricio Romero