Consagración a María Reina de la Paz

Consagración a María Reina de la Paz

11 de enero de 2021 Desactivado Por admin

Esclavitud de Amor a María 1


Al Reino de Cristo por medio de la  Consagración  a María Reina de la Paz

Le invito, humildemente,  a renovar nuestra Consagración para vivir en plenitud la alegría de la Escuela del Amor Materno de María Reina de la Paz o a Consagrarse por primera vez al Inmaculado Corazón de María. Espero acepte esta invitación.

 La finalidad de la perfecta consagración a María coincide con la finalidad misma de la vida cristiana: nuestra perfecta configuración con Jesucristo. No podía ser de otra manera, ya que María no solamente no constituye un obstáculo, sino que, por el contrario, es el camino más corto y expeditivo para llegar a Jesús y por El al Padre. (R. P. Antonio Royo Marín)

“Jesucristo ha dado más gloria a Dios, su Padre, por la sumisión que ha tenido a María durante treinta años, que la que le hubiera proporcionado convirtiendo al mundo entero por obra de sus mayores maravillas. ¡Oh, cuán altamente se glorifica a Dios desde el momento en que para complacerlo se somete uno a María, a imitación de Jesucristo, nuestro único modelo!” (Tratado de la V.D., 18)

“El entregarse así a Jesús por María es imitar a Dios Padre, que no nos ha dado a Jesús sino por María, y que no nos comunica sus gracias sino por María; es imitar a Dios Hijo, que no ha venido a nosotros sino por María, y como nos ha dado ejemplo para que según hizo Él hagamos nosotros, nos ha invitado a ir a Él por el mismo camino que Él ha venido, que es María; es imitar al Espíritu Santo, que no nos comunica sus gracias y dones, sino por María «¿No es justo, dice San Bernardo, que vuelva la gracia a su Autor por el mismo canal por donde se nos ha transmitido?” (Secreto de María 35)


Veni Creator Spíritus

Ven, Espíritu Creador,

visita las almas de tus fieles

llena con tu divina gracia,

los corazones que creaste.

Tú, a quien llamamos Paráclito,

don de Dios Altísimo,

fuente viva, fuego,

caridad y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;

Tú, dedo de la diestra del Padre; 

Tú, fiel promesa del Padre;

que inspiras nuestras palabras.

Ilumina nuestros sentidos;

infunde tu amor en nuestros corazones;

y, con tu perpetuo auxilio,

fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.

Aleja de nosotros al enemigo,

danos pronto la paz,

sé nuestro director y nuestro guía,

para que evitemos todo mal.

Por ti conozcamos al Padre,

al Hijo revélanos también;

Creamos en ti, su Espíritu,

por los siglos de los siglos

Gloria a Dios Padre,

y al Hijo que resucitó,

y al Espíritu Consolador,

por los siglos de los siglos. Amén.


INTRODUCCIÓN

   ¡Consagrarse!

San Mateo 11, 28

“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.”


Mensaje, 17 de mayo de 1984

“¡Queridos hijos! Hoy estoy muy feliz porque hay muchos de ustedes que desean consagrarse a Mí. Les doy las gracias! No se han equivocado. Mi hijo Jesucristo desea concederles -a través de Mí- gracias particulares. Mi Hijo está contento por su consagración a Mí. Gracias a todos los que han respondido a mi llamado! ”


Nos cansamos todos, porque somos mortales que llevamos en vasos de barro tantas angustias que nos procuran los afanes temporales y las propias debilidades. Pero si reconocemos que somos vasos frágiles, en la solida base de un corazón que en vez de revelarse, se hace humilde, nos desplegamos en los espacios de la caridad del Señor y seremos consolados por su misericordia. Por eso dice el Señor: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados», para que no nos cansemos y entreguemos toda nuestra vida, lo que somos y tenemos en quien de verdad es para nosotros descanso, paz y consuelo.

Es evidente entonces, para los corazones que han sido convocados como niños sedientos del sustento del amor del hogar, el mandato y el sentido de la afirmación que hizo Jesús en:


 San Juan 19, 27

“…«Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.”

San Juan 2, 5

“Su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga»”

Dice San Luis María: “De todas las devociones, la que más conforma y consagra un alma a Jesucristo es la devoción a María, su santísima Madre”

Es la Madre Santísima quien nos introduce en este camino del abandono y la confianza, por medio de la Consagración:


Mensaje, 2 de junio de 2013

“Queridos hijos, en este tiempo sin paz, yo os invito nuevamente a caminar con mi Hijo, a que le sigáis. Conozco vuestros dolores, sufrimientos y dificultades, pero en mi Hijo encontraréis descanso. En Él encontraréis la paz y la salvación. Hijos míos, no olvidéis que mi Hijo os ha redimido con su cruz y os ha dado la posibilidad de ser nuevamente hijos de Dios, para poder llamar de nuevo “Padre” al Padre Celestial. Amad y perdonad, para ser dignos del Padre, porque vuestro Padre es amor y perdón. Orad y ayunad, porque esa es la vía hacia vuestra purificación. Es el camino para conocer y comprender al Padre Celestial. Cuando conozcáis al Padre, comprenderéis que sólo le necesitáis a Él.” (Mirjana señaló a continuación, que la Virgen pronunció la frase siguiente con firmeza y énfasis): “Yo como Madre, quiero a mis hijos en la comunidad de un único pueblo, en el que se escucha y cumple la Palabra de Dios”. (Luego continuó): “Por tanto, hijos míos, comenzad a caminar con mi Hijo, sed uno con Él, sed hijos de Dios. Amad a vuestros pastores, como mi Hijo los amó, cuando los llamó para serviros a vosotros. ¡Os doy las gracias!


