Conversión

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19 de febrero de 2021 0 Por admin

Él se levantó y lo siguió


San Lucas 5, 27-32

Y después de esto salió, y vio a un publicano, llamado Leví, sentado en la oficina de los impuestos, y le dijo: «Sígueme»: Y levantándose, dejó todas sus cosas, y le siguió. Y le hizo Leví un gran banquete en su casa, y asistió a él un grande número de publicanos y de otros que estaban sentados con ellos a la mesa. Y los fariseos y los escribas de ellos murmuraban, diciendo a los discípulos de El: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?» Y respondiendo Jesús, les dijo: «Los sanos no necesitan de médico, sino los que están enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia». 

 Jesús no excluye a nadie de su amistad. Es más, precisamente mientras se encuentra sentado a la mesa en la casa de Mateo-Leví, respondiendo a los que se escandalizaban porque frecuentaba compañías poco recomendables, pronuncia la importante declaración:  «No necesitan médico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mc 2, 17). 

La buena nueva del Evangelio consiste precisamente en que Dios ofrece su gracia al pecador. En la famosa parábola del fariseo y el publicano que subieron al templo a orar, Jesús llega a poner a un publicano anónimo como ejemplo de humilde confianza en la misericordia divina:  mientras el fariseo hacía alarde de su perfección moral, «el publicano (…) no se atrevía ni a elevar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo:  «¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!»». Y Jesús comenta:  «Os digo que este bajó a su casa justificado y aquel no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado» (Lc 18, 13-14). 

Los Evangelios nos presentan una auténtica paradoja:  quien se encuentra aparentemente más lejos de la santidad puede convertirse incluso en un modelo de acogida de la misericordia de Dios, permitiéndole mostrar sus maravillosos efectos en su existencia.

Hay otra reflexión que surge de la narración evangélica:  Levi responde inmediatamente a la llamada de Jesús:  «Él se levantó y lo siguió». La concisión de la frase subraya claramente la prontitud de la respuesta a la llamada. Esto implicaba para él abandonarlo todo, en especial una fuente de ingresos segura, aunque a menudo injusta y deshonrosa. Evidentemente el cobrador de impuesto comprendió que la familiaridad con Jesús no le permitía seguir realizando actividades desaprobadas por Dios. 

Jesucristo empleaba todo género de medios para obtener la salvación de los hombres; y así no sólo disputaba, y curaba las enfermedades, sino que también reprendía a los que tenían envidia. Y aun cuando estaba comiendo, corregía también los errores de alguno; enseñándonos así que cualquier ocupación y cualquier tiempo puede sernos útil. Ni evitó la sociedad de los publicanos, por la utilidad que seguiría; como un médico que no curaría la enfermedad si no tocase la llaga.


Mensaje, 25 de febrero de 1987

“¡Queridos hijos! Hoy deseo envolverlos con mi manto y conducirlos a todos hacia el camino de la conversión. Queridos hijos, les ruego, entreguen al Señor todo su pasado, todo el mal que se ha acumulado en sus corazones. Yo deseo que cada uno de ustedes sea feliz, pero con el pecado nadie puede serlo. Por tanto, queridos hijos, oren y en la oración, ustedes conocerán el nuevo camino del gozo. El gozo se manifestará en sus corazones y así podrán ser testigos gozosos de lo que Yo y mi Hijo deseamos de cada uno de ustedes. Yo los bendigo. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


“Cada nuevo día María nos llama y nos hace una nueva invitación a la conversión y convertirse significa volverse a Dios, apartarse del mundo y, del mismo modo como con cada amanecer desaparece la oscuridad de la noche, así también debe reafirmarse nuestra decisión diaria de volvernos a Dios.”

“Cuando María nos llama a tomar el camino de la salvación, esto significa,  apartarse del camino de la mentira y la destrucción y emprender un nuevo camino. Jesús es la Verdad Absoluta, El es el Camino, la Verdad y la Vida y El es la Salvación. Por eso, retornar al camino y a la verdad significa de hecho regresar a Jesús. Vemos, pues, dos dimensiones en la conversión — apartarnos, por un lado, del pecado y los malos hábitos y, por el otro, volvernos a Dios. Cuando nos volvemos a Dios, crecemos en la verdad y somos sanados.” (Fray Slavko,  Medjugorje, Septiembre 26, 1998)