Al Corazón del Divino Niño Jesús por el Materno Corazón de María Reina de la Paz

Al Corazón del Divino Niño Jesús por el Materno Corazón de María Reina de la Paz

1 de junio de 2022 0 Por admin

Deseo acercarlos más al Corazón de Jesús...


Mensaje, 25 de octubre de 1988

“¡Queridos hijos! Los invito a vivir diariamente los mensajes que Yo les doy, especialmente, queridos hijos, porque deseo acercarlos más al Corazón de Jesús. Queridos hijos, hoy los invito a la oración dirigida a mi queridos Hijo Jesús, a fin de que cada uno de sus corazones sean de El y además los invito a consagrarse a mi Corazón Inmaculado. Deseo que ustedes se consagren personalmente, como familias y como parroquias, de tal modo que todos ustedes le pertenezcan a Dios a través de mis manos. Por tanto, queridos hijitos, oren para que ustedes puedan comprender la grandeza de este mensaje que les doy. Yo no quiero nada para mí, sino todo por la salvación de sus almas. Satanás es fuerte y, por tanto, queridos hijitos, ustedes, por medio de la oración constante, apriétense fuertemente a mi corazón maternal. Gracias por haber respondido a mi llamado!”


Estar en paz con Dios significa primeramente que Lo amemos, que a partir de este amor por Dios, también confiemos en El y busquemos, descubramos y aceptemos Su voluntad. Pero todos corremos el peligro o tenemos la tentación de querer imponerle nuestra voluntad. Sucede a menudo en nuestras oraciones que no buscamos de hecho la voluntad de Dios para nosotros, sino que, en vez de ello, queramos de Dios lo que pensamos que necesitamos o creemos que es mejor para nosotros. Así pues, puede suceder que una persona ore pero que todas sus oraciones estén en conflicto con o sean una lucha contra la voluntad de Dios. La persona que ora así de hecho está tratando de cambiar la voluntad de Dios más que la suya. La paz viene cuando aceptamos Su voluntad y comenzamos a colaborar con ella. Esta paz no excluye, por supuesto, el sufrimiento, no excluye la cruz. Las cruces o problemas surgen cuando nos inclinamos a acusar a Dios y podemos llegar tan lejos que no podamos perdonarlo y seamos incapaces de aceptar lo que experimentemos en ese momento. Dios quiere nuestra paz y, puesto que Su nombre es Emmanuel, desea estar con nosotros. El quiere ser nuestra fuerza y que nosotros, a partir de Su fortaleza, seamos capaces de sobreponernos en nuestra vida así como de amar y perdonar a los demás, lo cual nos permitirá también vivir en paz con ellos. 

Y aquí, de nuevo debemos estar muy conscientes de que Ella quiere nuestra paz dondequiera y en todo lo que hagamos, debemos anhelar la paz. El problema, sin embargo, es que muy pocos están realmente dispuestos a hacerse de las herramientas para la paz y éstas son: la oración, el encuentro personal con Dios — con Dios que es la paz. El hombre no puede hacer caso omiso de la paz y todo lo que hace es a fin de alcanzarla. La persona que ora, que acude a la Confesión y la Misa, que lee la Biblia, que perdona siempre, lo hace para poder tener paz, porque cuando no perdona, la paz se vuelve imposible. Pero también estamos en peligro –y muchos se pierden aquí– de usar métodos equivocados para obtener la paz. Por ejemplo, cuando alguien consume alcohol o drogas, cuando odia a otro y simplemente se rehusa a perdonar, cuando es injusto o desconfiado o cuando destruye su propia vida y la vida de otros, lo hace siempre con el fin de tener paz. El peligro más grande es cuando usamos los métodos equivocados para [satisfacer] ese deseo en nuestro corazón. Pero Dios nos envía a María a fin de que podamos servirnos de los métodos auténticos para alcanzar la paz. En este camino hacia la paz, nunca debemos olvidar la oración y el ayuno, porque son los métodos más seguros de todos en este sendero. Con la oración y el ayuno, nuestro corazón se vuelve libre para reconocer la voluntad de Dios y aceptarla. También con la oración y el ayuno somos liberados de nuestro orgullo, nuestra autosuficiencia, nuestro egoísmo y todas nuestras demás tendencias negativas. Quien ora y ayuna seguramente tendrá paz y quien tiene paz, desarrollará una nueva relación consigo mismo y con los demás. 

Tener un amigo significa en realidad tener alguien a quien poder abrirle nuestro corazón y con quien simplemente queremos pasar el tiempo. Cuando no amamos o no confiamos en alguien, es imposible abrirle nuestro corazón y tampoco pasar tiempo con él. Es triste, pero muchos católicos no abren su corazón a Dios y no le dedican tiempo a Dios. De ello podemos deducir que no entienden a Dios como Amigo. Si pensamos aquí en la relación dentro de las familias, puede decirse que es muy importante que los padres sean amigos de sus hijos o que durante las crisis de la pubertad, las crisis de la juventud, se hagan amigos de sus hijos. Si esto no sucede, los hijos se cierran a sus padres y buscan amistades fuera de casa, y esto fácilmente puede resultar muy peligroso. Dios quiere ser nuestro Amigo y en un momento dado, Jesús dijo a los Apóstoles: “Ya no os llamo siervos, sino amigos.” Los amigos saben lo que hace el uno y el otro, así también Dios quiere ser nuestro Amigo, mostrándose a nosotros por completo. También espera de nosotros que aceptemos Su amistad y nos hagamos amigos Suyos. Sólo podemos agradecer a Dios que tantas personas se hayan vuelto amigas de Dios aquí en Medjugorje y el primer signo de esto es que comenzaron a orar. ¿Cuántos han aceptado y respondido a los impulsos para acudir a la Confesión, la Misa, la Adoración? Es una gracia de Dios y María ora continuamente por ello cuando, por ejemplo, junto con Mirjana pide por los no creyentes el día 2 de cada mes. 


Padre Slavko Barbaric,  Junio 28 de 1997

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