Ave Maris Stella

Salve Estrella del mar, Santa Madre de Dios

y siempre Virgen, feliz Puerta del cielo.

Tú que has recibido el saludo de Gabriel,

y has cambiado el nombre de Eva,

establécenos en la paz.

Rompe las ataduras de los pecadores,

da luz a los ciegos, aleja de nosotros los males

y alcánzanos todos los bienes.

Muestra que eres Madre: reciba nuestras súplicas

por medio de Ti, Aquél que, naciendo por nosotros,

aceptó ser Hijo tuyo.

¡Oh, Virgen incomparable! ¡Amable como ninguna!

Haz que, libres de nuestras culpas,

permanezcamos humildes y castos.

Danos una vida limpia,

prepáranos un camino seguro; para que,

viendo a Jesús, nos alegremos eternamente contigo.

Demos alabanza a Dios Padre,

gloria a Cristo Soberano y también al Santo Espíritu,

a los Tres un mismo honor. Amén


Día 1 

LAS BIENAVENTURANZAS

San Mateo 5, 1-12

“Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos;  y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

 «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.  Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.  Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.  Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.  Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.  Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.  Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.  Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.  Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.  Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.”


Mensaje, 25 de septiembre de 1996

“¡Queridos hijos! Hoy los invito a ofrecer sus cruces y sus sufrimientos por mis intenciones. Hijitos, yo soy su Madre y deseo ayudarles obteniendo para ustedes la gracia de Dios. Hijitos, ofrezcan sus sufrimientos como un regalo a Dios, a fin de que se conviertan en una hermosísima flor de alegría. Por so, hijitos, oren para que sean capaces de entender que el sufrimiento puede convertirse en alegría y la cruz en camino de alegría. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”

Todos los hombres, sin excepción, desean la felicidad, la dicha. Pero referente a ella tienen ideas muy distintas; para uno está en la voluptuosidad de los sentidos y la suavidad de la vida; para otro, en la virtud; para otro, en el conocimiento de la verdad. Por eso, el que enseña a todos los hombres, comienza por enderezar a los que se extravían, dirige a los que se encuentran en camino, y acoge a los que llaman a su puerta… Aquel que es «El Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6) endereza, dirige, acoge y comienza por esta palabra: «Dichosos los pobres en el espíritu». (Isaac de Stella)

“Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale” (1 Corintios 1, 27-28). Por este motivo, la Iglesia no tiene miedo de la pobreza, el desprecio, la persecución en una sociedad con frecuencia atraída por el bienestar material y por el poder mundano. San Agustín nos recuerda que “lo que ayuda no es sufrir estos males, sino soportarlos por el nombre de Jesús, no sólo con espíritu sereno, sino incluso con alegría” (De sermone Domini in monte, I, 5,13: CCL 35, 13). (Benedicto XVI)

Las Bienaventuranzas son un nuevo programa de vida para liberarse de los falsos valores del mundo y abrirse a los verdaderos bienes presentes y futuros. Cuando Dios consuela, sacia el hambre de justicia, enjuga las lágrimas de los afligidos, significa que, ademas de recompensar a cada uno de manera sensible, abre el Reino de los Cielos. “Las Bienaventuranzas son la transposición de la cruz y de la resurrección en la existencia de los discípulos” (ibídem). Reflejan la vida del Hijo de Dios que se deja perseguir, despreciar hasta la condena a muerte para dar a los hombres la salvación. (Benedicto XVI) 


Mensaje, 2 de julio de 2012 

“Queridos hijos, de nuevo les pido maternalmente, que se detengan por un momento y reflexionen sobre ustedes mismos y la transitoriedad de su vida terrenal. Por lo tanto, reflexionen sobre la eternidad y la bienaventuranza eterna. Ustedes, ¿qué desean, por cual camino quieren andar? El amor del Padre me envía a ser mediadora para ustedes, para que con amor materno les muestre el camino que conduce a la pureza del alma, del alma no apesadumbrada por el pecado, del alma que conocerá la eternidad. Pido que la luz del amor de mi Hijo los ilumine, que venzan las debilidades y salgan de la miseria. Ustedes son mis hijos y yo los quiero a todos por el camino de la salvación. Por lo tanto, hijos míos, reúnase en torno a mí, para que les ayude a conocer el amor de mi Hijo y, de esta manera, abrirles la puerta de la bienaventuranza eterna. Oren como yo por sus pastores.  Nuevamente les advierto: no los juzguen, porque mi Hijo los ha elegido. ¡Les agradezco! ”


Magnificat

Proclama mi alma

la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios,

mi salvador;

porque ha mirado la humillación

de su esclava.

Desde ahora me felicitarán

todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho

obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

–como lo había prometido a nuestros padres–

en favor de Abrahán

y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo,

y al Espíritu Santo.

Como era en el principio,

ahora y siempre,

por los siglos de los siglos.

Amén.