¡Nos visitará el Sol que nace de lo Alto!

¡Nos visitará el Sol que nace de lo Alto!

23 de diciembre de 2020 0 Por admin

Novena litúrgica.

Nueve días para preparar el pesebre en nuestro corazón.

VEN SEÑOR JESÚS 


Día 9   ¡Nos visitará el Sol que nace de lo Alto!

Dice el libro de Isaias (45, 8): “Envíen los cielos el rocío de lo alto, y las nubes derramen la justicia. Abrase la tierra y brote el Salvador”.   Con confianza te imploramos, Señor, que cuanto más se acerca el alegre día de la salvación, tanto más se acreciente nuestro fervor para celebrar dignamente el misterio del nacimiento de tu Hijo. Amén.


Leamos el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 67-79:

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:

«“Bendito sea el Señor, Dios de Israel”,

porque ha visitado y “redimido a su pueblo”,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la “misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza”

y “el juramento que juró a nuestro padre Abrahán” para concedernos

que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante “del Señor a preparar sus caminos”,

anunciando a su pueblo la salvación

por el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».


Reflexionemos: Zacarías glorifica al Señor porque ha hecho que le sirvamos con plena confianza, no carnalmente, como Judea con la sangre de las víctimas, sino espiritualmente con las buenas obras. Y esto es lo que da a entender cuando dice: «Con verdadera santidad y justicia», porque la santidad perfecta consiste en ser justo delante de Dios, y la justicia en serlo delante de los hombres. Tal es el que cumple de una manera reverente todo lo que se refiere a los hombres. Dice, pues, no en presencia de los hombres, como los hipócritas -que son los que quieren agradarlos- sino de Dios (Rom 2,29), y esto no sólo una vez ni por tiempo determinado, sino en todos los días y por todo el tiempo que viven. Por lo cual dice: «Todos los días de nuestra vida”. (San Juan Crisóstomo)

Porque,  como dice san Juan:  En esto hemos conocido la caridad de Dios,  en que puso él su vida por nosotros.  1 Jn 3,  16. Se manifestó,  pues,  el amor de Dios,  y se manifestó a todos,  ómnibus hominibus.  Pero ¿por qué después no le han conocido todos,  y todavía hay tantos que no le conocen?  El mismo Jesucristo da la razón:  Porque los hombres amaron más la tinieblas que la luz. Jn. 3, 19.  No le han conocido ni conocen,  porque no quieren,  estimando en más las tinieblas del pecado,  que la luz de la gracia. 

Procuremos no ser del número de estos infelices.  Si hasta aquí hemos cerrado los ojos a la luz,  pensando poco en el amor de Jesucristo,  procuremos en los días que nos restan de vida tener siempre delante la vista las penas y la muerte de nuestro Redentor,  para amar a quién tanto nos ha amado,  “aguardando entre tanto la esperanza bienaventurada y el advenimiento glorioso del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo”. (San Alfonso Mª Ligorio)


La Reina de la Paz nos llama:

“¡Queridos hijos! Hoy quisiera envolverlos con mi manto y guiarlos por el camino de la santidad. Yo los amo y por eso deseo que ustedes sean santos. No quiero que Satanás los obstaculice en este camino. Queridos hijos, oren y acepten todo lo que Dios les presenta en este camino, que es doloroso. Pero a quien comience a recorrerlo, Dios le revelará toda la dulzura de modo que pueda responder a cada llamado Suyo. No den importancia a las pequeñas cosas sino que aspiren al Cielo y a la santidad. Gracias por haber respondido a mi llamado!”  (Mensaje, 25 de Julio de 1987)


Oremos con el Padre Slavko:

“Dios, Padre nuestro, gracias porque Tú eres nuestro Padre y porque nos has llamado a ser Tus hijos. Gracias porque nos has revelado Tu amor por medio de Jesucristo, Tu Hijo, que se hizo hombre. Te alabamos por la misericordia que nos has mostrado en El. Te damos gracias porque nos has prometido enviarnos a Tu Espíritu Santo y especialmente por habernos enviado a María para que pueda guiarnos en este tiempo de gracia. Te pedimos, oh Dios, Padre nuestro, que abras nuestros corazones y nos liberes de todo lo que nos cierra a Ti. Danos la gracia de regocijarnos con Tu Palabra. Danos la gracia de poder entenderla y aceptar Tu voluntad sin miedo. (Fray Slavko Barbaric, 27 de Noviembre 1997)


Credo (1), Padre Nuestro, Ave María y Gloria (7 veces).